La historia de los Arditi, las tropas de élite italianas de la Primera Guerra Mundial

Asalto de Arditi al Col Moschin en 1918/Imagen: Pinturas de la Gran Guerra

El 9º Reggimento d’Assalto Paracadutisti Col Moschin, una de las fuerzas de élite del ejército italiano, es popularmente conocido como Arditi incursori, que significa «Incursores atrevidos». Pero este apodo no deriva tanto de su capacidad operativa como de su antecedente histórico: un cuerpo de choque creado durante la Primera Guerra Mundial para solventar el estancamiento que producía en el frente la guerra de trincheras y que recibió el nombre de Arditi.

Situémonos en la época. Desde finales de 1914 los frentes tendieron a estabilizarse deteniendo las operaciones ofensivas y convirtiendo el territorio fronterizo entre contendientes, la parte norte de Francia y Bélgica fundamentalmente, en una zona horadada por kilómetros y kilómetros de construcciones defensivas con zanjas, parapetos y alambradas que ningún bando era capaz de superar. Ni los bombardeos artilleros ni el lanzamiento de gases en 1915 ni la aparición de los primeros tanques al año siguiente -aún demasiado primitivos- pudieron impedir aquel empantanamiento de tropas que, en la práctica, provocaba enormes cifras de bajas por enfermedad por las pésimas condiciones higiénicas.

Una trinchera en el frente del Somme, 1916/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

En tales circunstancias y teniendo en cuenta que las cargas masivas a pie de los soldados fracasaban al ser pasto fácil para las ametralladoras, en 1917 el Regio Esercito tuvo la idea de organizar lo que denominaba Reparti d’Assalto, unidades de asalto encargadas de allanar el camino para abrir paso al grueso de la infantería con acciones sobre puntos concretos. Este contingente adoptó por iniciativa propia el nombre de Arditi porque sus integrantes se reclutaban entre los más valientes de cada regimiento, lo que lleva a situar su origen en otras unidades previas, más pequeñas, que empezaron a operar en 1914 tras las líneas enemigas, a la manera de comandos, si bien solían desempeñar labores de exploración.

Otro cuerpo que sin duda influyó en la creación de los Arditi fue el de las Compañías de la muerte, encargadas de despejar el terreno de alambradas -cortándolas con cizallas o volándolas- para facilitar los asaltos a gran escala. Dichas compañías tenían su propio y característico uniforme que las identificaba como unidad aparte, aunque cada regimiento contara con la suya. En cualquier caso, el espíritu estaba claro: atacar las trincheras enemigas para abrir paso y resistir en ellas hasta la llegada de los suyos. De hecho, los germanos también tenían su versión: los Stosstruppen, que asimismo debieron servir de modelo.

O la vittoria, o tutti accoppati era su lema, traducible por «O vencemos o morimos todos». Muy ajustado a la realidad, ya que el porcentaje de bajas que registraban era impresionante, muy superior al normal: hasta un treinta por ciento. Gajes del tipo de combate que debían desempeñar, que a menudo les obligaba a prescindir de su fusil en favor de granadas y petardos Thevenot (una bomba de mano de escasa potencia, idónea para lanzar dentro de la misma trinchera), además de pistola y una simple daga; las primeras para arrojar sobre los adversarios y eliminar al grueso de ellos y las otras para la lucha en distancia corta que tendrían que desarrollar en el estrecho espacio de la trinchera con los supervivientes, una vez se hubieran introducido dentro. También solían usar un peto blindado.

Arditi asaltando con granadas una trinchera del Monte Grappa/Imagen: Roads to the Dreat War

Esa singularidad de su oficio hacía que recibieran un entrenamiento especial, no sólo en intensidad sino también en variedad. Aprendían defensa personal, lucha cuerpo a cuerpo con cuchillo y todo lo relativo al uso de granadas de mano, aunque también practicaban con otras armas. En realidad, la mayoría de los Arditi ya eran soldados superiores antes, pues aparte de tener que superar exámenes psicológicos solían proceder de cuerpos como los Bersaglieri y los Alpini, en los que la movilidad requería miembros fuertes y resistentes. El uniforme mismo tenía elementos de ambos, siendo los principales una insignia con llamas (de un color diferente según la unidad), otra con el nudo típico de la casa Saboya y las siglas VE (alusión al rey Vittorio Emanuele III, signos que procedían de una condecoración al valor anterior); lo más sorprendente era que se cubrían con un fez (también de color variable) que en combate se trocaba por un casco.

