Cuando los vikingos incautos compraban espadas falsificadas

Vikingos armados / foto Shutterstock

Entre los siglos IX y XI se popularizó en el norte de Europa y en Escandinavia un tipo de espada con una marca de fábrica que le confería un símbolo de calidad, tanto al acero con que estaba hecha como su origen.

Se las denomina espadas Ulfberht porque todas llevan la inscripción +VLFBERHT+ o variantes de la misma, un nombre franco utilizado quizá al principio por un solo fabricante, que luego se perpetuó como marca de calidad.

Estas espadas se sitúan como el puente entre la antigua espada vikinga y la posterior espada medieval caballeresca, y tienen una hoja ancha y plana de una longitud media de 80 centímetros. Se hacían utilizando varias piezas de metales de diferente composición, en un proceso habitualmente denominado acero de Damasco.

Las mejores se hacían a base de acero importado de Asia Central, encontrándose más de 150 ejemplos en yacimientos por todo el norte de Europa, sobre todo en Noruega, e incluso algún ejemplar tan lejano como en Bulgaria.

Espada Ulfberht del siglo X procedente de Schwedt, Alemania / foto Wolfgang Sauber en Wikimedia Commons

El origen de su manufactura se rastrea en Austrasia, la región central del reino franco situada en lo que hoy es la Renania alemana. Los vikingos las consideraban un objeto de gran prestigio, así como un arma fiable y eficaz, razón por la cual se han encontrado tantas en Escandinavia.

Sin embargo, recientes estudios de ejemplares conservados en museos y colecciones privadas revelaron un sorprendente hecho. Muchas de las espadas Ulfberht conservadas son falsas. Están hechas con acero de poca calidad e incluso con hierro y con hasta tres veces menos contenido de carbono, aunque llevan la misma inscripción para confundir o engañar al comprador.

Espadas Ulfberht en el Museo de Bergen, Noruega / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Así, el vikingo que se hacía con una de estas espadas falsificadas era incapaz de distinguirla de una auténtica, ya que a primera vista eran prácticamente idénticas en todo y se forjaban con las más avanzadas técnicas de metalurgia. La diferencia solo se revelaba, fatalmente, en el momento de entrar en combate, cuando al chocar la espada contra otra auténtica la falsa se hacía trizas.

Es por ello que en los yacimientos de batallas han aparecido miles de fragmentos de estas falsificaciones, que fabricaban los artesanos locales en el norte de Europa. Las auténticas Ulfberhts suelen aparecer en el lecho de ríos cercanos a antiguas poblaciones.

Fragmento de espada Ulfberht en el Museo de Nuremberg / foto Torana en Wikimedia Commons

En el siglo XI el suministro de acero centro-asiático a través de Rusia quedó interrumpido, lo que hizo que a partir de ese momento el número de falsificaciones aumentase considerablemente.

Fuentes: Universidad de Hannover / The Guardian / Wikipedia.