Historia

Kruševo, la república que solo duró diez días tras independizarse del Imperio Otomano

Kruševo, la república que solo duró diez días tras independizarse del Imperio Otomano 5 octubre, 2017

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

Bandera de la República de Krusevo/Imagen: Wikimedia Commons

Ese avispero en agitación casi perenne que son los Balcanes acredita una larga historia de conflictos, guerras, rebeliones y surgimiento de nuevas naciones. No es algo reciente porque ha sido así casi desde siempre debido al valor geoestratégico de la región, puente entre oriente y occidente y, por contra, también muralla entre civilizaciones antagónicas. Uno de los casos más curiosos de todo esto fue la efímera República de Kruševo, proclamada en Macedonia en 1903 y que apenas duró diez días.

Kruševo es una ciudad macedonia, que cambió más de una vez de manos bizantinas a búlgaras y viceversa durante el siglo IX, y que a finales del XIV se anexionaron los serbios, durante un par de décadas, hasta que los otomanos se hicieron con el dominio de toda la zona en 1395. Buena parte de la gente cristiana, ortodoxa fundamentalmente, se concentró en la urbe procedente de múltiples puntos, de manera que Kruševo evolucionó como un enclave muy cosmopolita, con ciudadanos de origen búlgaro, rumano, albanés, griego…

A principios del siglo XX, formando parte de del vilayato de Monastir (los vilayatos o valiatos eran una subdivisión administrativa del Imperio Otomano creada en el último cuarto decimonónico y equiparables a provincias), la población estaba compuesta por unos cinco mil búlgaros, cuatro mil aromunes (etnia de los Balcanes meridionales de origen muy discutido y que habían apoyado la independencia de Grecia) y algo menos de medio centenar de cristianos albaneses. Ése fue el caldo de cultivo para un levantamiento contra el poder del sultán que hoy se conoce como Revuelta de Ilinden.

Mapa de los Balcanes en 1903 indicando los levantamientos/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Tuvo lugar el 3 de agosto de 1903, día de San Elías (de ahí lo de Iliden) dirigido por la OIRM, Organización Interna Revolucionaria de Macedonia, un movimiento fundado en 1893 en Salónica por búlgaros que deseaban independizarse del poder otomano y que se hacían llamar Comité Revolucionario Búlgaro de Macedonia y Adrianópolis, ya que estos dos territorios eran su objetivo (Adrianópolis era la actual Edirne turca). El momento, pensaban, era propicio porque el Imperio Otomano parecía estar en pleno desmoronamiento y surgían nuevos estados en las tierras que antes controlaba: Grecia, Serbia, Bulgaria….En 1902 se sustituyó el nombre por el de Organización Interna Revolucionaria de Macedonia y Adrianópolis, con la aspiración firme de crear una república macedonia libre y al margen de etnias.

El golpe de mano se desató la noche del 2 de agosto en un pequeño pueblo de Monastir (un enclave situado actualmente entre el norte de Grecia y el centro-sur de la República de Macedonia) llamado Smilevo, porque era la localidad natal de uno de los fundadores de la OIRM, Dame Gruev. El terreno montañoso y boscoso ayudó a los rebeldes a imponerse a la superioridad teórica de las tropas turcas, que además de desprevenidas estaban diseminadas en pequeñas guarniciones. Su derrota hizo que en lo sucesivo los otomanos conocieran aquel sitio como la Fortaleza de Hierro.

Dame Gruev con algunos camaradas de armas/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Con el triunfo en Smilevo, los revolucionarios dieron otro paso al día siguiente tomando Kruševo, un objetivo más importante, con ochocientos hombres. Lo primero que hicieron fue proclamar la república homónima y nombrar un gobierno provisional con el profesor Nikola Karev al frente. Karev, nacido en 1877 allí mismo, era el líder local del OIRM y miembro del Partido Social Demócrata de los Trabajadores de Bulgaria. Es decir, un intelectual izquierdista que se perfilaba como un héroe tanto para búlgaros como para macedonios; el tipo de protagonista que se necesitaba en una situación como aquella.

