Basil Zaharoff, el oscuro intrigante del negocio armamentístico que frustró el submarino de Isaac Peral

Basil Zaharoff en 1928/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

«El Comandante del torpedero submarino entregará al arsenal de la Carraca, bajo inventario, acumuladores, bombas, generadores y demás efectos y material de buque». Éste es el mensaje que recibió el 11 de noviembre de 1890 el marino español Isaac Peral, remitido por el ministro de Marina Antonio Cánovas del Castillo. Con él se ponía fin a su proyecto de desarrollar un submarino de propulsión eléctrica para la Armada, desmontándose el prototipo que se había probado en cuatro simulacros de ataque. Los motivos oficiales aducidos para la cancelación fueron el fracaso en una de las pruebas y la escasa autonomía del barco, aunque hoy sabemos que el más poderoso fue la intervención de un oscuro personaje llamado Basil Zaharoff.

Zaharoff era un comerciante de armas siempre dispuesto a meter baza en cualquier negocio del ramo y, consecuentemente, había intentado comprar a Peral la patente, ya que desde la década anterior su empresa trabajaba en crear su propio submarino sin el resultado apetecido. Gracias a sus contactos, Zaharoff no sólo se enteró del proyecto español sino que tuvo ocasión de ver personalmente los planos y estudios. Pero Peral quería su nave para la Armada y rehusó negociar, con lo que el empresario trató primero de sabotear los ejercicios de demostración y luego, al salir airoso el barco en tres de ellos, se las arregló para convencer a mandos y políticos de que rechazaran el submarino a cambio de proporcionar material bélico y comprar una fábrica de armas española.

Características técnicas del submarino de Isaac Peral/Imagen: Erlenmeyer en Wikimedia Commons

¿Quién era este turbio tiburón de los negocios? Paradójicamente, sus orígenes fueron muy modestos. Nació como Zacharias Basileios en 1849 en la ciudad turca de Muğla (donde se le inscribió con el nombre de Vasil Zaharyas), aunque su familia era griega y había adoptado el apellido durante un exilio en Rusia huyendo de los pogromos que azotaron Constantinopla treinta años antes. A esa ciudad regresaron con el niño, que se crió en la calle ejerciendo trabajos diversos como guía, bombero, cambista… Al ser hijo único, de mayor entró en el negocio de importación y exportación de telas de su tío pero traspasando esporádicamente la línea de la legalidad, lo que le llevó a ser acusado de malversación en Londres, a donde había ido en 1866 a cursar estudios superiores y ahora representaba a la empresa familiar.

De la capital británica se fue -tras pagar una multa- a Atenas. Allí un amigo le puso en contacto con la empresa armamentística Nordenfelt, cuyo representante acababa de dejar el puesto. Zaharoff lo consiguió en 1877, demostrando ser el hombre perfecto para aquella actividad en una época en la que las guerras eran la habitual continuación de la política por otros medios, en palabras del militar prusiano Carl von Clausewitz, y donde los siempre calientes Balcanes seguían siendo un mercado natural para ese nicho económico.

Thorsten Nordenfelt, fundador de la empresa homónima/Foto: sok.riksarkivet.se

Empezó así una meteórica carrera que le llevó a trabajar en muchos sitios, siendo uno de ellos EEUU, donde protagonizó otra de sus trapisondas al hacerse pasar por un príncipe para casarse en 1885 con una rica heredera… hasta que se descubrió que en realidad ya tenía esposa inglesa desde 1872 y fue acusado de bigamia, teniendo que huir del país. Pero esos pintorescos incidentes no cambiaban el hecho de que era un as de las ventas, vendiendo munición y equipamiento militar diverso a todas las grandes potencias.

Fue entonces cuando tuvo su primer contacto con el mundo de los submarinos. Este tipo de barco existía desde hacía décadas e incluso se apuntó el primer hundimiento de un enemigo durante la Guerra de Secesión, pero no dejaba de ser primitivo e inestable (y ésa era la gran ventaja del diseño de Peral, considerado el primer submarino moderno). Nordenfelt estaba trabajando en uno con motor de vapor que la US Navy y otras marinas importantes habían rechazado por inseguro. No obstante, el modelo interesó a Grecia, lo que alarmó a su tradicional adversario, el Imperio Otomano, que se apresuró a adquirir también un par de unidades; la cadena fue continuada por Rusia, que ante eso veía amenazada su posición de fuerza en el Mar Negro. El caso es que, excepto para Zaharoff, fue un mal negocio para todos porque las naves tuvieron que ser retiradas del servicio después de que una de las turcas se desestabilizara y hundiera al disparar un torpedo durante un ensayo (el primero de la Historia que disparaba un sumergible).

