El acueducto subterráneo de Eupalino, una obra maestra de ingeniería de la Antigüedad

Entrada sur del túnel / foto Ekathimerini

Tras tres años de restauración y la instalación de un sistema de alumbrado, el túnel del acueducto de Eupalino, una de las joyas de la ingeniería antigua, vuelve a abrir al público en la isla griega de Samos.

Samos era, a mediados del siglo VI a.C. una ciudad próspera que se había labrado una alta reputación en el mundo helénico por sus logros culturales. Bajo el gobierno del tirano Polícrates se convirtió en la ciudad-estado más poderosa del Egeo.

En esa época, entre 538 y 522 a.C. se llevaron a cabo las construcciones más destacadas y fastuosas de la isla: el templo de Hera, el palacio luego reaprovechado por Calígula, y el túnel-acueducto de Eupalino.

El comercio y la navegación, así como el poderío militar de Samos, aseguraban su riqueza. Pero le faltaba algo, asegurar el suministro de agua potable a la ciudad. Por eso Polícrates le encargó al ingeniero Eupalino de Megara, que también se ocuparía de la ampliación del puerto y otras obras, la construcción de un túnel que conectase el manantial de Agiade al otro lado del monte Ampelos (o Kastro) con el Pitagoreo (nombre que se da hoy al yacimiento arqueológico de la antigua ciudad y puerto de Samos).

El manantial estaba situado en el extremo oeste de la montaña, por lo que el túnel debía atravesar la montaña de un lado a otro para alcanzar las murallas de la ciudad.

Foto Dominio público en Wikimedia Commons

La canalización debía ser subterránea, pues Polícrates temía que sus enemigos pudiesen rendir la ciudad cortando el abastecimiento de agua si se realizaba en superficie. De esa manera, y manteniendo oculta su entrada en la montaña, se aseguraba por lo menos pornerles las cosas difíciles.

El túnel, cuya construcción se estima que duró entre 8 y 10 años, tiene 1.036 metros de longitud y está considerado como el segundo conocido en la Historia que fue excavado comenzando desde ambos extremos. El primero, del que ya hablamos en un artículo anterior, fue el Túnel de Ezequías en Jerusalén, construído en el año 701 a.C. y que hoy se puede visitar.

Sin embargo, los israelitas no siguieron un enfoque metódico, lo que se refleja en los múltiples errores y correcciones que tuvieron que realizar en la direccionalidad de los túneles. Todo lo contrario que en el caso de Eupalino, quien era un concienzudo y experimentado ingeniero, y halló una brillante solución para hacer coincidir ambos extremos.

Foto Tomisti en Wikimedia Commons

Heródoto, que posiblemente lo visitó unos 100 años después de concluído, afirma en su Historia:

Algo más de lo regular me voy dilatando al hablar de los samios, por parecerme que son a ello acreedores, atendida la magnificencia de tres monumentos, a los cuales no iguala ningún otro de los griegos. Por las entrañas de un monte que tiene 226 metros de altura abrieron una mina o camino subterráneo, al cual hicieron dos bocas o entradas. Empezaron la obra por la parte inferior del monte, y el camino cubierto que allí abrieron tiene de largo siete estadios, ocho pies de alto, y otros tantos de ancho. A lo largo de la mina, excavaron después un conducto de 28 codos de profundidad y de tres pies de anchura, por dentro de la cual corre acanalada en sus arcaduces el agua, que tomada desde una gran fuerte, llega hasta la misma ciudad. El arquitecto de este foso subterráneo, que sirviera de acueducto, fue Eupalino el megarense, hijo de Naustrafo. (Historia, III-60)

El método empleado por Eupalino para hacer coincidir los túneles desde ambos extremos tuvo en cuenta tanto las posibles desviaciones horizontales como verticales, y es ciertamente brillante. Se ha especualdo sobre la posible participación de Pitágoras, natural de Samos, y que en aquellos momentos todavía debía residir en la ciudad, pero no existen pruebas al respecto.

Eupalino calculó primero el posible punto de encuentro de ambas excavaciones, ordenando a los obreros que llegados a él modificasen la dirección de ambos túneles, uno a la izquierda y el otro a la derecha (siguiendo la dirección de avance, en el plano los dos hacia la misma dirección). De ese modo, aun cuando fuesen paralelos y estuviesen a cierta distancia, siempre terminarían convergiendo en un punto.

