La historia del portugués que protagonizó la primera expedición científica a través de África

Mapa británico que muestra la ruta de Lacerda (ruta 4) / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Si bien el gran siglo de la exploración de África fue el XIX, ya antes hubo algunas expediciones, aunque generalmente tenían un carácter militar o económico en lugar del puramente científico.

Sin embargo, en el tramo final del XVIII, se organizó un viaje que no tenía más misión que la de atravesar el continente de oeste a este, tal cual glosaría mucho después Julio Verne, para documentar geográfica, zoológica y antropológicamente lo que se encontrara. Su responsable fue el portugués Francisco José de Lacerda y Almeida.

Este personaje parecía predestinado a protagonizar esa gesta desde pequeño. Nació en 1753 en Sao Paulo, una ciudad de Brasil creada a partir de una misión jesuita dos siglos antes y que por entonces vivía un momento de esplendor gracias al cultivo y comercio del azúcar. El joven Francisco era hijo de un militar emigrado que se casó con una noble local descendiente de bandeirantes y mineros enriquecidos gracias a los yacimientos de oro de Minas Gerais. Una familia que pudo permitirse enviar a su vástago a Europa, a estudiar en la prestigiosa Universidad de Coimbra, de donde salió en 1777 doctorado en Matemáticas y Astronomía.

Aún estaba en Portugal cuando recibió el encargo de realizar una serie de mediciones astronómicas para demarcar con exactitud las fronteras entre las capitanías de Río Negro y Mato Grosso con los territorios del Virreinato del Perú, perteneciente a la Corona española, ya que el Tratado de San Ildefonso establecía la devolución a España de la lindante Colonia de Sacramento (junto con las islas guineanas de Annobón y Fernando Poo) a cambio de Santa Catalina, una isla ubicada al sur del Brasil que había ocupado una escuadra enviada por Carlos III.

El Tratado de El Pardo firmado al año siguiente corroboró y concretó el anterior. Mientras, Lacerda y su amigo Antônio Pires da Silva Pontes Leme, que se había doctorado junto a él y era natural del lugar de destino, zarparon de Belem y, tras la travesía oceánica, se desplazaron hasta Vila Bela, en la citada capitanía del Mato Grosso para cumplir su misión.

Itinerario de Lacerda por África/Imagen: Cedope

Aquella estancia en la selva le sirvió a Lacerda para adquirir experiencia sobre el terreno y luego ampliarla, al recibir la orden extra de explorar y cartografiar las cuencas de los ríos Madeira, Mamoré-Guaparé y Paraguay. Eso le supuso pasarse una década en medio de la nada que le convirtieron en un veterano aventurero, un investigador que a su regreso a Sao Paulo publicó todas sus andanzas y descubrimientos en una obra titulada Diário da viagem do Dr. Francisco José de Lacerda e Almeida pelas capitanias do Pará, Rio Negro, Matto-Grosso, Cuyabá, e S. Paulo, nos annos de 1780 a 1790, ganándose ser nombrado miembro de la Academia Real das Ciências.

Ello le permitió viajar otra vez a Portugal e ingresar en la Real Academia das Guardas Marinhas, donde alcanzó el grado de capitán y fue profesor de nuevo junto a su compañero. Pero aún faltaba el episodio más importante de su carrera, aquel que le haría entrar en la Historia con letras de oro.

Y es que en 1797 se le confió el cargo de gobernador de Ríos de Sena, localidad de Zambezia, en la colonia de Mozambique. Portugal era dueña del África oriental desde 1498, cuando el periplo de Vasco de Gama hacia la India permitió fundar una serie de factorías comerciales que le dieron el control del territorio regado por el río Zambeze, que le da nombre, durante varios siglos hasta que primero los árabes y luego los británicos se lo fueron comiendo poco a poco.

Pero en el siglo XVIII aún mandaban los lusos y a ellos les cabe el honor de organizar la que está considerada primera expedición científica a través del continente negro, que debía enlazar la colonia oriental de Mozambique, en el Índico, con la occidental de Angola, en el Atlántico, abriendo rutas comerciales entre los valles de los ríos Luapula y Zambeze.

A la cabeza de cuatrocientos cincuenta hombres, Lacerda partió de Queilmane, la mayor ciudad de Zambezia, en octubre de 1797 y tres meses después llegaba a Tete, que sería su base de operaciones y donde estuvo hasta julio preparando minuciosamente la expedición. A continuación se puso en marcha, avanzando por más de mil trescientos kilómetros de selvas y sabanas hasta alcanzar el lago Moero, actual frontera entre Zambia y la República Democrática del Congo.

Después, en otoño de 1798, se adentró en el poderoso imperio de Lunda, que abarcaba un vasto territorio de casi doscientos cincuenta mil kilómetros cuadrados entre los dos países mencionados y el noroeste de Angola, sometiendo como tributarios a otros reinos importantes como el de Kazembe. El soberano de éste, Muata Lekeza, le recibió amistosamente.

Página del diario del viaje/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Pero apenas tuvieron tiempo de confraternizar un par de semanas, porque Lacerda llevaba ya tiempo enfermo -presumiblemente de malaria- y falleció unos días más tarde. Antes dejó por escrito el nombre del que debería sucederle en el mando, el clérigo Francisco João Pinto, al que encomendó la orden de continuar el viaje hasta Angola. No se cumplió; después de unos meses de descanso y recuperación en Kazembe los miembros de la expedición se negaron a seguir adelante y no hubo más remedio que emprender el regreso, aunque el sacerdote todavía se quedó allí un tiempo negociando la apertura de relaciones comerciales entre el reino y Portugal, antes de retornar también en 1799; dichos vínculos económicos se mantuvieron -con altibajos- durante las décadas siguientes, hasta 1832.

Al igual que había hecho en el Mato Grosso, Lacerda llevó un diario que se publicaría en Lisboa en 1844 acompañado del que aportó Francisco João Pinto sobre el trayecto de vuelta. Se titula Diário da viagem de Moçambique para os Rios de Senna. En 1873 se tradujo al inglés, editándose en Londres bajo el título The Lands of Cazembe: Lacerda´s journey to Cazembe in 1798 por iniciativa de sir Richard Burton, el célebre explorador y erudito, quien ensalzó la importancia científica que tuvo la odisea del portugués para todos los exploradores posteriores de ese área.

Fuentes: A history of Mozambique (Malyn Newitt) / Exploraciones secretas en África (Fernando Ballano Gonzalo) / A Universidade de Coimbra e o Brasil: percurso iconobibliográfico (José Pedro Paiva y José Augusto Cardoso Bernardes) / The Lands of Cazembe: Lacerda´s journey to Cazembe in 1798 (traducción al inglés de sir Richard Burton) / Wikipedia.