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El lago iraní que alberga la tumba, todavía no encontrada, de Hulagu Kan

El lago iraní que alberga la tumba, todavía no encontrada, de Hulagu Kan 19 abril, 2017

Licenciado en Historia del Arte, ex-bibliotecario, en la blogosfera desde 2005 con La Brújula Verde. Escribo sobre historia, arte, cultura, viajes, geografía...Trabajando en tylium.es, contenidos y publicidad para blogs.

El lago Urmia / foto arusakenaghola.blogfa.com

Los grandes gobernantes mongoles han dejado para la posteridad un misterio que apasiona a arqueólogos e historiadores, el de la localización exacta de sus tumbas.

Quizá el caso más destacado es el de Gengis Kan, cuyo celo en mantener oculta su última morada mantiene el secreto hasta hoy en día, a pesar de los esfuerzos de los investigadores, los posibles descubrimientos (como no en China) y las más avanzadas tecnologías empleadas en la búsqueda. El último intento hace pocos años, utilizando satélites.

No existe ninguna fuente documental, ni siquiera leyendas, que puedan aportar alguna pista sobre el asunto. Pero en otros casos si que existen, aunque el resultado de facto haya sido el mismo, debido quizá a la falta de interés en desentrañar el misterio.

Es lo que ocurre con las tumbas de Hulagu Kan y de su hijo Abaqa Kan. Se sabe por la fuentes que ambos fueron enterrados en 1265 y 1282 respectivamente, en una fortaleza (o en un macizo rocoso) en los acantilados de 300 metros de altura de la isla de Kabudi (antiguamente conocida como Shahi), en el lago Urmia.

Este lago, que hoy se encuentra en el Azerbaiyán iraní, al noroeste del país, fue en el momento de su mayor extensión (5.200 kilómetros cuadrados, 140 kilómetros de largo por 55 kilómetros de ancho) el mayor lago salado del Medio Oriente, y el sexto más grande del mundo.

El lago Urmia en 1984 / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Contenía 102 islas, la mayoría de las cuales ya no lo son porque el tamaño del lago ha disminuido hasta quedar en un 10 por ciento de su antigua extensión, principalmente a causa de la construcción de presas en los ríos que lo alimentaban y la explotación de pozos de agua en los alrededores.

No obstante su declaración y protección como parque natural por el gobierno iraní, y su inclusión como Reserva de la Biosfera por la UNESCO, han dado signos de recuperación en los últimos años.

Situación del lago Urmia al noroeste de Irán / foto Shutterstock

La segunda en tamaño de todas las islas (hoy conectada a tierra por la desecación y convertida en península) es precisamente la de Kabudi, que además es la única habitada, en la que hay cuatro pueblos situados en sus costas norte, este y sur.

Como decíamos este es el lugar de enterramiento de Hulagu Kan y de su hijo Abaqa Kan, según señalan la tradición y las fuentes. Hulagu era uno de los nietos de Gengis Kan, que se convirtió en el primer kan del Ilkanato de Persia, establecido ya como reino independiente a partir de 1259. Hulagu, que era cristiano, llegaría a destruir Bagdad y a intervenir en las Cruzadas.

Funerales de Hulagu, ilustración de un manuscrito del siglo XV / foto Dominio público en Wikimedia Commons

A su muerte sería enterrado con todas sus fantásticas riquezas, siendo su funeral el único de la historia del Ilkanato en que se realizaron sacrificios humanos, ya que con él fueron sepultadas vivas sus concubinas.

En la cercana población de Maghara, donde Hulagu fundó el observatorio en el que trabajó el famoso astronómo Nasir al-Din al-Tusi, quien resolvió la incompatibilidad entre el modelo Ptolemáico y la teoría sobre el movimiento de los planetas de Aristóteles, hay varias torres funerarias que desde tiempos muy antiguos se han asociado con la familia de Hulagu (concretamente con su madre y hermana), aunque no hay nada que lo pruebe.

En Kabudi se llevaron a cabo investigaciones en busca de las tumbas de ambos kanes en 1939. Cuenta Colin Thubron en su libro Shadow of the Silk Road que tales prospecciones no revelaron absolutamente nada, aunque el arqueólogo en cuestión oyó hablar de una serie de cisternas y cámaras excavadas en la roca en una montaña casi inaccesible cerca de la costa Oeste de la isla. Pero nunca regresó para explorarlas.

Cisternas y cámaras excavadas en la roca / foto Roger More Nisbett

Roger More Nisbett exploró la zona poco antes de la caída del Sah de Persia y la llegada al poder de Jomeini, que conllevó el cierre del país a los occidentales. Encontró las cisternas y cámaras excavadas en la roca, pero lamentablemente no contaba con el equipo adecuado para realizar una excavación. En ellas halló fragmentos de cerámica que llevó al Museo Nacional de Teherán, donde le confirmaron que, efectivamente, se trataba de cerámica de origen mongol.

Tampoco pudo regresar, debido a la coyuntura política, y parece que desde entonces ningún arqueólogo ha vuelto a investigar la zona.

Fuentes: Shadow of the Silk Road (Colin Thubron) / The Mystery of the missing Mongols / Iran, Past and Present (Donald Newton Wilber) / Wikipedia

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