La espectacular tumba de Antíoco I Theos en la cumbre del Monte Nemrut

Vista general de una de las terrazas del monte Nemrut / foto Shutterstock

Uno de los rincones más atractivos de Turquía suele quedar fuera de los circuitos turísticos -al menos de los habituales entre turistas españoles-, probablemente porque se encuentra demasiado al interior, lejos de las rutas de los touroperadores, que se centran en Estambul, las costas egea y mediterránea, y las regiones de Mármara y Capadocia. Se trata del Monte Nemrut, ubicado en la provincia de Adıyaman, al sureste del país, una montaña de la cordillera del Cáucaso en cuya cima hay una tumba bimilenaria rodeada de impresionantes restos escultóricos que desde 1987 se han hecho acreedores de la catalogación de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Aunque no es difícil llegar desde la ciudad más cercana, Adıyaman, tanto por carretera (hay autobuses) como por aire (se operan excursiones en helicóptero), por cuenta propia o en viajes organizados (algunos incluso nocturnos) desde las vecinas Malatya o Kahta, a unos cuarenta kilómetros, la mayoría de las visitas se concentran en las estaciones de primavera y verano a causa del intenso frío que se puede registrar. Al fin y al cabo, hablamos de alta montaña, con una cota de 2.150 metros de altitud integrada en el llamado Altiplano Armenio: un extremo de la Meseta Transcaucasiana cuyo techo es el famoso Monte Ararat (5.165 metros), aquel en el que la tradición sitúa el pecio del Arca de Noé.

Una de las terrazas de la cima con estatuas decapitadas y el túmulo central detrás/Foto: Karl-Peter Simon en Wikimedia Commons

Los arqueólogos llevan excavando en la cumbre del Nemrut desde que en 1881 el ingeniero alemán Karl Sester trabajase allí en la apertura de vías de transporte para el Imperio Otomano. Sin embargo, la tumba en cuestión no se ha podido encontrar a pesar de que los especialistas están convencidos de que ha de hallarse allí y este interés no es gratuito, pues se supone que estamos hablando del enterramiento de un personaje destacado de la Historia del país. No del célebre Nimrod, como pudiera parecer, sino del rey Antíoco I.

El fabuloso espectáculo que hay en la cima/Foto: Zhengan en Wikimedia Commons

El primero le da nombre (Nemrut es una derivación cacofónica) desde la Edad Media por la Historia de Armenia que escribió Moisés de Corenne en el siglo V d.C., según la cual el patriarca de esa nación y fundador de la dinastía Haikazuni, Haik, mató de un flechazo al titán Bel en un paso de montaña cuando éste iba a la cabeza de un ejército para someter su rebelión. En ese relato, a Bel se le identifica indistintamente con el dios Baal y la diosa Belit pero también con Nimrod, el impío monarca mesopotámico carne de multitud leyendas como la que le atribuye haber construido la Torre de Babel. La muerte de Nimrod se habría producido cerca del lago Van, una masa de agua situada en el extremo oriental de Turquía formada en el Pleistoceno a causa de las coladas de lava del volcán Nemrut Dagi, que ya está inactivo pero aún conserva su caldera y parte del cono.

En cuanto a Antíoco I Theos Dikaios Epífanes Filorhomaios Filoheleno, que tal sería el nombre completo del más conocido como Antíoco I, fue el soberano de Comagene, un reino armenio del Período Helenístico con capital en Sasómata que había pasado por manos de hititas, aqueménidas, seleúcidas y macedonios. Antíoco, hijo de Mitrídates I Calinico y la princesa greco-siria Laodice VII Thea (que fueron los que helenizaron la región), apoyó a Pompeyo durante la guerra contra Mitrídates primero y en la guerra civil contra Julio César después. Luego se las arregló para mantener la independencia eludiendo la codicia de Marco Antonio hacia su país.

El reino de Comagene/Imagen: Wikimedia Commons

Esta habilidad política le permitió mantenerse en el trono bastante tiempo, desde el año 70 a.C. al 38 a.C. Pero a mediados de ese período ya empezó a preparar el que habría de ser su mausoleo, todo un santuario para cuya ubicación quería algún lugar elevado que tuviera la consideración de tierra sagrada, más cercana a los dioses que a los hombres. La religión que se profesaba en Comagene era un reflejo de su población multiétnica, una variante del mazdeísmo (el culto a Ahura Mazda, el celeste creador no creado que formuló el profeta Zoroastro), pasada por un sincrético tamiz helénico y con aportes astrológicos vinculados a la filosofía esotérica de Hermes Trimegisto que Antíoco estableció como astuta forma de asegurarse la fidelidad popular.

Cabeza representando a Antíoco/Foto: Klearchos Kapoutsis en Wikimedia Commons

Por eso en las enormes estatuas -hasta 9 metros de altura- de piedra caliza que flanqueaban el monumento se distinguen elementos griegos, medos y armenios, representaciones de Zeus y Hércules junto a otras de Mazda y Mitra. También del propio Antíoco y de motivos animales relacionados con el culto, como águilas o leones. Esa fenomenal conjunción de culturas y credos, de facciones griegas por un lado y vestiduras armenias por otro, de divinidades clásicas junto a otras iranias, supondría siglos después caer en manos del fanatismo iconoclasta, fruto del cual fueron decapitadas todas las estatuas y rotas las facciones, ensañándose especialmente con las narices, si bien es cierto que la dura meteorología tampoco ayuda a la conservación. Hoy en día, esas cabezas están diseminadas por el recinto junto a unas losas con bajorrelieves que, se cree, formaban un friso con los antepasados del rey.

Figuras animales/Foto: Klaus-Peter Simon en Wikimedia Commons

También hay una gran losa con representaciones astronómicas y calendáricas que podría indicar la fecha de inicio de las obras, y representa la conjunción de Júpiter, Mercurio y Marte del 7 de julio del año 62 a.C. Del resto del complejo destaca el túmulo, que tiene 49 metros de alto por 152 de diámetro y que posiblemente se levantara para proteger la tumba de los ladrones, dada la dificultad que tenía excavarlo, aún cuando el sepulcro siga sin aparecer. Es el eje que articula el sitio, ya que las dos terrazas con estatuas se ubican cada una en lados opuestos, enlazadas por un doble pasaje amurallado que abraza el túmulo y que probablemente tenía uso ceremonial, tal como se aprecia en la reconstrucción digital del vídeo adjunto.

En suma, uno de esos rincones que aguardan a ser descubiertos por el gran público, rebosantes de atractivos monumentales, artísticos, históricos y naturales.

Fuentes: Overlanding the Silk Road (Norman Handy)/Nemrud Dagi. Recent archaeological research and conservation activities in the tomb sanctuary on Mount Nemrud (Herman A. G. Brijder)/Early roman rule in Commagene (Michael Alexander Speidel)/Mt. Nemrut National Park/All About Turkey/Turkey Web Guide/Wikipedia