Una necrópolis merovingia en Alemania con restos humanos y equinos, y un extraño anclaje metálico

El guerrero de dos metros / foto ZB

Los arqueólogos que trabajan en las excavaciones previas a la construcción de una carretera de circunvalación entre las localidades de Tisza y Nonnewitz, cerca de la ciudad de Zeitz (en el estado de Sajonia-Anhalt), han descubierto una necrópolis merovingia de 1.400 años de antigüedad.

En total son 15 las tumbas excavadas, tres de las cuales presentan enterramientos de caballos, con restos humanos pertenecientes a la época merovingia, la dinastía de origen germano que gobernó buena parte del centro y oeste de Europa entre los siglos V y VIII hasta que Pipino el Breve destronó al último de sus monarcas, Childerico III, para autoproclamarse rey y fundar la dinastía Carolingia.

En las tumbas aparecieron joyas, cuentas de vidrio de colores, espirales de bronce, tazas, vasos, e incluso una espada y una lanza. Estas armas se hallaron en la tumba de un hombre de unos 30 años que tenía una inusual altura de 2 metros. La espada estaba en su mano izquierda y la lanza en la derecha.

Uno de los enterramientos de caballos / foto ZB

Pero lo más sorprendente es que uno de los enterramientos, correspondiente a una mujer de entre 16 y 18 años de edad, presenta los restos boca abajo, con las manos atadas y una barra de hierro que le atraviesa el pecho, anclando el esqueleto a la tierra.

Los restos de la mujer con la barra metálica en el pecho / foto dpa

Los arqueólogos piensan que posiblemente con ello se quería impedir que la joven regresase de la muerte de alguna manera, una superstición muy común en la época. También apuntan a que es posible que estuviera discapacitada o deformada, que pensasen que tenía algún tipo de habilidad inexplicable y por tanto fuese considerada bruja.

El arqueólogo Dovydas Jurkenas junto a los restos del guerrero / foto Hartmut Krimmer

El anclaje y la disposición boca abajo serían una forma de indicar el camino al alma del difunto. De hecho la cabeza no se encontraba orientada como de costumbre en los enterramientos del período al oeste, sino al este. Ello también podría indicar que la mujer no era de la zona sino que habría llegado de algún lugar lejano y desconocido para quienes la enterraron.

Fuente: Mitteldeutsche Zeitung