Stig Wennerström, el coronel sueco que espiaba para la URSS, descubierto por su asistenta

Stig Wenneström acudiendo al tribunal/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Militar descendiente de militares, funcionario del Ministerio de Defensa, condecorado con diversas medallas y distinciones internacionales, nombrado caballero de varias órdenes, pariente lejano del rey Gustavo Adolfo VI…

Y casado con la hija de un diplomático con la que llevaba una vida de lujo y alterne codeándose con lo más granado de la sociedad, el coronel Stieg Wennerström era la última persona a la que cabría imaginar en un banquillo acusado de alta traición.

Por eso, cuando se desveló que llevaba años suministrando información secreta a la URSS el caso se convirtió en un escándalo nacional y acaparó todas las portadas de la prensa de Suecia.

Stig Erik Constans Wennerström nació el 22 de agosto de 1906 en Estocolmo. Su padre era comandante del ejército y él continuó la tradición enrolándose en la Marina en 1929, aunque para entonces ya se había consolidado la aviación como un nuevo arma -puesta a prueba en la Primera Guerra Mundial (en la que Suecia se mantuvo neutral)- y dos años después aquel joven oficial pasó a la academia de pilotos, de donde salió en 1936 con el despacho de teniente, completando su formación en la Escuela Naval de Personal de Estado Mayor de la capital sueca hasta 1937.

En 1939 ascendió a capitán y fue destinado a la embajada en Moscú como agregado aéreo en un período especialmente delicado, entre 1940 y 1941, justo cuando la Wehrmacht se disponía a iniciar la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética, en la que participaron voluntarios suecos. Porque, si bien Suecia volvió a mantener la neutralidad oficial en aquella Segunda Guerra Mundial, su colaboración con la Alemania nazi proporcionándole materias primas y maquinaria para evitar una ocupación la llevó a ser sometida a bloqueo por parte de los Aliados (aunque luego, cuando el conflicto empezó a volverse adverso a Hitler, cambió de estrategia y pasó a ser uno de los principales centros de refugiados y judíos).

Retrato de uniforme/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

En aquel contexto, Wennerström siguió subiendo en el escalafón y un año después de acabar el conflicto era teniente coronel. Para entonces ya llevaba una vida acomodada por vía matrimonial, ya que justo antes del estallido bélico se había casado con Ulla Carlsson-Greta, trece años más joven que él e hija de un cónsul. En su domicilio, una suntuosa mansión de Enebyberg (un área residencial del norte de Estocolmo), celebraban con frecuencia grandes fiestas a las que asistía el stablishment sueco y dicen las malas lenguas que Wenneström intentaba aprovechar aquellas reuniones para medrar, preocupado por la lentitud con que avanzaba su carrera.

Fuera por eso o por sus propios méritos, el caso es que consiguió un puesto de profesor en la Flygkrigshögskolan, la Escuela de Guerra de la Real Fuerza Aérea, entre 1946 y 1948, para luego regresar una vez más a Moscú como agregado aéreo. En la capital rusa permaneció tres años que, vistas las cosas con perspectiva cronológica, iban a resultar cruciales para su vida porque debió ser entonces cuando los contactos establecidos con los servicios de espionaje soviéticos iniciados en su anterior etapa moscovita fraguaron en un acuerdo.

El primer pacto lo sellaron, según confesaría él mismo, en 1948, mientras servía de guía del general Ivan Rybalchenko en un viaje oficial de éste a Suecia. Entretanto ascendió a coronel y, al acabar en aquel destino, fue trasladado con el mismo cargo al polo opuesto, la embajada en Washington. Allí permaneció de 1952 a 1957, año en que regresó a su país para ser jefe de sección en la Försvarets Kommandoexpedition (Oficina militar del Ministerio de Defensa).

Un Saab Draken/Foto: HoHun en Wikimedia Commons

Desde ese puesto empezó a suministrar información al GRU (Glávnoe Razvédyvatelnoe Upravlénie), el servicio de inteligencia militar de la URSS, un organismo bastante opaco que compartía objetivos con la KGB pero trabajando de forma autónoma y sin control por parte de la Checa (aún sigue en activo hoy en día).

Así fue cómo los soviéticos se hicieron con todos los datos relativos al Saab 35 Draken (características técnicas, bases, hangares secretos…), el avión de combate sueco, el primer aparato supersónico de Europa occidental, desarrollado a partir de 1955 y que tuvo gran éxito comercial porque se vendió a las fuerzas aéreas de varios países (Austria, Dinamarca, Finlandia e incluso EEUU, nación esta última que lo usaba como avión de pruebas), manteniéndose en activo hasta 2009.

