Historia de dos amantes, la novela erótica que daría fama al papa Pío II

Edición miniada/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

«El amor lo conquista todo; cedamos ante el amor». Esta bella frase pertenece a una de las obras literarias más populares del siglo XV, todo un best seller de aquella época de cambio que fue la transición de la Baja Edad Media al Renacimiento.

Me refiero a Historia de duobus amantibus o Historia de dos amantes, que tuvo nada menos que treinta y cinco ediciones antes del año 1500 sin contar el millar de copias manuscritas.

Pero lo realmente curioso de ese texto es no tanto su éxito como su autor; se llamaba Aeneas Sylvius Piccolomini y pasaría a la posteridad con el nombre de Pío II, tras ser elegido Papa.

Eneas Silvio Piccolomini nació en 1405 en Corsignano, un pueblo de la Toscana rebautizado hoy como Pienza y que entonces era uno de los rincones estratégicos de aquel complejo puzzle de alianzas y enemistades que era el norte de Italia.

Su familia tomó parte en ese juego, combatiendo su padre al servicio de los Visconti milaneses. Gracias a ello pudo comprar unas tierras con las que intentar dejar atrás los problemas económicos que les atenazaban desde un tiempo atrás, algo indigno de su sangre nobiliaria.

Eneas sólo era uno más entre muchos hermanos (¡dieciocho!), aunque la mayoría fueron falleciendo y ello le permitió poder desplazarse a Siena para estudiar leyes, si bien luego seguiría en la universidad de Florencia. Tuvo ilustres maestros que le inculcaron el interés por las humanidades, pasando éstas a ser su gran afición de manera que se convirtió en un gran latinista que incluso componía poemas en esa lengua e impartía clases por cuenta propia.

Piccolomini presentando a Leonor de Portugal al emperador Federico III (Pinturicchio)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En 1431 fue contratado como secretario por el obispo Doménico Capranica, al que acompañó al Concilio de Basilea y en otros muchos viajes por Europa: Francfort, Borgoña, Inglaterra, Escocia… siempre ejerciendo labores diplomáticas en diversas cuestiones; entre ellas figuraba especialmente la mediación de conflictos, caso de la Guerra de los Cien Años o el Cisma de Oriente, aunque también intentó alentar un levantamiento escocés contra los ingleses en beneficio de Francia. Gracias a todo ello obtuvo reconocimiento y se le concedieron importantes dádivas.

Tras estar a punto de morir de peste en 1429 se fue a Estrasburgo al servicio del antipapa Félix V, cuya legitimidad había apoyado; en esta ciudad, al igual que había hecho antes en Escocia, engendró con una mujer casada un hijo que apenas sobrevivió más de un año, .

Él mismo reconocería sus muchas aventuras amorosas, tan intensas como efímeras ya que luego le «causaban gran fastidio» según sus propias palabras, y no hay que olvidar que había encaminado su vida hacia la vocación religiosa.

De hecho, luego le contrató el emperador Federico III para negociar su boda con la portuguesa Leonor, medió con los husitas y se le encargó tratar de conciliar a la Sente Sede con el Sacro Imperio Romano Germánico, lo que le hizo ganarse por fin la dignidad sacerdotal; tenía cuarenta años.

El papa Nicolás V, que había sido su compañero de estudios décadas atrás, le nombró obispo de Trieste en 1447 y de Siena dos años después. Luego, en 1456, Calixto III le ascendió al cardenalato en lo que fue una carrera realmente meteórica.

Probablemente ninguno de los dos imaginaba que poco más tarde, en 1458, Eneas sería elegido nuevo pontífice. Fiel a su currículum, continuó su labor conciliadora con los inacabables conflictos políticos italianos mientras, lógicamente, atemperaba sus anteriores posiciones contra el exceso de autoridad de la Santa Sede.

