No cabe duda de que el hijo más famoso de Transilvania fue Vlad Tepes, el famoso Empalador que inspiró a Bram Stoker para el protagonista vampiro de su novela Drácula. Pero si exceptuamos a Vlad, seguramente el segundo de la lista sería el conde de Saint Germain, aún cuando los datos que tenemos sobre su biografía son tan escasos e inconcretos que en torno a su figura se ha tejido una densa red de leyendas que no hacen sino complicar la cosa… y hacerla más sugestiva, hay que admitirlo.

Por no saber ni siquiera sabemos su nombre, aunque algunos especulan con que era hijo del príncipe húngaro Francisco Rákóczi II, que gobernó Transilvania entre 1704 y 1711 tras la incorporación de este principado a Austria por el Tratado de Karlowitz de 1699. Tampoco hay noticias de que fundara una familia o tuviera descendencia. De hecho, aunque se cree que nació en 1694, documentalmente no aparece en la Historia hasta 1740, cuando ya era un adulto cuarentón y se movía en los círculos de la alta sociedad vienesa.

Francisco Rákóczi II
Francisco Rákóczi II

Luego se dijo que su juventud la pasó con los Médici, aunque parece que se trata de una conjetura. Una más, ya que a este personaje se le suele confundir y mezclar con Robert-François Quesnay de Saint Germain, un célebre ocultista del siglo XVIII; al fin y al cabo, el propio conde practicó esas artes, como veremos. Lo que sí es cierto es que su educación era excelente, pues componía y tocaba el violín, hablaba una docena de idiomas, probablemente fruto de una intensa afición viajera por Europa y países exóticos africanos y asiáticos, y tenía conocimientos enciclopédicos, defendiéndose casi en cualquier tema. Ello, junto con una elegancia y modales exquisitos, le supuso cierto prestigio en los salones del momento, algo que se acrecentó cuando, haciendo gala de lo que había aprendido de medicina, consiguió sanar a un mariscal francés gravemente enfermo. Éste, agradecido, se lo llevó a París y puso a su disposición un laboratorio de alquimia, actividad que por entonces se consideraba científica y se practicaba en la mayor parte de las cortes bajo la protección de nobles y monarcas.

El conde de Saint Germain
El conde de Saint Germain

En la capital gala se consolidó su fama y empezaron a circular las primeras leyendas en torno a su edad: al parecer, una anciana aristócrata creyó reconocerle recordando un episodio de juventud y, dado que el conde aparentaba medio siglo menos que ella, se rumoreó que en sus experimentos había dado con la clave para mantenerse siempre joven y que en realidad era centenario. Él, astuto, no sólo no lo desmintió sino que siempre fomentó hábilmente esas habladurías que envolvían su persona en un atractivo halo de misterio, asegurando poder fabricar diamantes o dominar la Naturaleza, igual que empleaba diferentes nombres e inventaba capítulos de su biografía, algunos alucinantemente fantásticos. No es de extrañar que incluso el crápula del momento, el famoso Giacomo Casanova, le describiera como “rey de los impostores”.

Semejante currículum le perfilaba como candidato idóneo para ejercer labores de espionaje y, en efecto, una carta inglesa fechada en 1746 reseña el arresto en Londres de un tal conde de Saint Germain que admite usar nombre falso, se desconoce su procedencia y no parece estar en sus cabales. Los estudiosos de su vida opinan que había viajado a Gran Bretaña por encargo de Luis XV para apoyar a Bonnie Prince Charlie (Carlos Estuardo) en la rebelión jacobita desatada a finales del año anterior y que terminó en fracaso. Curiosamente, al conde se le dejó en libertad. De hecho, a su regreso a París se incorporó a la corte de Versalles y en 1760 fue designado para otra misión, ésta de carácter diplomático, en Holanda.

Retrato de Giacomo Casanova, adversario del conde Saint Germain
Retrato de Giacomo Casanova, adversario del conde Saint Germain

Más concretamente en La Haya, donde bajo el nombre de conde de Surmont debía conseguir apoyo económico para financiar la guerra con Inglaterra. Saint Germain aprovechó su estancia para enriquecer tanto su bolsillo como su fama, comercializando los fármacos que inventaba y con los que se podía curar prácticamente toda enfermedad. Y así, aunque tuvo problemas con varios personajes como el citado Casanova o el canciller francés (quien le hizo caer en desgracia ante el Rey)-, el aura legendaria del conde continuó creciendo: se dijo que había conspirado junto a Catalina la Grande para ponerla en el trono ruso, que ingresó en la francmasonería y alcanzó el cuarto grado, que fue uno de los pilares ideológicos de los Iluminati de Baviera, que siempre viajaba con dinero o joyas encima por si debía huir precipitadamente, que mantuvo una relación amorosa con madame de Pompadour y advirtió a Luis XVI de una posible revolución sin ser escuchado…

La batalla de Culloden, uno d elos episodios clave del levantamiento jacobita. Óleo de David Morier.
La batalla de Culloden, uno d elos episodios clave del levantamiento jacobita. Óleo de David Morier.

También era un rumor común que había conseguido el secreto de la inmortalidad, existiendo desde hacia milenios, conociendo a Jesucristo e identificándosele con diversos personajes de la historia, desde San José a Colón; los hechos desmienten tan insólito bulo porque el conde de Saint Germain falleció en febrero de 1784 en Eckernförde (Schleswig), donde se estableció en la última etapa de su vida tras ir saltando rocambolescamente de país en país, a menudo escapando de algún chanchullo. Pero, siendo cierto que él mismo daba pábulo a las leyendas asegurando que había estado presente en las bodas de Caná o en el Concilio de Nicea, por citar sólo algunos ejemplos estrambóticos, también lo es que estos disparates fueron recogidos y relanzados muy posteriormente a su época, entre el último cuarto del siglo XIX y el primer tercio del XX, cuando algunas sociedades esotéricas estadounidenses se declararon albaceas y continuadoras de su legado teórico.

Misterioso conde Saint Germain

Y es que Saint Germain dejó para la posteridad un libro titulado La santísima trinosofía -se le atribuyen otros pero erróneamente e incluso la autoría de éste es polémica-, un texto de contenido gnóstico y cabalístico estructurado en doce capítulos (uno por cada signo del Zodíaco) que termina con un párrafo significativo para entender el porqué de su mito: “Tomé la espada y golpeando el sol lo reduje a polvo, luego lo toqué y cada molécula se transformó en un sol de oro semejante a aquel que yo había roto. “¡La obra es perfecta!”, exclamó al instante una voz fuerte y melodiosa. A ese grito los hijos de la luz se apresuraron a reunirse conmigo. Las puertas de la inmortalidad me fueron abiertas, la nube que cubre los ojos de los mortales se disipó, yo vi, y los espíritus que presiden los elementos me reconocieron como su maestro”.

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