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Thomas Cook, el visionario creador de las agencias de viajes

Thomas Cook, el visionario creador de las agencias de viajes 14 febrero, 2017

Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista Apuntes (2002-2005). Creador del blog El Viajero Incidental. Bloguer de viajes y turismo desde 2009 en Viajeros. Editor de La Brújula Verde. Forma parte del equipo de editores de Tylium.

Retrato de Thomas Cook/Foto: Riadismat en Wikimedia Commons

¿Qué tienen que ver las agencias de viajes con una sociedad antiolcohólica y un modesto jardinero reconvertido en carpintero eventual?

La respuesta es Thomas Cook, un nombre que le sonará a mucha gente, especialmente si vive en una localidad turística del Mediterráneo o Canarias porque corresponde a un importante touroperador británico que proporciona a España miles de visitantes cada año. Se llama así por su fundador y funciona ya desde mediados del siglo XIX.

Thomas Cook nació en 1808 en Melbourne, no la ciudad australiana sino un pueblo del condado inglés de Derbyshire. Como era frecuente en aquellos tiempos, empezó a trabajar siendo niño, con diez años de edad, ayudando a un jardinero por un pequeño jornal que complementaba la economía familiar. Cuatro años más tarde entró como aprendiz en un taller de ebanistería y aprendió el oficio a lo largo de un lustro, algo que le serviría para vivir durante un tiempo pero que no le iba a dar fama precisamente.

De hecho, sus eventuales trabajos cono carpintero sólo eran un sostén para poder desarrollar su actividad principal, el proselitismo religioso. La familia Cook era baptista y él ejerció de misionero a partir de 1826, viajando por el centro de Inglaterra para predicar el evangelio y empleándose en su especialidad allá donde se requerían sus servicios. A buen seguro, nunca imaginó que ese deambular de localidad en localidad no sólo auguraba cuál sería su destino en la Historia sino que, además, le permitiría entablar los contactos apropiados para ello.

Publicación contra la bebida/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Porque fue así cómo en 1833 conoció al reverendo Francis Beardsall, quien le convenció para incorporarse a un movimiento que tuvo bastante predicamento entonces: el que, bajo el nombre de Temperance Movement, había surgido en la década anterior en contra del abuso del alcohol e incluso apostando por el llamado teetotalism, es decir, la abstinencia total.

El Temperance Movement adquirió bastante presencia en el mundo anglosajón, tanto en las Islas Británicas como en EEUU y las colonias de Oceanía, especialmente ligado a las iglesias protestantes. Se estructuraba en sociedades que no limitaban sus reivindicaciones a la bebida sino que enlazaron con el cartismo (Temperance Chartism, se denominó a esa rama), exigiendo el sufragio universal con el argumento de que si los trabajadores demostraban ser responsables para controlarse ante la bebida también lo eran para poder votar.

Las ligas antialcohol continuaron creciendo a lo largo de la época victoriana y dieron lugar al nacimiento del famoso Ejército de Salvación, pero esa es otra historia. El caso es que, siguiendo el ejemplo pionero de uno de sus líderes, el pastor presbiteriano irlandés John Edgar, que en 1829 vertió a la calle desde una ventana de su casa varias botellas de alcohol, solían organizar actos públicos de diverso cariz.

Thomas Cook participó en varios pero fue uno concreto, un congreso del Temperance Movement en Leicester, el que iba a cambiar su vida. Aunque Cook ya tenía una situación familiar estable, pues se había casado en 1834 y tenido un hijo al año siguiente, aún seguía implicado en aquella cruzada contra la bebida, por lo que decidió asistir al citado evento.

Para facilitar las cosas reunió a un grupo de compañeros para, entre todos, fletar un tren que les llevara a la localidad concreta de la celebración, Loughborough, situada a once millas de Leicester. Así, el 5 de julio de 1841 medio millar de personas pagaron un chelín cada una y abrieron, sin saberlo, una nueva época en el mundo de los viajes; tanto éxito tuvo la iniciativa que se repitió a lo largo de los veranos siguientes.

Con una incuestionable visión de futuro, Cook se convirtió de facto en un agente de viajes al extender la idea a otros campos: en 1846, repitió pero esta vez para llevar a tres centenares y medio de pasajeros a Escocia y en 1851 el número de clientes se había disparado de tal forma que fueron nada menos que ciento cincuenta mil los que, en varias tandas, pudieron desplazarse a Londres para asistir a la Gran Exposición Universal.

El primer viaje organizado por Cook/Imagen: Thomas Cook

Tarde o temprano tenía que llegar el salto internacional y se produjo cuatro años después, con un circuito por Europa en el que se visitaban Alemania y Bélgica para terminar en París con motivo de una nueva exposición universal. Más tarde las rutas europeas se convirtieron en habituales, especialmente Italia (uno de sus destinos más importantes hasta el punto de que Cook se implicó en su política apoyando el proceso de unificación y el nuevo gobierno pasaría a ser socio suyo en 1880) y Suiza (que descubrió al turismo por su belleza natural). Con el tiempo, incluso añadiría al catálogo de destinos algún sitio exótico, como Egipto.

Como aquello era ya un negocio importante, en 1866 se fue a Estados Unidos para organizar una red local de operadores y establecer acuerdos con compañías ferroviarias. Lo mismo hizo en 1868 en suelo europeo. Para facilitar los pagos ideó un sistema que todavía se utiliza hoy, el de los vouchers, unos cupones que se pagaban previamente y así no hacía falta ir cargado de dinero al viajar para pagar comidas o alojamientos.

Cook y su mujer probaron este invento en un hotel que habían abierto en Londres y luego lo aplicaron a los de sus itinerarios, pero no fue el único; también crearon unos billetes ferroviarios abiertos y un sistema de cambio de moneda con valor predeterminado que se usó sobre todo en Italia. Todo ello permitió abrir el negocio a una clientela de clase media, en lugar de restringir el turismo a la acomodada como hasta entonces.

Publicidad de Thomas Cook & Son en 1892/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

En 1872 la agencia pasó a denominarse Thomas Cook & Son, tras formarse una sociedad entre padre e hijo. El negocio siguió creciendo y abrió una nueva sede en Fleet Street (que hasta tenía una tienda donde vendía objetos útiles para un viajero como calzado especial, mapas, maletas, guías y demás equipamientos), pero el vínculo familiar no fue suficiente para evitar el choque generacional entre ambos: Thomas seguía aferrado al espíritu religioso y social con que regía la empresa mientras que la visión de su vástago era más moderna, puramente comercial.

Eso llevó al primero, afectado además de ceguera progresiva, a retirarse a Leicester en 1878 mientras la sociedad incrementaba su crecimiento y extendía su ámbito de actuación al transporte militar y el postal a partir de 1880, cuando la coyuntura internacional obligó a trasladar tropas y correspondencia a Egipto y Oriente Póximo.

Paradójicamente eso le trajo la muerte a John Mason Cook, el hijo, al enfermar de disentería durante una visita a Palestina en 1898 mientras preparaba un viaje para el káiser Guillermo II. Para entonces, hacía seis años que su visionario padre había fallecido también, en Inglaterra.

Fuentes: The history of tourism. Thomas Cook and the origins of leisure travel (Paul Smith) / Thomas Cook. The holiday-maker (Jill Hamilton) / Alcohol in world history (Gina Hames) / Wikipedia.

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