Lítla Dímun, la isla danesa deshabitada a la que solo se puede acceder trepando por cuerdas

Lítla Dímun con su típica nube lenticular / foto Shutterstock

Lítla Dímun es una isla muy peculiar, no sólo por esa característica forma cónica que la hace parecer una pirámide en medio del mar.

Ni por la nube lenticular que suele formarse en su parte alta proporcionando una espléndida imagen de postal, sino también por el hecho de que esté deshabitada pese a tener un centenar de hectáreas de superficie, salvo que consideremos como vecinas a las ovejas que pastan tranquilamente en sus escarpadas laderas.

La razón resulta obvia a primera vista: no hay suelo medianamente horizontal y el grado de desnivel es tan grande que resulta imposible que un ser humano encuentre acomodo allí, salvo que construyera una plataforma artificial. De hecho, ha sido necesario colocar cuerdas en los acantilados y pendientes para que los ganaderos que tienen allí sus rebaños puedan ir a llevarlos/recogerlos sin riesgo de despeñarse o rodar cuesta abajo por un traspiés.

La isla se alza en el archipiélago de las Feroe, que tiene rango de región autónoma de Dinamarca y se encuentra en el Atlántico Norte, entre Escocia, Noruega e Islandia. Lítla Dímun se llama así por contraste con la cercana Stóra Dímun: o sea, Pequeña Dímun frente a Gran Dímun, ya que se trata de la isla de menor tamaño de ese conjunto insular (son dieciocho en total) y la única no habitada.

No está claro qué significa Dímun; según algunos investigadores, sería un topónimo celta traducible como dos cerros pero parece difícil desvelar ese misterio porque, como decíamos al principio, nunca ha habido población humana allí.

Se aprecia la difícil orografía de la isla/Foto: heima.olivant

Es más, tampoco hay más animal terrestre que las ovejas. Eso sí, ellas llevan en Lítla Dímun al menos desde tiempos medievales, pues se cita su existencia en la Færeyinga, la saga que cuenta la historia de las Islas Feroe y donde, curiosamente, se reseña que ese pedazo de incómoda tierra fue el escenario de una batalla librada entre Brestur, padre de Signmundur, y Gøtuskeggjar, terminando con la derrota del primero y su deportación a territorio noruego, donde entabló amistad con el rey Olaf Trygvasson (famoso por haber sido el introductor del cristianismo en el país y fundador de la ciudad de Trondheim).

El caso es que el ganado ovino que vivía en ese insólito lugar era autóctono y silvestre, y su presencia era anterior al siglo XIII que reseña la saga porque probablemente descendiera de las primeras ovejas llevadas al norte de Europa en el Neolítico.

Eran de lana negra y pequeña alzada, muy parecidas a las de la raza Soay que sigue habiendo en la isla homónima del archipiélago de Santa Kilda (un conjunto insular escocés situado al oeste de las Hébridas), lugar bastante parecido en tamaño y orografía a Lítla Dímun. Pero en ésta, el último ejemplar de oveja primitiva murió en 1860 y las actuales se introdujeron en la segunda mitad del siglo XIX.

Vista de la isla desde la vecina Hvalba/Foto: Erik Christensen en Wikimedia Commons

Al llegar el otoño la isla experimenta una inusual actividad, cuando Los ganaderos cruzan en barco desde los vecinos pueblos de Hvalba y Sandvík, trepan por los acantilados meridionales (que suben hasta la falda del monte Slættirnir) ayudándose de las citadas cuerdas y forman una cadena humana -unas cuarenta personas- para empujar al rebaño a la parte norte, de desnivel algo menos abrupto, y capturar quince de los dos centenares de ovejas, bajándolas hasta las embarcaciones en redes de pesca y trasladándolas al continente para su venta.

Esta pintoresca operación sólo es posible si la metereología ayuda, por supuesto, pues de lo contrario resultaría bastante peligrosa. Y si no, ahí esta el caso de la goleta Caspe, que naufragó en 1918 y sus seis tripulantes pudieron nadar hasta Lítla Dímun pero una vez allí se las vieron y desearon para conseguir trepar por las rocas, debiendo permanecer allí sobreviviendo a base de oveja y gaviota nada menos que diecisiete días antes de que la tormenta permitiera rescatarlos.

Las Islas Feroe con Lítla Dímun en rojo, entre Stóra Dímun y Suðuroy/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Esa hostilidad de la Naturaleza y del clima llevó a la corona danesa a decidir vender Lítla Dímun, dado que no veía la forma de sacarle provecho. Se sacó a subasta en Hvalba (localidad de la isla más meridional de las Feroe, Suðuroy) en 1852 y desde entonces ha tenido varios propietarios, de manera que hoy en día es la única isla privada de las Feroe.

El caso es que, como se ve, no sólo hay ovejas. Los cuatrocientos catorce metros de altitud del monte Slættirnir no sólo sirven para anclar las nubes bajas a su alrededor formando un iconográfico y fotogénico sombrero, sino también para que se haya instalado en sus paredes una importantísima colonia de aves marinas que usan las oquedades que la erosión forma en la roca para establecer sus nidos. Birdlife International calcula que allí crían unas cinco mil parejas de paíños europeos (Hydrobates pelagicus) y diez mil de frailecillos comunes (Fratercula arctica).

Por inaudito que parezca, de un tiempo a esta parte Lítla Dímun se ha convertido en objeto de atención del turismo ecológico y no sólo por la observación de aves. Algunas agencias locales organizan excursiones de un día a la isla un par de veces al año, en verano, trasladándose en barco desde Suðuroy.

La gracia está en subir los acantilados por las cuerdas, contemplar el amanecer y el atardecer (suponiendo que el tiempo lo permita), cantar y bailar temas folklóricos y hacer una comida campestre; es divertido el detalle de que no se permite alcohol para evitar que alguien se maree y caiga rodando ladera abajo.

Fuentes: Visit Suðuroy / Wikipedia