El Abdül Hamid, uno de los dos submarinos que Zaharoff vendió a los turcos/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

En 1886 el ingeniero estadounidense Hiram Stevens Maxim presentó un nuevo tipo de ametralladora que funcionaba de forma automática en vez de manual y prometía ser un arma revolucionaria. Un peligro, pues, para el modelo más obsoleto que ofertaba la Nordenfelt; algo que Zaharoff se dispuso a solucionar, primero obstaculizando al personal encargado de hacer una demostración pública en Italia y luego saboteando directamente la ametralladora durante otra exhibición en Viena de la que debía salir la licitación para el ejército austríaco. Incapaz de competir contra aquellas malas artes que se dieron en llamar sarcásticamente el Sistema Zaharoff (sobornos, comisiones, estafas…), en 1888 Maxim decidió aceptar la oferta de unirse a Nordenfelt para formar la Maxim Nordenfelt Guns and Ammunition Company y fabricar su arma con el apoyo de los Rothschild. El dueño, el industrial e inventor sueco Thorsten Nordenfelt, se arruinaría dos años más tarde dejando a sus dos socios solos al frente.

Publicidad de la ametralladora Nordenfelt/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Este affaire de la ametralladora se desarrolló paralelamente al del submarino de Peral que explicamos antes y en el que Zaharoff impidió que la Armada Española contase con un extraordinario avance tecnológico (a costa de hundir la carrera del marino, que decepcionado pidió la baja para dedicarse a la empresa privada). Papel fundamental en ello tuvo la amante que se echó Zaharoff: María del Pilar de Muguiro y Beruete, esposa del duque de Marchena e hija de un banquero muy bien relacionado con lo más granado de la clase política española, entre otras razones porque ella era sobrina de Seguismundo Moret y él primo del rey Alfonso XII. Gracias a esos contactos él convenció al gobierno para tirar abajo el submarino; a cambio, se supone que con comisiones de por medio, adquirió la compañía Euzcalduna, a la que en 1909 rebautizó como The Placencia de las Armas Co. Ltd.

Cómo no, esta empresa pasó a ser proveedora de las fuerzas armadas, a pesar del deficiente material que producía y de las denuncias por corrupción (que acabaron mal para los denunciantes), antecediendo a otras como la Sociedad Española de Construcciones Navales, que se constituyó como filial de Vicker Lts. Ésta, que obtuvo el monopolio en los astilleros de la Armada tras la guerra con EEUU de 1898, era una constructora militar británica que lo mismo hacía buques de guerra (incluyendo submarinos) que cañones y, posteriormente, carros de combate y aeroplanos (la gran pasión de Zaharoff, por cierto). Fue comprada por él e Hiram Maxim tras separarse de Nordenfelt en 1890, por eso el producto estrella de Vickers pasó a ser la ametralladora homónima, que en realidad no era sino una Maxim perfeccionada.

Hiram Maxim con su ametralladora en 1914/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Vickers tuvo un enorme éxito gracias a los conflictos de principios de siglo, como la Guerra Ruso-Japonesa o la carrera armamentística de las potencias europeas ante la tensión internacional que en breve supondría el estallido de la Primera Guerra Mundial. Para entonces Maxim se había jubilado pero Zaharoff siguió enriqueciéndose y además envuelto en un aura de prestigio que le hizo ganar, por ejemplo, la Legión de Honor francesa (obtuvo la nacionalidad en 1913) o el título de baronet británico, en atención a la fortuna invertida en la causa aliada durante la contienda. Al acabar ésta siguió con sus manejos intentando que Grecia se beneficiase del despojo del Imperio Otomano; sin embargo, eran nuevos tiempos y a sus antiguos aliados ya no les hizo gracia que alterase el statu quo impuesto en la región.

Zaharoff con la Gran Cruz de los Caballeros de la Orden del Baño que recibió en 1919/Foto: Henry Makow

En 1924 contrajo matrimonio con su amante española, puesto que ella se había quedado viuda el año anterior y él lo era desde décadas atrás, aunque hacían vida conyugal de facto desde que al duque lo internaron en un sanatorio parisino. El enlace no duró mucho; María del Pilar murió en 1926 y Zaharoff lo hizo en 1936, a los ochenta y siete años de edad. Se rumoreó, probablemente sin fundamento, que el óbito le llegó mientras intrigaba en la Guerra Civil Española.

Fuentes: Men of wealth (John T. Flynn)/Zanies. The world’s greatest eccentrics (Jay Robert Nash)/Isaac Peral. Historia de una frustración/Wikipedia