Las fantásticas esculturas de Victor’s Way, un parque irlandés para adultos

En inglés tres erres (R & R & R) constituyen un acrónimo de rest, recovery and spiritual reorientation, o sea descanso, recuperación y reorientación espiritual.

Al menos para el que visite Victor’s Way, un inaudito jardín privado pero abierto al público que fue concebido como espacio de contemplación/meditación para adultos y que no se encuentra en un país exótico y lejano sino en Old Enniskerry Road, en el condado de Wicklow, al este de Irlanda.

Al decir que se trata de un jardín para adultos (hasta específica el segmento de edad, de veintiocho a sesenta y cinco años) se refiere a que no ha sido concebido como el típico lugar de recreo y ocio para familias sino como un oasis de tranquilidad y silencio en el que la gente, preferiblemente de forma individual, pueda pasear por sus ocho hectáreas haciendo meditación sin que nadie la moleste o interrumpa.

Algo que se desarrolla a lo largo de un camino que recorre un par de kilómetros y que es aconsejable hacer despacio, empleando al menos una hora. En realidad no está prohibido llevar niños pero procurando que no armen escándalo y teniéndolos siempre bajo control, ya que hay algunas lagunas y estanques -en los que, por cierto, es posible bañarse- que podrían ser peligrosos para ellos.

Se propone un recorrido disfrutando de los bosquecillos y su fauna, de caminar sobre el musgo y la hojarasca, de tomar ese baño al aire libre con sus correspondientes beneficios para la salud, de relajarse echándose un rato sobre los bancos de madera dispuestos para ello. Por supuesto, se pide no hacer uso del teléfono móvil excepto para fotografiar el paisaje.

La principal característica de este peculiar rincón está en la colección de estatuas que adornan el entorno natural. Hay siete de gran tamaño (hasta cinco metros de altura) y treinta y siete algo más pequeñas (metro y medio), casi todas de granito negro -alguna es de bronce- e incorporadas sucesivamente a lo largo de un cuarto de siglo.

Las primeras, las grandes, representan las etapas del desarrollo de la vida según la filosofía hindú, ya que fueron hechas en un taller de Mahabalipuram, Tamil Nadu, al sur de la India. Así, el visitante reconocerá la clásica imagen de Shiva sentado, al multirrepresentado Ganesha (el dios de cabeza de elefante) o las típicas estupas orientales, entre otros personajes y motivos.

De hecho, parte de la gracia de Victor’s Way está en ir descubriendo detalles curiosos, caso del trono en forma de cobra, el siniestro Caronte que sale de una ciénaga, un insólito Buda famélico o los motivos contemporáneos que algunas estatuas llevan incorporados, como un teléfono o una pinta de cerveza. Pero seguramente lo más sorprendente es la propia entrada, cuyo túnel de acceso es una enorme vagina con dientes.

El diseño de las esculturas fue obra de Victor Langheld, que además es el propietario y creador de tan mágico paraje. Berlinés nacido en 1940, Langheld vivió largo tiempo en Asia, en países como Japón, Tailandia y Sri Lanka, integrado en varias congregaciones religiosas, de ahí su interés por la meditación. De vuelta a Europa e instalado en Irlanda, recibió una importante herencia con la que pudo poner en práctica su idea de habilitar un sitio que sirviera de retiro espiritual.

Éste se materializó en lo que originalmente bautizó como Victoria’s Way pero que tuvo que cerrar en 2015 para someterlo a un replanteamiento, ya que originalmente se llenaba de gente con ganas de diversión cada fin de semana. Tuvo que poner límites de edad -aunque con cierta flexibilidad, como dijimos antes- y reabrirlo en la primavera de 2016 reorientado más a la contemplación y cobrando entrada.

Efectivamente, la tarifa es de cinco euros por adulto (los niños entran gratis), dinero que se destina a sufragar los gastos de mantenimiento del parque. Victor’s Way sólo abre en la temporada estival, desde el 15 de abril hasta el 25 de septiembre, entre las 12:30 y las 18:00. La web oficial lo define como «un jardín contemplativo para adultos que quieren aprovechar un tiempo y un espacio de calidad para reflexionar sobre la vida en general, sobre sus propias vidas en particular y sobre el futuro que desean crear para sí mismos para vivir una vida feliz».

Es decir, que nadie espere columpios, barcas ni restaurante; es más ni siquiera hay servicios y se pide no llevar niños ni adolescentes, limitando las mascotas a una sola. También recomienda llevar ropa y calzado apropiados porque cuando llueve mucho -y hablamos de Irlanda- el lugar tiende a anegarse.

Por cierto, una última curiosidad: según explica una placa situada a la entrada, Victor’s Way está dedicado al famoso criptógrafo inglés Alan Turing.

Más información y fotos: Victor’s Way