Cuando tres agentes británicos robaron las reservas de diamantes de Ámsterdam ante la invasión alemana

Fotograma de Operation Amsterdam / foto MemorableTV

En 1959 Londres acogió el estreno de una de aquellas películas sobre la Segunda Guerra Mundial que tanto abundaron en las décadas posteriores a ésta.

De producción británica, se titulaba Operation Amsterdam (aquí en España se cambió por El robo del siglo) y estaba dirigida por Michael McCarthy, un cineasta menor que quizá firmó con ella su mejor obra.

Protagonizada por Peter Finch, es la adaptación del libro de David Walker Adventure in diamonds, que narra un poco conocido episodio que ocurrió durante la invasión alemana de los Países Bajos: una operación para llevarse los diamantes que había en la capital holandesa antes de que lo hiciera el enemigo.

En el film, los encargados de llevar a cabo la misión son un experto en gemas, un agente del servicio secreto y un mayor del ejército.

Los tres correspondían al trío que realmente protagonizó los hechos: William Woltman, experto gemólogo holandés afincado en Inglaterra; Jan Smits Kor, célebre distribuidor de diamantes, y Montague Reany Chidson, alias Monty, teniente coronel de artillería que estaba al mando de la operación.

Monty había combatido como aviador en la Primera Guerra Mundial, en la que cayó prisionero y regresó convertido en héroe. En 1940, ya con cuarenta y ocho años, gozaba de un apacible destino como agregado militar de la embajada británica en Holanda porque conocía bien el país, ya que su esposa era de esa nacionalidad. Pero la mañana del viernes 10 de mayo de ese año las cosas cambiaron radicalmente cuando la Wehrmacht inició la invasión.

Cartel de la película/Foto: Clásicos en DD

Aunque ya habían caído Noruega y Dinamarca, los holandeses pensaban que Hitler respetaría su neutralidad, declarada precisamente por ser conscientes de su incapacidad militar para frenar un hipotético ataque.

Así, la única defensa se basaba en la tradicional Línea de Agua y en su complemento, la Línea Grebbe, ambas conceptualmente obsoletas porque consistían en abrir los diques que cierran el paso a los pólders (tierras ganadas al mar) e inundar los campos, como en la época de los Tercios, obviando que los paracaidistas podían salvar ese obstáculo; así sucedió.

A pesar de que los alemanes destinaron a Holanda sus tropas más débiles, el 18º Ejército, compuesto por cuatro divisiones y otras tres de reserva carentes de experiencia y por ello reforzadas con varias divisiones SS, Holanda fue ocupada en sólo una semana mientras la Familia Real era evacuada a Inglaterra.

Líneas de defensa holandesas ante el ataque alemán/Imagen: Niels Bosboom en Wikimedia Commons

Y, sin embargo, no faltaron advertencias del peligro. Algunos mandos germanos, molestos con la idea de atacar un país que no sólo era neutral sino que les había apoyado en la guerra anterior, enviaron solapadamente avisos de lo que se preparaba.

Monty era de los que estaban informados porque, al fin y al cabo, se trataba de su trabajo: era agregado militar, sí, pero como solía implicar ese puesto, también formaba parte del MI6, la sección en el extranjero del servicio de espionaje británico, en la que había ingresado procedente del MI5 (la sección que operaba en Gran Bretaña).

Monty estaba en La Haya cuando saltó la noticia de la invasión y su presencia fue reclamada de forma inmediata en Londres. Una vez allí se le pidió que diseñase urgentemente un plan para llevarse de Ámsterdam la mayor cantidad posible de diamantes industriales, que se almacenaban en la capital holandesa.

Hay que tener en cuenta que no se la llamaba la Ciudad de los diamantes porque sí; llevaba cuatro siglos siendo el mayor centro mundial de comercio y talla de esas piedras preciosas y, dado que ese negocio estaba fundamentalmente en manos de la comunidad judía, parecía previsible que los nazis se lo arrebataran.

Como no había tiempo que perder, la noche del sábado el destructor HMS Walpole llevó al trío de agentes hasta la costa continental, donde transbordaron a un pesquero que les dejó en un muelle.

El buque volvería a por ellos en catorce horas; ése era el exiguo tiempo de que disponían para conseguir el botín y ponerse a salvo. Consiguieron un coche y llegaron a Ámsterdam, donde se había declarado el estado de guerra y se esperaba la aparición de los alemanes en breve.

HMS Walpole/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

A toda prisa, establecieron contacto como los hebreos y les plantearon la situación: debían trasladar su mercancía a Inglaterra cuanto antes o la perderían. No fue fácil convencerles porque algunos, con cierta ingenuidad, creían que ésa era su única baza para negociar con los nazis, sin contar las posibles represalias que éstos tomasen contra ellos al ver que los diamantes ya no estaban. No obstante, se facilitó al comando el acceso al principal mercado para que pudiera entrar y llevarse cuanto pudiera.

Lamentablemente, resultó que la mayor parte de la mercancía no estaba allí sino en la cámara acorazada de un banco. Aún así decidieron probar suerte.

Ayudados por gente de la resistencia holandesa, que al parecer ya había organizado sus primeros núcleos visto el panorama que se avecinaba (los grupos nazis locales ya se enseñoreaban por las calles), entraron en el edificio y llegaron hasta dicha cámara, encontrando que tenía un sistema de apertura retardado que no permitiría entrar a las cajas hasta el lunes. Demasiado tiempo para esperar, así que empezaron a probar combinaciones para intentar abrirla.

Mayor Montague Reaney Chidson/Foto: Special Forces

Sin embargo, la tarea se prolongó y se prolongó durante casi veinticuatro horas y sólo la información recopilada por los colaboradores holandeses les permitió, por fin, tener vía libre y vaciar cuantas cajas pudieron.

Luego, Monty y sus compañeros huyeron y de alguna forma alcanzaron Inglaterra, no está claro si a bordo del HMS Waldpole -que les habría ido a buscar pese a superar el plazo convenido- o por su cuenta.

El botín, si es que se puede llamar así, fue entregado a la reina Guillermina y su gobierno. Se ignora la cantidad exacta de diamantes que sustrajeron, así como su valor, aunque hay quien considera que podría tratarse del mayor robo de la historia de ese producto.

Lo que sí fue oficial fue la concesión de la Orden de Servicio Distinguido a Montague Reaney Chidson, tal como se publicó en el London Gazette (algo así como el BOE británico) poco más de un mes más tarde, el 20 de diciembre de 1940, por el valor demostrado en Francia y Flandes.

Elyesa Bazna, alias Cicerón/Foto: Fleming’s Bond

Monty no terminó ahí su participación en la Segunda Guerra Mundial, ya que en 1943 fue destinado a la embajada en Turquía como jefe de seguridad. En esa misión no estuvo tan fino, pues el mayordomo del embajador resultó ser Elyesa Bazna, más conocido por el nombre en clave de Cicerón, uno de los espías más activos de que dispusieron en ese conflicto los alemanes, a los que facilitó fotografías de decenas de documentos.

Tirando de ironía se podría decir que, al fin y al cabo, lo de Monty no era garantizar la seguridad sino precisamente lo contrario, y pasó a la posteridad como el mejor desvalijador al servicio de Su Majestad.

Fuentes: El Correo/Nonsei2GM/Adventure in diamonds (David E. Walker)/MI6 and the Machinery of Spying (Philip H.J. Davies)