La utópica Colonia Americana de Jerusalén, el insólito origen del hotel más célebre de la ciudad

Jerusalén en una imagen de American Colony

Si algún lector ha visitado Jerusalén es posible que haya elegido para alojarse el hotel The American Colony. Es uno de los establecimientos legendarios de la ciudad israelí, un lugar ya centenario donde hospedarse con cierto nivel y, sobre todo, con un ambiente que combina aventura e historia, ya que allí pernoctaron ilustres personajes como Lawrence de Arabia, Winston Churchill o, más recientemente, Bob Dylan y Mijail Gorbachov, entre otros.

El hotel se fundó en 1902 porque el barón Ustinov, abuelo del actor Peter Ustinov, no encontraba un acomodo acorde a su condición y gustos para él y sus amigos durante un viaje a Jerusalén. La Colonia Americana -de ahí el nombre- le solucionó el problema abriéndoles las puertas del antiguo palacete de un pachá turco donde tenían su sede. Lo interesante aquí es explicar qué colonia era ésa, con lo cual hay que remontarse unas cuantas décadas aún más atrás, al último tercio del siglo XIX.

Todo empezó con el famoso Gran Incendio de Chicago en 1871, tres días de fuego originados por un accidente tonto (un farol de petróleo caído en un establo donde se celebraba una partida clandestina de naipes) que arrasaron casi por completo aquella urbe, por entonces construida aún de madera en buena parte. Como resultado, unas cien mil personas perdieron sus hogares y entre ellas figuraban Anna y Horatio Spafford, un matrimonio presbiteriano que decidió empezar de nuevo en otro sitio. Y ¿cuál mejor para unos devotos que la Ciudad Santa?

El Gran Incendio de Chicago/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

No se fueron solos sino acompañados de un grupo de dieciséis creyentes (trece adultos y tres niños), a los que la prensa llamó los Overcomers (Los Vencedores). Tenían la idea de fundar una sociedad utópica basada en la fe cristiana y no miraron atrás; de hecho, los Spafford pretendían más bien olvidar ya que, para agravar la tragedia familiar, sus cuatro hijas habían fallecido en un naufragio durante una travesía a Europa, del que únicamente se salvó su madre, cuando intentaban iniciar una nueva vida en el viejo continente (otro hijo posterior murió de escarlatina en 1880).

Horatio y Anna Spafford/Fotos: dominio público en Wikimedia Commons

El caso es que llegaron a Jerusalén en 1881 y se instalaron en una casa de la Ciudad Vieja, junto a la Puerta de Damasco, con Bertha y Grace, otras dos hijas nacidas en 1878 y 1881. La Colonia Americana, como empezó a ser conocida aquella congregación, no era la clásica secta religiosa al uso; admitían nuevos miembros fuera cual fuese su religión y no se dedicaban a hacer proselitismo espiritual sino que aspiraban a llevar una vida como la de las primeras comunidades cristianas, sencilla y dedicada a la caridad hacia los demás. Gracias a ello, se ganaron la confianza de todos los habitantes, ya fueran cristianos, judíos o musulmanes.

En 1894 la Colonia Americana creció de una forma un tanto sorprendente cuando unos setenta suecos residentes en EEUU dejaron el país y se les unieron; resulta curiosa la influencia de aquella comunidad en los escandinavos, derivada del contacto de Anna con la sede de la Iglesia Evangélica Sueca durante una visita a Chicago (era de origen noruego y de soltera se llamaba Anne Tobine Larsen Øglende), porque dos años después llegó un nuevo flujo de medio centenar directamente desde su país natal.

La Colonia americana a finales del siglo XIX/Foto: American Colony Archive Collection

Y eso que las autoridades no les veían con tan buenos ojos. El cónsul estadounidense desconfiaba de su estilo de vida y de su esperanza en la parusía (segunda venida de Cristo). Horatio desde luego no la vería porque la malaria acabó con su vida en 1888, pero podía estar satisfecho de lo logrado porque antes de que acabase el siglo la Colonia Americana ya superaba el centenar y medio de personas.

Tantas eran que se hacía necesario buscarles un acomodo mejor y para ello adquirieron el palacio mencionado antes, ubicado extramuros y parte del cual dedicaron a albergue de peregrinos. Asimismo, desarrollaron una serie de actividades con las que mantener económicamente a la comunidad. Por un lado crearon una auténtica granja (ganado vacuno y porcino, lechería, carnicería, panadería, herrería, carpintería…) y por otro abrieron comercios de venta de piezas arqueológicas, artesanía local y, sobre todo, fotografías.

Jerusalén: la Puerta de Jaffa/Foto: The American Colony

Las fotos estaban hechas por uno de los miembros, Elijah Meyers, que ante el éxito obtenido no tardó en necesitar ayudantes. Muchas de las imágenes vintage de rincones de la historia de Jerusalén que se conservan hoy fueron tomadas en ese contexto y obtuvieron gran demanda entre los arqueólogos. Pero la labor de esos fotógrafos fue aún más allá: en 1915 una plaga de langostas arrasó las cosechas de casi toda Palestina y la siniestra sombra del hambre se cernió sobre el lugar; ese episodio está documentado gráficamente por ellos, a instancias del comandante supremo de Siria y Arabia, Djemel Pachá, en el marco de un proyecto para afrontar el problema.

Grave problema, cabe añadir, pues además había estallado la Primera Guerra Mundial y los aliados sometieron Palestina a bloqueo para aislar a sus ocupantes turcos, que confiscaron todos los víveres disponibles. El papel de la Colonia en esas circunstancias resultó crucial, pues gracias a los envíos de dinero desde América pudo abrir un comedor social, colaborar en hospitales y continuar la enseñanza en escuelas.

Palestina en la I Guerra Mundial /Foto: Library of Congress

Ayudó, claro, el carácter neutral que EEUU mantuvo inicialmente respecto a la contienda. De todas formas, incluso cuando finalmente Washington optó por participar, la Colonia Americana, fiel a su espíritu, no tuvo reparos en atender a los militares turcos cuando los hospitales de este país se vieron desbordados. Al acabar el conflicto también encontró un campo de actuación en los niños que se habían quedado huérfanos por las hostilidades: el orfanato ad hoc sigue vigente hoy en día para niños palestinos y con competencias sanitarias extra.

Sin embargo, no todo fue tan positivo. La Colonia Americana no escapó a las inevitables tensiones internas que hay en todos los grupos y tras superar también la siguiente guerra mundial se disolvió como comunidad a finales de los años cuarenta. Como testimonios materiales quedan su valiosa colección de fotografía, conservada en la Biblioteca del Congreso de Washington, y el hotel.

El hotel en la actualidad/Imagen: The American Colony Hotel

Éste, que había enarbolado una gran sábana a manera de bandera blanca en 1917 para iniciar la tregua que dio paso a la retirada de los otomanos (la sábana, por cierto, se conserva en el Imperial War Museum de Londres), confirmó esa condición de punto de encuentro en 1992 al acoger las conversaciones entre Israel y la OLP que al año siguiente llevaron al Acuerdo de Paz de Oslo.

Fuentes: The American Colony Hotel Jerusalem/American Priestess. The Extraordinary Story of Anna Spafford and the American Colony in Jerusalem (Jane Fletcher Geniesse)/Jerusalem Curiosities (Abraham Ezra Millgram)/Our Jerusalem (Bertha Spafford Vester)/To See A Promised Land. Americans and the Holy Land in the Nineteenth Century (Lester I. Vogel)/Wikipedia