El controvertido caso de los mil niños judíos yemeníes desaparecidos en Israel

Niños judíos procedentes de Yemen/Foto: The Jerusalem Post

Niños robados por dictaduras a padres opositores, niños que desaparecen cuando están de vacaciones con sus padres, niños de los que nunca se vuelve a saber cuando jugaban tranquilamente en la calle…

El infantil es un sector de población especialmente vulnerable y protagonista demasiado a menudo de este tipo de situaciones, aunque normalmente sean casos con cuentagotas que suelen afectar a un pequeño cada vez.

Ahora bien ¿qué pasa cuando se produce una situación en la que hay cientos de desapariciones de golpe? Algo así ocurrió, presuntamente, durante la Operación Alas de Águilas, a la que dedicamos un artículo anteayer.

Recordemos que dicha operación consistió en un gran puente aéreo organizado entre 1948 y 1954 por el recién nacido estado de Israel para rescatar a judíos que vivían en Yemen -aunque luego se sumaron flujos enormes desde otros países árabes- y estaban siendo víctimas de la hostilidad de las gentes locales.

En ese contexto, una enorme catarata de exiliados iniciaron un éxodo desde dichos países a su tierra prometida, sumando una impresionante cifra de setecientos mil inmigrantes.

El proceso adquirió tales dimensiones que los recién llegados, a menudo empobrecidos bien porque eran humildes campesinos, bien porque sus bienes habían sido expoliados en origen -y muchos, además, supervivientes de la Shoah que se habían ido de Europa-, tuvieron que ser alojados en los ma’abarot, es decir, campamentos para refugiados cuya característica principal era que disponían de casas prefabricadas en vez de las clásicas tiendas de campaña; eran complejos temporales, como indicaba su propio nombre (en singular ma’bara, tránsito) y el último se cerró en 1963.

Un campamento de refugiados judíos/Foto: The Times of Israel

Evidentemente, todo ello obligaba a una difícil coordinación logística, agravada porque una gran parte de aquellos desplazados no hablaban hebreo sino solamente sus respectivos idiomas nativos y además eran analfabetos; añadiéndole el hecho de que las persecuciones sufridas les habían traumatizado hasta crear una desconfianza instintiva hacia la autoridad, la situación para gestionar registros y otras tareas burocráticas -proporcionarles comida, ropa, agua…- resultaba bastante complicada.

No fue fácil para Israel afrontar aquel reto que se sumaba a las dificultades propias de un país que daba sus primeros pasos y encima afrontando una guerra contra todos sus vecinos, así que hubo que apretarse el cinturón en lo que se conoce como Tzena o Período de austeridad, que se prolongó desde 1949 hasta 1959.

Las medidas adoptadas sirvieron para salir adelante y garantizar el mantenimiento de la población, que con los refugiados pasaría de ochocientos mil habitantes a más de dos millones en una década. Este tipo de contextos -escasez, racionamientos y demás- suelen generar un mercado negro y para combatirlo fue necesario crear una densa red burocrática que, por sus dimensiones, terminó creando cierta confusión, lógica por otra parte, dada la caótica situación que hubo de pronto.

El caso más grave no se descubrió hasta cuatro décadas después, en 1994, cuando un rabino de origen yemení llamado Uzi Meshulam exigió al gobierno israelí la formación de una comisión para investigar la desaparición de un número indeterminado de niños en aquellos años.

Recepción de niños refugiados/Foto: Haaretz

Meshulam (que falleció en 2013) era el líder de un grupo denominado Yehudei Teman (Judíos Yemeníes). Los judíos procedentes de ese país eran mizrajíes (orientales), como todos los que procedían de Oriente Medio y norte de África, y se diferenciaban de los askenazis, sefarditas y otros grupos en que no habían experimentado un proceso de asimilación, conservando ritos religiosos y costumbres diferentes; por eso habían tenido que pasar un proceso de reeducación al llegar a Israel.

Inicialmente lo que más llamó la atención fue la expeditiva forma en que el rabino planteó la cuestión, atrincherándose en el jardín de su casa junto a un puñado de seguidores armados que se enfrentaron a las fuerzas del orden. Pero luego la cuestión de fondo terminó por imponerse, dada la gravedad de las reclamaciones.

