Henenu, el egipcio que abrió una ruta al legendario país de Punt

“Fui enviado a conducir barcos al país de Punt para traer al faraón especias aromáticas que los príncipes del país Rojo recolectan profusamente puesto que entusiasman a todas las naciones. Y partí de la ciudad de Coptos pues Su Santidad ordenó que los hombres armados que debían acompañarme debían ser del sureño país de los Tebanos”.

Éste es un fragmento de la reseña de la expedición que los antiguos egipcios hicieron al país de Punt en palabras de su propio jefe, el noble Henenu (o Henu, o Hannu), dejadas en una inscripción. No se sabe exactamente qué país era ése (también se lo conoce como Opone), del que únicamente tenemos referencias en los jeroglíficos, pero se cree que estaría ubicado en algún punto de la costa africana del océano Índico, probablemente en la actual Somalia, Eritrea o hasta Yemen.

¿Qué interés tenía para los egipcios? Mucho, habida cuenta que se lo consideraba un lugar de gran riqueza que daba pie a relatos fantásticos. Oro, minerales, pieles de león y leopardo (o incluso los animales vivos), plumas de avestruz, marfil, incienso, papiones (a los que se tenía por animales sagrados), madera (un producto muy demandado en Egipto por su escasez) y mil cosas más constituían atractivo de sobra.

La zona donde se ubicaría Punt/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

La fama de Punt como lugar de riqueza llevó al Antiguo Egipto a organizar varios viajes para entablar relaciones comerciales o intentar conquistarlo. La más famosa fue la ordenada por la reina Hatshepsut durante el Imperio Nuevo. Como esta soberana sufrió una damnatio memoriae se ha perdido mucha información acerca de su reinado, pero el bello templo de Deir el-Bahari, que ella mandó construir frente a Tebas, conserva una inscripción que cuenta cómo fue la aventura poniéndola en boca de la propia Hatshepsut:

“Traen muchas maravillas y toda clase de productos típicos de la Tierra de dios a por los que tu majestad les envió: montones de terrones de mirra y árboles de mirra fresca con cepellón, plantados en el patio de ceremonias para ser vistos por todos los dioses…
El jefe de Punt, Palhu, su esposa Aty, sus dos hijos, de su hija y del asno que carga con su esposa…
Cargando pesadamente los barcos con las maravillas del país del Punt: todas las buenas maderas aromáticas de la Tierra del dios, montones de resina de mirra, jóvenes árboles de mirra, ébano, marfil puro, oro verde de Amu, madera de cinamomo, madera-hesyt, incienso-ibemut, incienso, pintura de ojos, monos, babuinos, perros, pieles de pantera del sur, y siervos y sus hijos…”

Estatua de Hatshepsut/Foto: Rob Koopman en Wikimedia Commons

Sin embargo, ya había contactos anteriores. Muy anteriores, de hecho, pues el primero documentado se remonta al 2500 a.C (es decir, aproximadamente un milenio antes), cuando el faraón Sahura, el segundo de la V dinastía y muy abierto a conseguir riquezas de regiones de su entorno (diorita de Kush, turquesa del Sinaí…), envió una expedición que regresó cargada de electrum (aleación de oro y plata), mirra, monos, enanos y maderas exóticas.

En la siguiente dinastía se mantuvo esa línea de explotar recursos de los alrededores y dada la longevidad del faraón, que vivió cerca de noventa años, fueron varios los viajes enviados a Nubia, manteniéndose también el contacto con Punt, de donde regresaría un barco cargado de mercaderías.

Mentuhotep III con la corona del Alto Egipto/Foto: Keith Schengili-Roberts en Wikimedia Commons

Más tarde, a finales del segundo milenio a.C., en pleno Imperio Medio, Mentuhotep III insistió en ese destino con otra expedición de la que, además, tenemos una referencia en Wadi Hammamat, un valle que comunicaba el interior con el litoral desde Tebas al puerto de Qusayr y que siglos después usarían también griegos y romanos; en una de las canteras que jalonan ese corredor hay un petroglifo que es donde se reseña la aventura de Henenu.

