Los túmulos de Cracovia alineados con la salida del sol en Beltane

El túmulo Krakus / foto Shutterstock

Como ocurre con la mayoría de túmulos repartidos por buena parte de Europa, los dos que todavía se conservan en la ciudad polaca de Cracovia guardan más interrogantes que respuestas. Se les conoce por el nombre de Krakus (en polaco Krakusa) y Wanda (en polaco Wandy), y originalmente les hacían compañía otros cuatro túmulos menores que rodeaban al primero, pero que fueron demolidos durante el siglo XIX para levantar las murallas de la ciudad.

Krakus está situado a unos 3 kilómetros al sur del centro de Cracovia y tiene una altitud de 16 metros sobre el terreno circundante (271 sobre el nivel del mar) y una base de 60 metros de diámetro. Wanda se sitúa más al este, a unos 10 kilómetros del Krakus, y se eleva 14 metros sobre el entorno con una base de 50 metros de diámetro. Nada se sabe de quien pudo construirlos o que función pudieron tener, tampoco se ha logrado determinar su edad exacta, por lo que no está claro si son prehistóricos o de época más reciente.

Las excavaciones realizadas a mediados de la década de 1930 en el Krakus encontraron que el interior está formado por una estructura de madera recubierta posteriormente con tierra hasta darle su forma característica. También se hallaron objetos, como un cinturón de bronce encontrado en la parte baja del túmulo, que se dataron como pertenecientes a los siglos VIII-X d.C., lo cual indicaría una fecha relativamente reciente, por lo menos en cuanto al uso. No obstante algunos autores han propuesto los siglos II-I a.C. como fechas de referencia, atribuyendo a las construcciones un origen celta. Otros, como el profesor Wladyslaw Szafer, opinan que son obra de pueblos eslavos asentados allí a partir del siglo VII d.C.

Excavación arqueológica en el Krakus en 1933 / foto  Dominio público en Wikimedia
Excavación arqueológica en el Krakus en 1933 / foto Dominio público en Wikimedia

Ambos túmulos están asociados a sendas leyendas relacionadas con reyes mitológicos, recogidas por el cronista medieval Jan Dlugosz. En el caso del primero sería la tumba del legendario rey Krak o Krakus, mientras que el segundo sería la de la princesa Wanda, quien se habría suicidado arrojándose al río Vístula. Este último túmulo fue inspeccionado en 1913 por vez primera, y luego de nuevo a mediados de la década de 1960. En ninguno de los dos los arqueólogos encontraron restos de enterramientos.

Sin embargo los investigadores han podido comprobar que, al igual que otras estructuras antiguas como Stonehenge o el Cromlech de Nabta Playa, ambos túmulos no se levantaron de manera aleatoria, sino que su situación responde a cuestiones astronómicas. Así, si nos situamos en la cima del Krakus mirando hacia el Wanda durante el amanecer el día de Beltane (la segunda fiesta celta en importancia, que celebraba el inicio del verano pastoral, más o menos a comienzos de mayo), veremos el sol aparecer justo por encima de éste. Y si nos situamos en lo alto del Wanda al anochecer, veremos que el sol se pone en línea recta tras el Krakus.

El túmulo Wanda / foto Mach240390 en Wikimedia
El túmulo Wanda / foto Mach240390 en Wikimedia

El túmulo Wanda está hoy coronado por un monumento levantado en 1890 que representa un águila sobre un pedestal decorado con una espada y una rueca, que lleva la inscripción Wanda.

Fuentes: Jan Marian Małecki: A history of Kraków for everyone / Krakus and Wanda Mounds, Krakow / Wikipedia