Nichiren, el venerable monje budista que se salvó de la muerte gracias a un rayo

La Persecución de Tatsunokuchi/Foto: Buddhastate Journal

Imaginemos la escena porque es digna de película. El escenario, la playa japonesa de Tatsunokuchi; la fecha, 12 de septiembre de 1271; los personajes, un grupo de guardias y funcionarios gubernamentales que escoltan a un monje prisionero. El grupo se detiene en la arena, uno de los soldados saca su katana y la blande sobre el reo para decapitarlo… y entonces, según cuentan las crónicas, apareció en el cielo un enigmático objeto luminoso, «un orbe tan brillante como la Luna», aterrorizando a los presentes hasta el punto de que la ejecución quedó suspendida.

Éste es, probablemente, el episodio más singular de la vida de Nichiren, el fundador de la rama budista homónima y a quien ciertas escuelas que forman parte de ésta consideran diferentes encarnaciones del Buda Original: Shakyamuni o Bodhisattva Jogyo. No está mal para el hijo de una humilde familia de pescadores de la aldea de Kominato, donde nació el 16 de febrero de 1222 recibiendo el nombre de Zenichimaro, que puede traducirse como Sol espléndido o Sol Virtuoso.

El Templo Seicho-ji/Foto: Masanaro88 en Wikimedia Commons

Con once años de edad, Zenichimaro empezó a estudiar budismo en el cercano templo Seicho-ji de la escuela Tendai (una secta mahayana que daba al budismo un carácter metódico, más que doctrinal), adoptando el nombre de Yakuomaro, teniendo como maestro a Dozembo y saliendo ordenado sacerdote a los dieciséis con un nuevo nombre, Zeshō-bō Renchō. En 1239 dejó el cenobio para trasladarse a Kamakura a ampliar sus estudios pero eso no fue más que el inicio de un largo viaje visitando todo Japón para aprender todas las disciplinas.

De hecho, llegó a la conclusión de que el budismo que conocía no era adecuado y se interesó por el zen, muy popular en Kamakura y Kyoto, dos lugares donde residió cierto tiempo. Pero también indagó en el amidismo y el budismo esotérico, el shingon y el risshu. Al final creyó encontrar el camino más acertado en el Sutra del Loto, que constituiría la base de lo que fue el budismo nichiren.

Retrato de Nichiren por Takahashi Yuichi/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Fue entonces cuando trocó su nombre una vez más y se hizo llamar Nichiren (Sol del Loto), regresando al templo Seicho-ji y estableciendo los principios de esa fe para alcanzar la perfección: la necesidad de vencer una serie de obstáculos y demonios obedeciendo la Nam Myoho Rengue Kyo, una ley Suprema o Verdadera. Era consciente de que esto último provocaría roces con las autoridades pero aún así siguió adelante y empezó a predicar en Kamakura, que entonces era la capital extraoficial donde residía el shogún.

Tenía sólo treinta y dos años pero ello no fue óbice para que consiguiera gran cantidad de adeptos, muchos de ellos sacerdotes pero otros laicos y con cierto éxito entre los samurái. En 1253 profetizó la invasión mongola de Japón, capítulo que se materializaría once años más tarde -sin éxito-, así como hambrunas, epidemias y desastres naturales. Para afrontarlos abogaba por el abandono de las otras doctrinas en favor de la suya, que mejoraría moralmente a la sociedad.

Nichiren confinado en Sado/Imagen: Nichiren-Art

Todo ello lo plasmó por escrito en su obra Tratado sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para la paz de la Tierra, publicada en el verano de 1260. Como cabía esperar, no fue bien recibida ni por los monjes de otras disciplinas ni por el gobierno, irritado ante lo que consideraban un cuestionamiento de su labor, por lo que Nichiren empezó a sufrir agresiones y no sólo intelectuales.

Para evitarlas se exilió en la península de Izu, donde permaneció hasta que le concedieron un indulto en 1263. Sin embargo, el señor Tōjō Kagenobu se la tenía jurada y al año siguiente le tendió una emboscada en la que estuvo a punto de asesinarle. Continuaron los problemas, pues, y se agravaron en 1268, cuando se supo que Kublai Khan preparaba una gran flota para invadir Japón después de que sus emisarios fueran rechazados: quince mil guerreros mongoles y chinos, ocho mil coreanos, trescientos barcos, medio millar de naves auxiliares…

La invasión mongola/Imagen: Nichiren-Art

La metereología adversa se encargó de desbaratar aquella operación pero Nichiren había insistido ante las autoridades con su tratado y tras un interrogatorio oficial fue secuestrado de su choza y llevado a la playa para matarlo, tal como contaba al principio. Hay diversas interpretaciones sobre lo que pasó, fundiéndose historia y mito: desde las estrafalarias que hablan de un OVNI a las que creen que no fue más que una metáfora, pasando por la que identifica aquella providencial luz con un rayo atraído por el acero de la espada.

En cualquier caso, ese emblemático incidente se conoce como la Persecución de Tatsunokuchi y constituye un punto de inflexión en la vida del personaje, lo que él denominó el Hosshaku kenpo (algo así como «superar lo transitorio y revelar lo esencial»). Salvó la cabeza pero a cambio fue confinado a la isla de Sado, un rincón perdido en mitad del mar con una dura climatología y unas condiciones precarias que tuvo que soportar durante tres años con nocivos efectos sobre su salud.

Nichiren confinado en Sado/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

También allí ganó devotos, siendo el más sorprendente el de otro rival religioso que también intentó asesinarle sin éxito y cayó finalmente rendido. Tampoco los monjes venidos de todo el país para refutarle dialécticamente en lo que se conoce como el debate de Tsukahara (en alusión al lugar donde se celebró) pudieron derrotarle. Finalmente, se le concedió el indulto en 1274 y pese a la oposición de algunos irreductibles, Nichiren pudo regresar a Kamakura.

Después de entrevistarse de nuevo con el gobierno con motivo de un nuevo intento de invasión mongola, Nichiren decidió retirarse al monte Minobu acompañado de sus discípulos; levantaron el templo Kuon-ji y él se instaló en una sobria cabaña en medio del bosque, escribiendo y recibiendo allí a sus seguidores, muchos de los cuales seguían sufriendo persecución.

La tumba de Nichiren/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Nichiren contaba ya noventa años y, consecuentemente, su estado era delicado, así que se le aconsejó ir a tomar aguas termales. En 1282, efectivamente, dejó Minobu y se acomodó en Musashi. El 13 de octubre de ese año estaba rodeado de sus fieles, leyéndoles sus últimos tratados y recitando el Sutra del Loto, cuando le sorprendió la muerte. Al día siguiente se incineró el cuerpo y su recién nombrado sucesor llevó las cenizas de vuelta al monte Minobu, aunque más tarde se trasladarían al pie del Fuijiyama.

Fuentes: Nichiren. Leader of Buddhist Reformation in Japan (Jack Arden Christensen)/Nichiren Gosho (Sylvain Chamberlain-Nyudo)/History of Japanese Religion (Masaharu Anesaki)/Original Enlightenment and the Transformation of Medieval Japanese Buddhism (Jacqueline Ilyse Stone)/Wikipedia