Tratado de Batman, el único contrato de compraventa de tierras entre colonos y aborígenes australianos

La firma del acuerdo (John Wesley Burtt)/Imagen: The Aboriginal History of Yarra

Los wurundjeri son un pueblo aborigen de Australia cuyas tierras ancestrales se ubicaban en el entorno de la actual ciudad de Melbourne. Vivían en la Prehistoria como cazadores-recolectores y practicaban el nomadismo en función de diversos factores como la estación, la disponibilidad de comida, etc. Fueron ellos los que en 1835 protagonizaron uno de los episodios más curiosos de la historia australiana al vender las tierras de la bahía de Port Phillip, en Nueva Gales del Sur, a un colono blanco. Fue lo que se conoció como Tratado de Batman, por el apellido del comprador, y constituyó el único caso en que se negoció con los nativos la adquisición de terreno en lugar de arrebatárselo sin más.

El recién llegado se llamaba John Batman. Era australiano de nacimiento y pese a su juventud -tenía treinta y cuatro años- había vivido una azarosa existencia. Natural de Parramatta, la segunda ciudad más antigua del país (se fundó en 1788 sobre un antiguo asentamiento de la tribu darog), que hoy ha sido absorbida por Sidney quedando como un suburbio, era descendiente de una familia inglesa emigrada precisamente a Sidney a finales del siglo XVIII. Como tantos otros, John tuvo que salir adelante como pudo y en 1821 se trasladó junto a su hermano Henry a la Tierra de Van Diemen, lo que ahora llamamos Tasmania, para fundar una granja.

Aborígenes wurundjeri/Imagen: Soerfm en Wikimedia Commons

Los hermanos prosperaron y encima ampliaron sus propiedades gracias a la recompensa que les concedieron las autoridades por la captura de un bushranger (los bushranger eran una especie de bandoleros de Sierra Morena en versión Antípodas). Claro que no sólo perseguía forajidos; también aborígenes en la Guerra Negra de 1830, aquella especie de cacería humana que incentivaba el gobierno local y que en la práctica constituyó un auténtico genocidio. Batman, además, se distinguió especialmente en la matanza, apuntándose docenas de muertes en ataques nocturnos a poblados, fruto de los cuales se llevó algunos niños supervivientes porque en su opinión los colonos podían educarlos mejor que las instituciones.

La bahía de Port Phillip/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Así, la hacienda de Batman llegó a superar las 7.000 hectáreas. Ahora bien, buena parte de su superficie era improductiva por la abrupta orografía tasmana y entonces puso sus ojos en una tierra mucho más llana y que conocía por estar cerca del primer lugar al que llegaron sus padres en 1797: la bahía australiana de Port Phillip, dado que se le había negado su primera petición de establecerse en la vecina Western Port. Era el año 1835 y el ambicioso colono dejó escrito en su diario todo un objetivo: fundar un pueblo y una región entera a la que llamaría Batmania. Eso sí, aconsejado por Joseph Gellibrand, que había sido fiscal general en Tasmania y ahora era su socio (habían formado la Port Phillip Association), en lugar de usar la fuerza optó por la negociación con los indígenas.

Retrato de John Batman/Imagen: Poi Australia

De esta forma, la expedición se embarcó en la goleta Rebecca y el 29 de mayo de 1835 fondeó en la bahía con algunos capataces blancos y varios aborígenes tasmanos, explorando los alrededores. Los primeros contactos con los wurundjeri fueron amistosos, con el clásico intercambio de regalos. Unos días después se reunió con los ancianos junto al arroyo Merri para llevar a cabo las conversaciones; resulta curioso que ese lugar se encuentra actualmente en pleno centro urbano de Melbourne. Ambas partes alcanzaron un acuerdo el 6 de junio por el que se le vendían a Batman 600.000 acres (casi 243.000 hectáreas) por el módico precio, recogido en el contrato que redactó el mismo Gellibrand, de 40 mantas, 250 pañuelos, 18 camisas, 4 chaquetas, 4 vestidos, 42 hachas, 130 cuchillos, 62 pares de tijeras, 40 espejos y 68 kilogramos de harina, cantidades que debían pagarse cada año.

El documento ha pasado a la Historia con el nombre de Tratado de Batman, aunque también se lo conoce como Tratado de Dutigulla y Tratado de Melbourne. Pero, si bien es probable que los wurundjeri creyeran que habían hecho un buen negocio, también lo es que no llegaran a comprender del todo que acababan de firmar la cesión de sus tierras: los antropólogos opinan que debieron creer que sólo concedían el uso temporal de la tierra, según una ancestral tradición diplomática denominada tanderrum que, en esencia, consiste en una especie de manifestación ritual de hospitalidad hacia el recién llegado, con intercambio de regalos.

Otra versión de la firma del tratado/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Algo así debió entender también el gobernador Richard Bourke, que declaró inválida la transacción pero no por protección a la tribu sino porque consideraba que la tierra en cuestión pertenecía a la Corona y, de hecho, ya antes se le había denegado a otro colono llamado John Pascoe Fawkner la petición de establecerse. El 10 de octubre de 1835 el Colonial Office (el equivalente al Ministerio de Ultramar español), refrendó la proclamación de Bourke en ese sentido fundamentando su decisión en dos razones: primera, Batman no había negociado en nombre de la Corona sino en el suyo; y segunda, los aborígenes no podían ceder tierras porque no les pertenecían. También se pusieron en duda la veracidad del sitio donde se llegó al acuerdo (que Batman habría situado en una zona lejana para abarcar más terreno) e incluso la autenticidad de las firmas de los ancianos wurundjeri (que en realidad corresponderían a los tasmanos que Batman llevaba consigo), si bien años después un niño que había sido testigo corroboró que no eran falsificaciones.

Copia facsímil del tratado/Imagen: George Serras-NMA en Australian Geographic

La Port Phillip Association recibió 7.000 libras como indemnización por la inversión que había hecho en el barco y en la adquisición de miles de ovejas. Batman se quedó sin su ansiada Batmania, estableciéndose en la colina que lleva su apellido (como infinidad de rincones de la región). Para entonces se había casado con una exconvicta llamada Elizabeth Callaghan con la que tuvo ocho hijos (siete chicas y un varón, aunque éste murió ahogado), pero se distanciaron cuando ella descubrió que él padecía sífilis en un estado lo bastante avanzado como para dejarlo postrado. Así, irónicamente, Batman pasó sus últimos días cuidado por los wurundjeri, falleciendo el 6 de mayo de 1839. Su casa fue expropiada por el gobierno, obligando a la familia a emigrar.

Fuentes: John Batman (1801-1839) (P.L. Brown en Australian Dictionary of Biography)/John Batman. An inside story of the birth of Melbourne (Joy Braybrook)/The native-born. The first white australians (John Neylon Molony)/1835: the founding of Melbourne and the conquest of Australia James Boyce)/Wikipedia