Pío II por Pinturiccio/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En el trono de San Pedro desarrolló una larga labor legisladora con muchas paladas de cal (canonización de San Vicente Ferrer, mediación entre Federico III y el rey húngaro Matías Corvino, fundación de la Universidad de Basilea o la declaración de la esclavitud como un crimen) y algunas de arena (favoreciendo con cargos y riqueza a sus familiares, rebautizando su localidad natal como Pienza en su propio honor u ofreciendo al sultán Mehmet II el Imperio Bizantino a cambio de su conversión al cristianismo, lo que ofendió al aludido y desató una guerra).

Pío II enfermó de fiebres cuando visitaba Ancona, a donde se había desplazado para animar a húngaros y venecianos, aliados contra los turcos, muriendo el 14 de agosto de 1464. Su legado es patente y visible en Corsignano, donde no se limitó a cambiarle el nombre sino que promovió la construcción de numerosos edificios al gusto renacentista.

Para ello contrató a los ilustres arquitectos Bernardo Gambarelli y León Battista Alberti, que erigieron el Duomo -consagrado por Pío II en persona en 1462-, uno de los principales atractivos del lugar junto con el Palazzo Piccolomini. Por ese embellecimiento urbanístico, Pienza forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1994.

El Palazzo Piccolomino de Pienza/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Ahora bien, lo que ha hecho a este papa ganarse un hueco especial en la Historia es su producción literaria previa. Como buen humanista tocó varios géneros, desde la crónica histórica (Historia rerum Federici III imperatoris, Historia Gothorum, Historia Bohemica) a la científica (Cosmographia), pasando por la político-religiosa (Commentarii de gestis Basiliensis Concilii) y la autobiografía (Commentarii rerum memorabilium quae temporibus suis contigerunt, escrita en tercera persona con el pseudónimo Scribe Gobellinus y publicada veinte años después de su óbito).

También la literatura, por supuesto, apartado en el que fue muy aplaudido. Compuso varias comedias y no pocos poemas de tono erótico. La citada Historia de dos amantes (también titulada en España Estoria muy verdadera de dos amantes) se enmarca también en esa línea, algo que a posteriori avergonzó al Papa, quien dijo al respecto: «No déis más importancia al laico que al pontífice; rechazad a Eneas, acoged a Pío».

Sin embargo, la pieza circuló de mano en mano y en 1467 se hizo en Colonia la primera versión impresa, llegando hasta nuestros días llena de modernidad y traducida a múltiples idiomas (al castellano en 1496 por primera vez, influyendo de forma clara en algunas obras como La celestina).

Otra página del libro/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Escrita en Viena en 1444 inspirándose en la Elegia di Madonna Fiammetta de Bocaccio, Historia de dos amantes es una novela epistolar (es decir, narrada en forma de cartas) cuyo argumento transcurre en Siena, contando el amor entre Lucrecia y Euríalo, una mujer noble casada y uno de los hombres del duque de Austria.

Ambos están enamorados entre sí sin percatarse de que se trata de algo recíproco, intentando sincerarse a través de correspondencia. El amor es presentado de forma negativa, como una fuerza engañosa e incontrolable, propia de jóvenes, y que consume a quienes la padecen; por tanto, el tono es didáctico, de ahí que no tenga final feliz.

Curiosamente, algunos estudiosos -no todos- creen que los protagonistas estaban basados en personajes reales: ella sería una hija de Mariano Sozzini (el profesor de leyes que tuvo el joven Eneas en la universidad de Siena) y él Kaspar Schlick, canciller del Sacro Imperio Romano Germánico (durante el mandato de Segismundo de Luxemburgo), quien había sido mecenas del poeta en 1442.

Fuentes: La estoria muy verdadera de dos amantes y El libro de Fiametta (Mita Valvassori)/Teoría y análisis de los discursos literarios (VVAA)/Historias y ficciones. Coloquio sobre la literatura del siglo XV (R. Beltrán, J.L. Canet y J.L Sirera, eds.)/Cintia & Historia de dos amantes (Eneas Silvio Piccolomini; edición de José Manuel Ruiz Vila)/Wikipedia