Pese a las reticencias del alto mando, los Arditi fueron organizados en sentido estricto a mediados de 1917 e integrados en la 48ª División del VIII Cuerpo de Ejército que mandaba el coronel Giuseppe Bassi, quien obtuvo el apoyo decidido del general Francesco Saverio Grazioli. Cada unidad tenía unos cuatrocientos hombres, todos voluntarios, a las órdenes de trece oficiales, sumando un total de dieciocho mil efectivos. Su base inicial se ubicaba en Sdricca di Manzano, una localidad de la provincia italiana de Udine (donde, por cierto, hoy en día se les recuerda con una fiesta cada verano) y no se admitían antecedentes de delincuencia. En general, los Arditi no estaban bien vistos por los demás soldados debido a las prerrogativas de que gozaban.

Arditi de la brigada Bologna mostrando sus cuchillos/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

No está claro dónde fue su bautismo de fuego. Manejando las fechas con amplitud, podría reseñarse la Compagnia volontari esploratori del capitán Cristoforo Baseggio, que resultó completamente destruida en abril de 1916 en el ataque a Monte Osvaldo y fue disuelta un mes después. A Baseggio se le nombra a veces como creador de los Arditi, pero éstos mismos lo negaron en su día y podríamos considerársele uno más entre sus muchos padres. Así, el año de referencia es 1917. Concretamente el 14 de mayo, con el asalto al Monte San Marco por parte de los hombres de Bassi, que fue lo que dio luz verde a la creación del cuerpo y a su entrada en acción como tal el 18 de agosto en el Monte Fratta: dos compañías cruzaron el río Isonzo por sorpresa e hicieron quinientos prisioneros. Tres semanas más tarde otras tres compañías aumentaron la hazaña apresando tres mil austríacos y veintiocho cañones en el Monte San Gabriel.

Ese otoño participaron en la célebre batalla de Caporeto (una grave derrota que provocó la sustitución de Bassi por el general Capello), al igual que exactamente un año más tarde lo hicieron en la de Vittorio Veneto. Sin embargo, su acción más famosa fue en el verano de 1918, durante la batalla del Piave. Librada a la desesperada junto al río homónimo para detener el avance austríaco, terminó con una victoria que supuso un respiro para Italia, alejando la amenaza de invasión que había provocado la derrota en la citada Caporeto. Los Arditi protagonizaron varias incursiones nocturnas entre el enemigo, cruzando a nado hasta la otra orilla para acuchillar soldados contrarios, ganándose el sobrenombre de Caimani del Piave (Caimanes del Piave); los actuales COMSUBIN (Comando Subacquei e Incursori) usan ese reptil como emblema en su recuerdo.

Gabriele D’Annunzio y sus Arditi en Fiume/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

En 1920, terminada la guerra y siendo innecesarios, los Arditi fueron desmovilizados. No obstante, su parafernalia fue adoptada tanto por el régimen de Mussolini como por la milicia antifascista autobautizada Arditi del Popolo; ambos usaron como símbolo la calavera con una daga entre los dientes que ostentaban los soldados. Ahora bien, muchos veteranos, incapaces de readaptarse a la vida civil como pasó en Alemania, se juntaron en la ANAI (Associazione Nazionale Arditi d’Italia) del capitán Mario Carli, un intelectual ex-ardito que apoyó el movimiento del poeta Gabriele D’Anunzio en la ciudad croata de Fiume para crear un estado libre vinculado a Italia. D’Anunzio se autonombró Duce y controló el poder mediante una milicia a la que llamó Arditi; sus miembros vestían camisa negra -luego copiada por Mussolini- y un típico fez del mismo color.

Bandera del Batallón de Arditi dei Popolo de Civitavecchia/Imagen: Flanker en Wikimedia Commons

En 1921 Carli se alejó del protofascismo para colaborar en la fundación del mencionado grupo Arditi del Popolo, de carácter izquierdista radical y republicano. A menudo chocaba con los fascistas en peleas callejeras al grito de «¡A noi!» (¡Por nosotros!) siendo la de Parma de 1922 la más grave, con participación de cientos de personas de ambos bandos y decenas de muertos registrados. Con la subida al poder de Mussolini ese mismo año los Arditi dei Popolo pasaron a ser perseguidos; para entonces, Carli ya los había abandonado y abrazado de nuevo el fascismo.

Fuentes: The Italian Army and the First World War (John Gooch)/La battaglia del solstizio: Piave, Giugno 1918 (Pierluigi Romeo Di Colloredo)/Forze Speciali Italiane-FS-TIER 1 (Silvestri-Angioni)/Italian futurism and the First World War (Selena Daly)/Wikipedia