Secciones horizontal y vertical del túnel / foto FocalPoint en Wikimedia Commons

Pero aun existía el problema de la profundidad, cabía la posibilidad de que uno fuese más profundo que el otro y no se cruzasen. Por ello modificó la altura de ambos de la siguiente manera: el túnel norte mantuvo su suelo horizontal, mientras que el techo iba incrementando progresivamente su altura. En el túnel sur hizo lo contrario, mantuvo la línea del techo horizontal mientras que el nivel del suelo descendía progresivamente. De ese modo ambos túneles iban aumentando su altura hasta el encuentro previsto.

Curiosamente las investigaciones modernas demostraron que este último ajuste no hubiera sido necesario, ya que prácticamente no existía error en la dirección de ambos túneles.

La obra se divide en tres secciones: una canalización de 900 metros de longitud que va desde el manantial hasta la ladera norte de la montaña, el túnel de Eupalinos (1.036 metros) que cruza la montaña a unos 180 metros por debajo de la cumbre, y otra canalización de 500 metros que va de la salida el túnel hasta las antiguas murallas de la ciudad.

Foto Tomisti en Wikimedia Commons

La entrada del túnel en la parte del monte se ocultó excavando en la roca una abertura o acceso de 1,90 metros de altura por 63 centímetros de ancho, que daba acceso a una galería en cuyo fondo se abrieron varios pozos y una cisterna de la que partía el túnel de 1,50 metros de altura. En éste existe, cada 63 metros una señal vertical que lleva inscritos un número y el nombre del responsable de los trabajos en ese sector.

En el fondo del tunel se disponía la canalización hecha de terracota que llegaba hasta la salida sur, y de ahí partían las tuberías hasta las murallas de la ciudad. Desde allí la conducción se dividía en varios canales que abastecían las diferentes fuentes, cuya situación todavía no ha sido hallada por los arqueólogos.

El túnel no tiene prácticamente gradiente, su punto de salida está a la misma altitud que el de entrada, a unos 55 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo la canalización dentro del mismo tiene una profundidad de casi 4 metros a la entrada y de 8,90 metros en la salida. Se calcula que se tuvieron que extraer unas 12.500 toneladas de roca caliza para instalar los 5.000 tubos de arcilla que forman la canalización.

Esquema del túnel / foto Tom M. Apostol

El proyecto fue tan colosal para la época que enseguida alcanzó gran fama. Hay que recordar que en aquel momento los griegos no tenían brújulas ni instrumentos topográficos, y que el primer compendio matemático, el de Euclides, no se escribiría hasta 200 años más tarde.

El acueducto continuó ininterrumpidamente en funcionamiento durante 1.100 años hasta quedar en desuso en el siglo V d.C. En su interior se han encontrado objetos romanos, indicio de que estos lo utilizaron, y también existe un pequeño altar de época bizantina cerca del centro del túnel, ya que sería aprovechado como refugio por los habitantes de Samos en las numerosas incursiones y ataques sufridos.

Entrada norte / foto Dan Hughes

Olvidado y abandonado durante la dominación turca, sería redescubierto a finales del siglo XIX. El arqueólogo francés Victor Guérin excavó en 1853 parte del extremo norte del conducto subterráneo, pero no llegó a entrar al tunel. En 1882 se restaurarían la mitad sur, el conducto norte y una parte del conducto sur, donde construyeron una pequeña estructura que hoy sirve de entrada.

En 1883 Ernst Fabricius, del Instituto Arqueológico Alemán exploró el túnel y publicó su primera descripción, junto a un esquema topográfico del mismo.

Tuvo que pasar un siglo para que el Instituto Arqueológico Alemán pudiera volver a realizar excavaciones en los años 70 del siglo XX, cuando el gobierno griego despejó la entrada sur y cubrió el canal interior para evitar accidentes y que los turistas pudieran visitarlo sin peligro. Desde entonces había permanecido abierta al público tan solo una primera sección de 130 metros, por motivos de seguridad.

Ahora, tras tres años de obras, se ha restaurado el túnel completo y se ha vuelto a abrir al público en su totalidad.

Fuentes: The Tunnel of Eupalinos (Dan Hughes) / Evolution of Water Supply Through the Millennia (Andreas N. Angelakis et al.) / The Tunnel of Eupalinus and the Tunnel Problem of Hero of Alexandria (Alfred Burns) / Eupalinos and His Tunnel (B. L. Van der Waerden) / The Tunnel of Samos (Tom M.Apostol) / Ekathimerini / Wikipedia.