Todo parecía ir bien hasta que en junio de 1963 la empleada del hogar que tenían los Wennerström a su servicio en casa encontró por casualidad unos rollos de película escondidos en el desván. Al parecer, la mujer no estaba contenta con el trato altanero que recibía por parte de sus dueños y, pareciéndole raro aquel hallazgo oculto en una mansión con decenas de dependencias, presentó la correspondiente denuncia.

Al menos ésa fue la primera información que se dio porque, en realidad, aquella asistenta era una agente del SÄPO (Säkerhetspolisen), el servicio de seguridad sueco que, aunque dependiente de la policía, desempeñaba labores de contraespionaje. Y es que Wennerström ya estaba en su punto de mira desde hacía bastante tiempo; de hecho, desde 1943, cuando se sospechó que colaboraba con la Abwehr (la inteligencia alemana) porque había mantenido contactos con su director, el almirante Wilhelm Canaris.

Wennerstöm con el general del GRU Vitaly Nikovsky/Foto: Espionage History Archive

Sin embargo, tras la guerra estaba claro que las actividades secretas de Wennesrström se inclinaban más hacia el otro lado. En 1947, durante su estancia en Washington, empezó a haber indicios de su conexión con el GRU, especialmente tras aquel paso previo por Moscú, y a instancias del MI5 británico se procedió a seguir sus pasos infiltrando una agente en su hogar.

Fue una misión que requirió paciencia hasta que apareció la citada película, que contenía información clasificada. Wennerström fue detenido inmediatamente, interrogado y procesado, saliendo a la luz una inaudita actividad de espionaje: en efecto, llevaba casi quince años -desde finales de la década de los cuarenta- entregando a los soviéticos decenas de miles de documentos secretos sobre cuestiones de defensa nacional y la OTAN: especialmente grave fue, al parecer, la información que proporcionó sobre sistemas de misiles guiados (en concreto el Sidewinder, el Falcon y el HM-55 Bomarc).

Pasaba la información en casettes o dentro de cigarrillos, a veces con un aplomo y desfachatez considerables, como cuando regaló una cajetilla de tabaco que contenía información a un general ruso durante una recepción oficial… en presencia del mismísimo jefe del contraespionaje sueco. Eso sí, no lo hacía gratis; si por el primer trabajo le pagaron cinco mil coronas, en total logró cobrar alrededor de seiscientas mil por sus servicios.

Además el SAPÖ tenía constancia de la existencia de otro espía cuyo nombre en clave era Abeja pero que probablemente trabajaba de forma independiente de Wennerström, de manera que no se conocían entre sí y no podían delatarse. Abeja, por cierto, nunca fue descubierto y su identidad aún constituye un misterio hoy en día.

Otra imagen de Wennerström acudiendo al juicio/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

La detención de todo un coronel fue la sensación del momento, no sólo por la traición de un militar de alto rango sino también porque el personaje era un representante de la alta sociedad, educado, buen conversador, campeón de curling, experto esquiador en nieve y agua, buen fotógrafo y políglota consumado (hablaba inglés, francés, inglés, alemán, ruso, danés y finlandés).

En el juicio, celebrado en 1964 en medio de la atención popular, le condenaron a cadena perpetua sin atender el argumento que esgrimió en su defensa, que lo había hecho en favor de la paz (se refería al contexto de la Guerra Fría), máxime cuando se supo que el avión espía sueco derribado con sus ocho tripulantes por un Mig en 1952 probablemente había caído gracias a la información suministrada por el acusado.

Sin embargo, en 1972 se le rebajó la pena a veinte años (con la oposición de los mandos del ejército, que le consideraban un peligro para la seguridad nacional) y dos más tarde pudo salir en libertad condicional, de acuerdo con la legislación sueca de entonces que permitía salir a los presos tras cumplir la mitad de su condena a la edad de sesenta y ocho.

A partir de entonces cargó con una segunda sentencia: la del vacío social, algo especialmente duro para alguien acostumbrado a moverse en ambientes distinguidos. Tuvo una larga vida por delante y no falleció hasta el 22 de marzo de 2006, cuando apenas le quedaban unos meses para cumplir cien años. Por supuesto, la lápida de su tumba sólo indica su nombre, obviando el que tenía en clave como espía: Águila.

Fuentes: Historical Dictionary of Russian and Soviet Intelligence (Robert W. Pringle) / A Journey through the Cold War: A Memoir of Containment and Coexistence (Raymond L. Garthoff) / A Century of Spies. Intelligence in the Twentieth Century (Jeffery T. Richelson) / The GRU’s Viking spy in NATO (Espionage History Archive) (Marc Hackard) / Wikipedia.