Severiano de Heredia, el primer alcalde afroamericano de una capital occidental

Severiano de Heredia/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Hace un par de años, durante la inauguración oficial de una pasarela urbana bautizada con el nombre de Severiano de Heredia, la alcaldesa de París Anne Hidalgo tuvo que recordar a la prensa y la concurrencia el porqué de aquel nombre claramente hispano.

Nadie mejor que ella, no sólo por su cargo sino porque también ella desciende de españoles. Según declaró, se le dedicaba aquel equipamiento a Severiano de Heredia porque fue «el primer alcalde negro de París y luego ministro de la República Francesa, quien fue rechazado y relegado durante mucho tiempo al olvido de la Historia». Luego añadió que estaban allí para corregir ese error. Unámonos: ¿quién fue exactamente Severiano de Heredia?

Nació en La Habana el 8 de noviembre de 1836, hijo del matrimonio mulato que formaban Henri de Heredia y Beatriz de Cárdenas, aunque hay quien especula con que su verdadero padre fue su padrino, Ignacio Heredia y Campuzano. Su certificado de bautismo, que está fechado dos meses después en la parroquia de Jesús del Monte, le define como Mulato nacido libre, puntualización importante entonces si se tiene en cuenta que en la Cuba española había en torno a un cuarto de millón de esclavos trabajando en las plantaciones de azúcar y resultaba importante no ser confundido con uno de aquellos rellollos, como se los llamaba. Aunque en su caso tampoco fue un problema porque Ignacio le adoptó y le envió a Francia a estudiar aún niño, con diez años de edad.

El joven Severiano fue matriculado en el prestigioso Liceo Louis-le-Grand parisino, donde se graduó brillantemente en 1855, haciendo algunos pinitos poéticos y literarios, y convirtiéndose en el heredero de la fortuna de su primo. Asentado en la capital francesa, conoció a Henriette Hanaire, con la que contrajo matrimonio en 1868; al año siguiente nació su hijo, Henri-Ignace, que fallecería doce años más tarde en un accidente, y en 1873 una hija, Marcelle, que se casaría con el célebre neurofisiólogo Luis Lapicque y ella misma estudiaría esa especialidad en la Escuela Médica de París, formando equipo con su marido.

París en el siglo XIX (Ulpiano Checa)/Imagen: Alchetron

Entretanto, Severiano trabajaba en el sector jurídico y solicitó al gobierno la nacionalidad francesa, que le fue concedida en 1870. Al año siguiente, metido también en el mundo periodístico, publicó un interesante ensayo titulado Paix et plébiscite (Paz y plebiscito) en el que abogaba por el final de la guerra Franco-prusiana. Como se ve, la política le motivaba y, siguiendo su llamada, en 1873 ingresó en el partido Republicano Radical, en nombre del cual fue elegido miembro del Consejo de la Ciudad de París en la primavera para representar a los barrios de Ternes y Plaine de Monceaux, ambos ubicados en el mismo distrito 17º donde se inaguró la pasarela mencionada al principio.

Metido ya de lleno en aquella nueva carrera fue ocupando sucesivamente más cargos en diversas comisiones del Ayuntamiento hasta que en 1879 le eligieron presidente del Consejo Municipal, que equivalía al puesto de Alcalde (este nombre había sido abolido en 1871 por la Comuna y así se mantendría hasta 1977, en que Jacques Chirac lo recuperó). Por ese trabajo no recibió ningún sueldo, tal como se había establecido en aquella turbulenta coyuntura, pues era un puesto honorífico y además de muy corta duración, sólo seis meses.

En ese lapso tuvo tiempo de aplicar una serie de medidas para paliar la terrible ola de frío que azotó la ciudad cubriéndola con medio metro de nieve, congelando el Sena y bloqueando con unos espeluznantes veintitrés grados bajo cero las vías de comunicación; entre esas medidas figuró la contratación de una brigada de doce mil peones para despejar los accesos y la apertura de locales para acoger a mendigos y vagabundos. Asimismo, redujo la jornada laboral infantil a diez horas y desarrolló varias leyes para fomentar el Metro.

El general Boulanger/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

El gran paso estaba dado: el mundo occidental tenía un alcalde afroamericano por primera vez. De hecho, llegaría incluso más allá, formando parte del ejecutivo nacional, pues en agosto de 1881 fue elegido diputado y seis años más tarde pasaba a ser Ministro de Obras Públicas en el gobierno de Maurice Rouvier, cartera que ocupó únicamente durante siete meses. No fue muy bien recibido y abundaron las descalificaciones racistas hacia su persona, especialmente por parte del diario opositor La Intransigencia, que solía referirse a él como «el negro del Elíseo».

Los populistas del general Boulanger, un militar con ambiciones cesaristas que por aquellos años se había lanzado al ruedo político y había llegado a ser ministro de Defensa, perfilándose como un serio candidato a gobernar el país, fueron sus adversarios. Boulanger tiró por tierra sus posibilidades demostrando excesiva agresividad hacia Alemania, lo que hizo temer a los votantes que les metieran en una nueva guerra. Pero Heredia tampoco seguiría porque no resultó elegido en las elecciones parlamentarias de 1889 ni en las de 1893, en las que le derrotó el candidato boluangista Charles La Senne, retirándose de la política para dedicarse a la historia de la literatura.

Cómo pudo medrar un mulato en medio de aquella hostilidad racista quizá podría explicarse teniendo en cuenta el apoyo recibido de sus hermanos; no los de sangre sino los de militancia, ya que Heredia era masón, siendo iniciado en 1866 en la logia Estrella del Norte y llegando a Adjunto del Gran Oriente en 1875. Como tal, siempre defendió principios básicos como la separación entre Iglesia y Estado, la educación laica, gratuita y obligatoria, y la creación de una red de bibliotecas municipales (era amigo de Victor Hugo, a quien sucedió al frente de una asociación que promovía la cultura y la enseñanza entre adultos). También los derechos de la Mujer y la abolición de la esclavitud, que en esos últimos cuarenta años del siglo XIX ya sólo mantenían España (en su Cuba natal y Puerto Rico) y Portugal.

Severiano de Heredia tenía sesenta y cuatro años cuando apenas empezado el siglo XX, el 9 de febrero de 1901, fallecía en su casa de la calle Courcelles. No se sabe exactamente la causa, diciendo unos que de meningitis y otros de congestión cerebral. El tono de su piel había hecho historia.

Fuentes: Raíces cubanas (Raúl Eduardo Chao) / Noir Blanc Rouge. Trente-cinq noirs oubliés de l’histoire de France (Rouben Valéry) / Severiano de Heredia. Ce mulâtre cubain que Paris fit ‘maire’ et la République, ministre (Paul Estrade) / Wikipedia.