Abubakari II, el rey de Mali que organizó una expedición para cruzar el océano en el siglo XIV

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La flota de Abubakari II/Imagen: Profissao Historia

De las múltiples teorías que existen sobre los predecesores de Cristóbal Colón en la llegada a América, una de las más sorprendentes es la que tiene como protagonista a Abubakari II.

Este rey del imperio de Malí habría partido de la costa senegalesa con una flota, atravesado el océano Atlántico y arribado al Nuevo Mundo casi dos siglos antes que el marino al servicio de Castilla.

No se ha encontrado ninguna prueba material de esa aventura y, dado que esa expedición tampoco regresó nunca a su tierra, hay que concluir que fracasó en su empeño.

No se sabe en qué año nació Abubakari, tan sólo que lo hizo en la segunda mitad del siglo XIII, según se deduce de la fecha de su coronación en 1310.

Su verdadero nombre era Bata Manding Bory y sucedía en el trono a su hermano Mohammen ibn Gao, octavo mansa del Imperio de Malí.

Ambos eran nietos del fundador de dicho imperio, Sundiata Keita, uno de esos personajes casi desconocidos en la historiografía europea pero cuya vida resulta tan jugosa como trascendente. Guarda cierto parecido con la del célebre Shaka, rey de los zulúes.

Las epopeyas que se transmitieron oralmente en esa parte de África cuentan que a su padre, Naré Maghann Konaté, se le hizo una singular profecía según la cual su sucesor al frente del reino sería un hijo que tendría con una mujer muy fea.

Sundiata Keita en Malí/Imagen: Atlanta Black Star

La conoció unos años después: se llamaba Sogolon Kédjou y se casó con ella, probablemente intuyendo que era la elegida. Y, en efecto, dio a luz a Sundiata, débil y enfermizo hasta el punto de que las piernas apenas le sostuvieron en pie durante muchos años.

A la muerte de Naré subió al trono su hijo legítimo Dankaran Touman quien, fiel a la costumbre, se dedicó a exterminar a todos sus parientes para evitar que le derrocasen. Sundiata se libró por su invalidez pero tuvo que marchar al exilio.

Cuando los sossa invadieron el país mandinga, llegó el momento de Sundiata, quien milagrosamente recuperó sus fuerzas, se convirtió en un gran arquero y se puso al frente de los guerreros para rechazar la invasión. Luego dirigió a las tropas contra el rey y logró ser proclamado mansa (rey de reyes), empezando la expansión que le llevó a formar un gran imperio.

El esplendor de la corte maliense/Imagen: Profissáo História

Grande en muchos sentidos, no sólo el militar, pues introdujo cultivos nuevos, explotó la minería de oro y desarrolló una intensa labor legislativa plasmada en la llamada Kouroukan Fouga, una especie de constitución que en cuarenta y cuatro decretos proclamaba la libertad individual, establecía una serie de derechos ciudadanos, reducía la esclavitud a los prisioneros de guerra -medida insólita en la época que se complementaba con un régimen prohibiendo su maltrato-, fomentaba el comercio, autorizaba el divorcio, promovía la solidaridad entre vecinos y protegía el entorno natural, entre otras muchas interesantes cosas.

Sundiata murió en 1255, no se sabe si ahogado en un río o de un flechazo -que pudo ser intencionado o accidental- y, según la leyenda, se reencarnó en un hipopótamo. El caso es que su nieto Abubakari, también conocido como Mansa Qu, pasaría a ser mansa en 1310 y estaba llamado a ser tan importante como su abuelo, de haber tenido éxito en su aventura oceánica.

Al contrario que él, su reinado fue pacífico pero tenía un gran sueño: cruzar las aguas para ver qué había al final. En tiempos de Mansa Musa, que era su visir pero le sucedería en 1312 como uno de los grandes soberanos de Malí, los djelis (bardos) narraban que Abubakari II decidió averiguar esa duda geográfica organizando una gran expedición naval. No sólo eso sino que él mismo en persona se pondría al frente.

