Los piojos de la cabeza, esos insectos sin alas que parasitan las cabezas humanas (siempre que haya pelo), son en realidad bastante inofensivos.

Aparte de la molestia que provocan, los picores y el rechazo social, los piojos de la cabeza (Pediculus humanus capitis) son una especie que no transmite absolutamente ninguna infección ni enfermedad.

Solo pueden vivir en humanos alimentándose de la sangre, no existe ninguna otra especie conocida que les sirva de anfitrión, y por tanto los destinos de ambas especies parecen estar íntimamente ligados.

El ciclo de vida de un piojo es de 13 días desde que la liendre es depositada hasta que muere como adulto, eso si no son exterminados antes con alguno de los muchos métodos que existen hoy en día. Pero puede que estos repulsivos bichitos en realidad nos hagan algún favor.

Tienen un pariente cercano, el malvado Piojo del Cuerpo (Pediculus humanus corporis), una subespecie muy parecida pero no igual, que pone sus huevos en la ropa. Se cree que ambas subespecies se separaron hace entre 30.000 y 110.000 años, justo en el momento en que los humanos empezamos a utilizar ropa.

Piojo de la cabeza / foto Gilles San Martin en Wikimedia Commons

Pero el Piojo del Cuerpo si que es peligroso para la salud. Puede transmitir tifus, fiebre de las trincheras e incluso la peste. Un horror de bicho. Además su aspecto es prácticamente indistinguible del de la cabeza, siendo Linnaeus quien lo describió por primera vez en 1735 en su obra Systema naturae.

Piojo del Cuerpo / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Sería Charles Nicolle, el famoso microbiólogo francés, quien descubriría que el tifus era contagiado por los piojos del cuerpo. Pero no por su picadura sino por sus heces. En realidad el piojo también muere por la acción del patógeno que causa el tifus, y su cadáver se convierte en una pequeña bomba biológica. Por sus trabajos sobre la transmisión del tifus Nicolle recibió el Premio Nobel en 1928.

Hoy los científicos creen que el molesto Piojo de la cabeza nos presta un singular servicio preparando las defensas de nuestro cuerpo e inmunizándonos ante las infecciones del su primo hermano del cuerpo.

Charles Nicolle / foto Dominio público en Wikimedia Commons

De hecho, según un estudio publicado por la Universidad de Cambridge en 2012, el hecho de que los humanos junten sus cabezas como gesto de saludo (por ejemplo, el beso en la cara), puede ser un comportamiento adaptativo. Este gesto no se da en otros simios, y pudo ser la forma más rápida de adquirir infestaciones de piojos de la cabeza, con el fin de provocar una respuesta inmune inmediata.

Sería un atavismo que actuaría como vacunación inherente e inconsciente contra los piojos del cuerpo para reducir la amenaza de los patógenos que transmite.

Fuentes: Why infest loved ones (Lajos Rozsa, Peter Apari et al.) / Charles Nicolle y el tifus exantemático / Wikipedia

Send this to a friend