Gafas para pollos, un insólito sistema para evitar su agresividad en el gallinero

Foto: edupreneur

La visión de una granja de pollos, con esos cientos o miles de animales apretujados en una inmensa nave industrial que hace las veces de gallinero puede resultar curiosa, divertida incluso, pero tiene una cara oculta.

No por necesaria menos tremenda: la escasez de espacio, la territorialidad de que hacen gala y el carácter jerárquico que tienen los animales les lleva a picotearse entre sí para imponerse a los demás.

Eso provoca graves heridas y la muerte de ejemplares (hasta una cuarta parte si se les deja), sin contar la parte antihigiénica de la sangre mezclada con plumas y excrementos o el hecho de que estas aves no tengan problema en alimentarse de los restos de sus congéneres.

Y el canibalismo no es algo precisamente recomendado por las autoridades sanitarias.

Por esa causa, a principios del siglo XX se ideó una inaudita solución: poner antifaces a los pollos de manera que no pudieran ver y, consecuentemente, tampoco fueran capaces de atacar a sus congéneres.

La idea de cubrir los ojos de los animales para mantenerlos tranquilos e inmóviles da resultado, y ahí están las caperuzas usadas en la cetrería para demostrarlo.

Una granja de pollos/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

El problema es que los halcones y otras aves de presa no viven en esas enormes granjas y son alimentados de forma individual, mientras que resulta imposible dar de comer a miles de pollos uno por uno y, por tanto, con los ojos tapados no pueden encontrar el comedero salvo que estén inmovilizados en jaulas de forma que su única capacidad de acción sea picotear hacia delante. Aparte, está la dificultad de poner antifaces a tantas aves.

Sin embargo, en 1903 se registró la primera patente a nombre de Andrew Jackson Jr, un vendedor de equipos médicos de Múnich (no la ciudad alemana sino la del estado de Tennessee, EEUU), que se fijó en un curioso detalle: los pollos que tenían cataratas resultaban ser más pacíficos que los sanos.

Jackson dedujo que si no podían ver evitarían la violencia jerárquica y fabricó un prototipo de lo que llamó Eye-protector for chickens (Protector de ojos para pollos). El diseño era sencillo, una montura de aluminio con aros redondos y unas patillas que se juntaban por detrás de la cabeza.

Antifaces para pollos /Foto: National Band & Tag

El artilugio fue fabricado en serie por National Band & Tag Company y comercializado por la empresa Sears-Roebuck, especializada en ventas por correo, aunque también se podía adquirir en tiendas de pienso y productos de granja.

Era muy barato, apenas unos centavos, y al parecer se llegó a plantear la posibilidad de decretar la obligatoriedad de su uso en Kansas, pero al final no se materializó y el Eye-protector for chickens terminó cayendo en el olvido. Eso sí, la proverbial capacidad estadounidense para sacar dinero de todo ha hecho que las unidades que aún existen se coticen como piezas de coleccionista.

Una página de la patente de Jackson en 1903/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Pese a todo, la historia de este invento no acaba ahí. En los años treinta, con el resurgir de la economía tras la Crisis del 29 y la Gran Depresión, las granjas volvieron a llenarse de pollos y el invento de Jackson se recuperó, aunque con una pequeña innovación: en vez de gafas opacas tenían unos cristales (en realidad láminas de plexiglás) de tono rosado.

Con ellos, el animal podía ver lo suficiente para localizar el comedero y alimentarse mientras que el tono encarnado impedía captar el color rojo de la sangre, haciendo que no se excitara más con ello.

Estos nuevos anteojos se bautizaron con el nombre de Anti-Pix y los fabricó a gran escala la misma compañía que los anteriores. Según sus propios datos, llegaron a producir unos tres millones de unidades anuales hasta mediados de la década de los cincuenta y aún ofrecen productos similares en su catálogo.

Un anuncio de Anti-Pix/Imagen: National Band & Tag

Artilugios parecidos se continuaron utilizando hasta los primeros años de los setenta con ligeras variantes, como ajustarlos a la cabeza del ave con una correa en vez de patillas rígidas, anclarlos en las aberturas nasales del pico o incluso clavándolos a éste (si bien tal método está prohibido en muchos países).

En cualquier caso se detectó algo tan lógico como que los animales estaban incómodos usando gafas y se temió que ello pudiera repercutir en el tamaño y calidad de los huevos que ponían las gallinas, por lo que aprovechando los avances tecnológicos se buscó una nueva solución y en vez de ponerles gafas pasó a usarse una especie de lentillas.

La empresa Animalens Inc. se dedicó a ello desde 1989… y supuso su ruina porque las aves estaban igual de molestas o más y se pasaban el día intentando quitarse las lentes con las alas, sufriendo úlceras corneales y lanzando picotazos al aire. Y eso sin contar las protestas de las asociaciones animalistas. Las ventas fueron eximias y la empresa quebró.

Pieza de coleccionista/Foto: Eyeglasses Warehouse

Por lo visto, no hay un sistema que resulte definitivo o carezca de pegas. Incluso iluminar los gallineros con luz roja tiene inconvenientes, en este caso para los trabajadores.

Parte de las razones que llevaron a desechar las gafas hay que encontrarlas en que, a partir de los años cuarenta, se cayó en la cuenta de que era más fácil cortarles el pico a los pollos: se les rebanaba la punta (un tercio del total) con un cuchillo, al principio sin más, luego caliente, tarea dificultosa pero definitiva porque, en efecto, los animales dejaban de herirse.

Las contrapartidas eran el tiempo empleado en cada operación y el dolor que sufrían las aves; la primera cuestión se ha solventado hoy usando máquinas que realizan el corte mediante rayos infrarrojos cuando el pollito apenas ha cumplido un día; la segunda sigue soliviantando a los defensores del bienestar animal.

El pico antes y después del recorte/Fotos: dominio público en Wikimedia Commons

Fuentes: Science’s Strangest Inventions (Tom Quinn)/Tastes Like Chicken. A History of America’s Favorite Bird (Emelyn Rude)/National Band & Tag Co./Wikipedia