Mansa Musa por Angus McBride/Imagen: The Independent

Durante meses procedió a reunir todos los recursos materiales que se pudieran considerar necesarios para colonizar una nueva tierra, que es lo que se creía que había al otro lado del océano: canoas, armas, mercaderías, grano, oro, vasijas… También efectivos humanos como marineros, carpinteros, comerciantes, joyeros, alfareros, herreros, eruditos, guerreros…

Al final se hicieron dos expediciones. La primera, compuesta por doscientas canoas, se puso en marcha en 1310 pero al parecer fue desbaratada por una fuerte tormenta y apenas regresó un puñado de supervivientes. Entonces se preparó una segunda más cuidadosamente. Abubakari II envió delegados a Egipto para aprender a construir embarcaciones más grandes, con velas aparte de remos, reuniendo dos millares de ellas.

Como decía antes, esta vez el propio mansa se puso a la cabeza, dejando como regente a Mansa Musa (que así fundaría la nueva dinastía Faga Laya en sustitución de la Kolonkan). Zarparon bajando por el río Senegal, con una nave capitana que impartía las órdenes mediante toques de tambor. Llegaron a mar abierto y pusieron proa al horizonte, perdiéndose en la lejanía… y nunca más se supo.

Extensión de los reinos e imperios que se sucedeiron en la región/Imagen: Profissao História

Esta fascinante historia se conoce gracias a Shihab al-Umari, un historiador árabe al servicio del Imperio Mameluco que tuvo ocasión de conocer a Mansa Musa en El Cairo cuando éste regresaba de una peregrinación a La Meca. Según Al Umari, Musa le contó cómo alcanzó el poder, así como la aventura de Abubakari II. El relato dice, por boca de Musa:

“El gobernante que me precedió creyó que era posible llegar al extremo del océano que rodea la tierra y quería llegar a él y obstinadamente persistió en el plan. Así que él equipó doscientas embarcaciones llenas de hombres, con muchas otras llenas de oro, agua y víveres suficientes para varios años. Ordenó al jefe que no regresara hasta que hubieran alcanzado el extremo del océano o si hubieran agotado las provisiones y el agua. Se pusieron en marcha. Su ausencia se prolongó durante un largo período y, por fin, sólo regresó una canoa. Interrogado, el jefe dijo: “Príncipe, navegamos durante mucho tiempo hasta que vimos en medio del océano como si un gran río fluyera violentamente. Mi bote era el último; otros estaban por delante de mí. Tan pronto como cualquiera de ellos alcanzó esa zona, se ahogó en el remolino y nunca salió. Bogué hacia atrás para escapar de la corriente”. Pero el sultán no le creía. Ordenó que se equiparan dos mil botes para él y para sus hombres, mil para el agua y víveres. Luego me confirió la regencia durante su ausencia y partió con sus hombres en el viaje por el océano, para no regresar ni para dar un signo de vida”.

El hipotético encuentro entre África y América/Imagen: Histoire Islamique

¿Llegó Abubakari a América, como creen algunos investigadores? El maliense Gaoussou Diawara hasta se atreve a decir el punto de llegada: el litoral de Recife, Brasil. Hay más voluntarismo que otra cosa en ello. Decíamos al principio que no se ha encontrado vestigio arqueológico alguno en ese sentido, pero es que tampoco en el ámbito lingüístico ni en el antropológico, por lo que lo más probable es que el sueño de Abubakari terminara en el fondo del Atlántico.

Fuentes: Abubakari II. Explorateur mandingue (Gaoussou Diawara)/General History of Africa (Ali A. Mazruei, ed.)/Man, Know Thyself. Corrective Knowledge of Our Notable Ancestors (Rick Duncan)/Invented Knowledge. False History, Fake Science and Pseudo-religions (Ronald H. Fritze)/Empires of Medieval West Africa: Ghana, Mali, and Songhay (David C. Conrad)/Discovering the Empire of Mali (Philip Wolny)/Wikipedia.

Libro recomendado: Crónica del país de los negros: El Tarij as-Sudan, la primera obra escrita del África occidental, que recoge la tradición oral de los imperios … Malí y Songay: el mítico Tombuctú (Vicente Millán Torres).

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