Éste era el hermano menor del faraón, quien le había nombrado mayordomo real y gran intendente, en lo que fue un período de bienestar y prosperidad tras el corto reinado de Mentuhotep II, el primogénito de la familia y al que ya había servido. Una etapa que permitió asentar las fronteras egipcias ante las amenazas exteriores y se hizo famoso por sus construcciones arquitectónicas; entre otras, él empezó la del templo de Deir el-Bahari, que Hatshepsut modificaría y concluiría.

Templo de Deir el-Bahari/Foto: Nowic talk en Wikimedia Commons

En este imponente monumento, decía antes, está la inscripción que ella dejó sobre su expedición a Punt. Pero no es la única; hay otra que mandó poner Mentuhotep III y en torno a ella hay cierta confusión al no estar claro si se refieren al mismo protagonista que cita la de de Wadi Hammamat. Mientras la cuestión no se aclare, sólo cabe describir lo que se sabe por los datos de esos textos: que Henenu fue puesto al mando de un contingente de tres mil hombres, que escoltaban a comerciantes y transportistas.

Salieron de la ciudad de Coptos, cruzando el desierto oriental por el citado Wadi Hammamat y llegando a la costa del Mar Rojo, donde se construyó una flota (algo cuestionado por los expertos, dada la escasez maderera). Al parecer, el trayecto hasta allí se hizo en cinco etapas, dando descanso así a soldados y burros, el animal de carga que se usaba entonces:

“A cada hombre di sus raciones: una botella, dos jarros de agua, veinte barras de pan. Los asnos llevaron los frascos. Cuando uno se cansaba, otro lo sustituía. Excavé doce agujeros en el wadi, dos agujeros en Idahet, de veinte cúbitos de ancho y treinta de profundidad. De otro agujero en Idahet de diez cúbitos en cada dirección, brotó agua”.

El Wadi Hammamat/Imagen: Ancient Egypt en Wikimedia Commons

Como se ve, la inscripción habla de la excavación de pozos para buscar agua pero también de la limpieza de canales y de la habilitación de campos de cultivo con vistas a asentar aquella ruta. De hecho, más tarde estas infraestructuras servirían de base para levantar una línea de fortalezas que protegieran la región de enemigos exteriores. Que el octavo año del reinado de Mentuhotep III fue bastante dinámico resulta patente.

La inscripción está deteriorada y falta un fragmento, pero después el relato continúa explicando que llegaron al Gran Verde [sic] y embarcaron gran cantidad de ganado y gacelas, para luego retornar y presentarse con el maravilloso cargamento ante el faraón: “Traje para él todos los productos que encontré en las orillas de Tierra del Dios” dice; la Tierra del Dios era uno de los nombres más poéticos que se le daban a Punt, junto con el de Terrazas del Incienso.

El viaje a Punt/Imagen: History

Se sabe que Henenu también dirigió una expedición específicamente al Wadi Hemmemet con el objetivo de hacer esas obras citadas y, de paso, llevar grandes bloques de piedra para esculpir estatuas; fue esa vez cuando aprovechó para mandar hacer la inscripción sobre el viaje anterior. Asimismo, encabezó campañas militares por los territorios libio y sirio.

En cuanto a lo personal, una estela conservada en Moscú nos revela que Henenu se casó con una mujer llamada Senet pero en ese sentido nada más hay sobre este personaje salvo su tumba, que está en la necrópolis tebana de Deir el-Bahari. El sepulcro mide unos cuarenta metros y a cinco y medio de profundidad se localiza la cámara funeraria, donde se encontró un elegante sarcófago policromado.

Fuentes: Todo lo que debe saber sobre el Antiguo Egipto (Luis González González)/Egipto faraónico. Política, economía y sociedad (Jesús J. Urruela Quesada)/La exploración de África en los textos egipcios. De Sahure a Neco II (Nelson Pierroti en Egiptomanía)/Conciencia de viaje: rutas y laberintos (Rosalía Torrent, Dora Sales y María Luisa Burguera. eds.)/Wikipedia.

Libro recomendado: The Mystery of the Land of Punt Unravelled (Ahmed Ibrahim Awale).