Según se denunciaba, hasta 1.033 niños de familias procedentes de Yemen habían desaparecido de los ma’abarot entre 1949 y 1951. Casi todos tenían menos de tres años de edad, no llevaban ni doce meses en el país y estaban en hospitales cuando se dejó de saber de ellos.

A los progenitores se les informó oralmente de que habían fallecido por muerte súbita pero nunca vieron los cuerpos ni recibieron certificados de defunción, dándose la coincidencia de que la mayor parte de los casos tuvo lugar al mismo tiempo que los padres estaban ausentes haciendo el servicio militar.

La desconfianza se extendió como la pólvora y empezaron a surgir habladurías, que si los niños estaban bien de salud, que si hubo gente de habla inglesa y francesa por los hospitales… formándose poco a poco la creencia en que los niños habían sido falsamente declarados muertos para poder raptarlos y entregarlos en adopción a familias askenazis pudientes, bien de Israel, bien de otros lugares.

Atención sanitaria en los ma’barot/Foto: The Times of Israel

Lo cierto es que el Parasha y’ladai Teiman (Caso de los niños yemeníes), nombre con que se bautizó el asunto, ya corría de boca en boca desde los años sesenta e incluso se había investigado oficialmente a través del llamado Comité Bahlul-Minkowski, organizado por el Ministerio de Justicia y Policía, que en colaboración con la creada Comisión Pública para Descubrir a los Niños Yemeníes Desaparecidos (integrada por alcaldes, rabinos y psicólogos) examinó trescientas cuarenta y dos de esas desapariciones determinando que la inmensa mayoría -trescientas dieciséis- habían sido fallecimientos reales, identificando dos adopciones y quedando sin explicación el resto.

El trabajo llevó mucho tiempo y los resultados se hicieron públicos en 1986, aunque recibieron críticas por su metodología por parte de la Universidad de Bar-Ilan (Tel Aviv).

Ello hizo que dos años después el propio gobierno de Yitzhak Shamir estableciera una nueva comisión encabezada por el juez Moshe Shalgi que se centró en trescientos un casos y descubrió que sesenta y cinco de ellos carecían de explicación, aunque demostraba que los demás si habían terminado en defunción.

La cuestión seguía siendo incierta y de ahí la virulenta reacción de Uzi Meshulam en 1994, que tuvo tal repercusión mediática que consiguió arrancar al ejecutivo una Comisión Estatal de Investigación al año siguiente. Esta vez el ámbito de actuación fue mucho más extenso, con más de ochocientos casos. Los resultados, obtenidos gracias a análisis de ADN y publicados en 2001, siguieron la línea proporcional anterior: setecientos treinta y tres niños murieron realmente y cincuenta y seis quedaron sin concretar.

Por tanto, los rumores de complot estatal quedaron definitivamente descartados, ya que se había comprobado y aclarado el destino de novecientos setenta y dos de los mil treinta y tres pequeños. Asimismo, se localizó a otros que estaban vivos y se consideró que los cincuenta y seis restantes podrían haber sido entregados o vendidos en adopción ilegalmente pero como decisión individual de algunos de los trabajadores sociales implicados, no siguiendo una política oficial.

Yitzhak Tzachi Hanegbi/Foto: Itzike en Wikimedia Commons

Hace poco, en 2016, se volvió sobre el tema nombrando a Yitzhak Tzachi Hanegbi (exministro de Justicia y experto en seguridad) para revisar las pruebas recopiladas por las tres comisiones de investigación.

El resultado fue sorprendente al encontrar que docenas de niños askenazis también habían desaparecido, con la novedad de que no sólo había casos en los hospitales israelíes (en realidad preisraelíes, ya que fueron anteriores a la independencia) sino también en los campos de detención de Chipre, donde los británicos recluían a los judíos de Europa del Este que habían huido del continente tras sobrevivir al holocausto. ¿Se abrirá un nuevo frente de investigación?

Fuentes: Israeli Media and the Framing of Internal Conflict. The Yemenite Babies Affair (Shosana Madmoni-Gerber)/The Chosen Body. The Politics Of The Body In Israeli Society (Meira Weiss)/Commodifying Bodies (Nancy Scheper-Hughe y Loic Wacquant)/The Melting Pot in Israel. The Commission of Inquiry Concerning the Education of Inmigrant Children During the Early Years of the State (Zvi Zameret)/Wikipedia