Fue Karev quien redactó el manifiesto que exhortaba a cristianos y musulmanes a unirse en el nuevo país, consciente de la multiplicidad étnica y religiosa que lo componía (lo que los otomanos denominaban millets). Por eso se eligió un Consejo Republicano compuesto por sesenta miembros, de los que veinte eran aromunes, veinte búlgaros macedonios y otros veinte albaneses, con un órgano ejecutivo, el citado Gobierno Provisional, formado por seis ministros (dos por cada grupo). Inmediatamente se pusieron manos a la obra en una labor legislativa que intentaba abarcar todos los aspectos más urgentes en circunstancias bélicas como la que vivían.

Nikola Karev/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Pero, como suele ocurrir y a despecho del deseo integrador de Karev, afloraron las rivalidades étnicas y las cosas se desmandaron. Los llamados supremistas, búlgaros, que eran mayoría y partidarios de la anexión de Macedonia por Bulgaria, se enfrentaron a los griegos y albaneses, que deseaban una partición. Los supremistas enarbolaron banderas en nombre de Sofía (que curiosamente se desmarcaba del asunto) y cinco sacerdotes ortodoxos griegos fueron linchados por una turba que los acusaba de espías al servicio del Sultán. Luego la violencia se volvió contra los musulmanes de la ciudad, de origen turco y albanés, extendiéndose un estado de terror por las calles. Ahora bien, ése no era el principal problema que asomaba por el horizonte; nadie podía esperar que los otomanos se quedasen de brazos cruzados y era proverbial la contundencia con que solían aplastar ese tipo de insurrecciones.

Pocos días después llegaba a la región un imponente ejército compuesto por ciento sesenta mil hombres de infantería y tres mil setecientos de caballería dispuestos a recuperar la ciudad. Hubo algunos enfrentamientos menores en el entorno de Mečkin Kamen y algunos destacamentos, como el del voivoda Pitu Guli, trataron de resistir en Birino pero, en esencia, bastaron dieciocho mil soldados con su artillería para recuperar Kruševo; fue el 12 de agosto, apenas diez días después, y le prendieron fuego, entre otras atrocidades que hoy recuerda un monumento.

El escuadrón de Pitu Guli/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Las operaciones aún duraron unas jornadas más porque los rebeldes practicaron algunas acciones de guerrilla (descarrilamiento de un tren militar, voladura de un faro) y porque algunas poblaciones se sumaron al alzamiento, como Razlog, Kleisoura, Ohrid, Florina y Kičevo por ejemplo; incluso hubo un conato en Tesalónica, aunque de forma descoordinada y minoritaria. Sin embargo, para el 8 de septiembre los turcos ya habían retomado el dominio sobre la región. Y si bien el número de bajas en combate fue relativamente pequeño, se multiplicó después por la brutal represión, en la que se registraron unos doce mil hogares destruidos, más de cuatro millares y medio de muertos y treinta mil refugiados que huyeron a Bulgaria.

El gobierno de Sofía había tenido que mantenerse al margen ante la amenaza de Serbia, Grecia y Rumanía de apoyar a Turquía si intervenía. En cuanto a las potencias europeas, tendieron a inhibirse; sólo Rusia y Austria-Hungría habían dado el visto bueno a la reacción otomana y a cambio impulsaron el bautizado como Programa Mürzsteg, que establecía fronteras étnicas, indemnizaba a las víctimas y preveía la vigilancia internacional sobre la región.

Activistas búlgaros detenidos por el ejército otomano en Tesalónica/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Karev, por cierto, huyó a Bulgaria y siguió metido en política, muriendo en 1905 durante una nueva incursión por la macedonia otomana (el mismo final que tuvo Dame Gruev). Sus dos hermanos, que también eran activistas, apoyarían al fascismo yugoslavo durante la Segunda Guerra Mundial y fallecerían en campos de concentración aliados a mediados de los años cincuenta.

Por otra parte, en 1908 los Jóvenes Turcos (un partido de corte nacionalista cuyas bases eran estudiantes y militares) asaltaron el poder, depusieron al Sultán e iniciaron una nueva etapa durante la que el Imperio Otomano perdió parcialmente su influencia en los Balcanes y terminó aliándose con Alemania… justo a las puertas de la Primera Guerra Mundial.

Fuentes: Mapping Macedonia. Idea and identity (P. H. Liotta y Cindy R. Jebb)/The macedonians. Their past and present (E. Damianopoulos)/Macedonia and Greece. The struggle to define a new balkan nation (John Shea)/A concise history of Bulgaria (R. J. Crampton)/History of the Balkans (Barbara Jelavich)/Wikipedia

Más artículos de Historia

Send this to a friend