La espeluznante historia de Richard Chase, el Vampiro de Sacramento

Ficha policial de Chase en Nevada

Las navidades de 1980 le trajeron una sorpresa al celador del penal de San Quintín cuando el día 26 de diciembre corrió a dar la alarma y solicitar la presencia urgente de un equipo médico en una de las celdas. Su ocupante estaba inerte sobre el camastro y los sanitarios no pudieron sino certificar la muerte por sobredosis, paradójicamente causada por fármacos antidepresivos que la propia enfermería de la cárcel le dispensaba y él había ido guardando pacientemente para suicidarse y evitar la cámara de gas. Se trataba de Richard Trenton Chase, quien apenas tres años antes acaparase la atención de los medios con el sobrenombre de el Vampiro de Sacramento.

No era el único mote que Chase tuvo en ese sentido. Los internos del manicomio de Beverly Manor, donde había estado ingresado en su juventud, le apodaban Drácula por su afición no sólo a matar animales (perros, gatos, conejos, pájaros) sino a aprovechar su sangre, unas veces bebida y otras inyectada; de hecho, esta última afición fue la que le llevó a ser hospitalizado y puesto bajo supervisión psiquiátrica: Chase aseguraba que su corazón se estaba encogiendo y terminaría por desaparecer, de ahí la inaudita cura sanguínea que se autoaplicaba. En realidad, fueron varias las instituciones mentales por las que pasó, ya que además empeoraba su estado con diversas adicciones.

Richard Trenton Chase el Vampiro de Sacramento

Su desequilibrio era patente desde la infancia, manifestando síntomas típicos como eneuresis, piromanía y crueldad con los animales, habiendo sufrido abusos sexuales por parte de su madre. Nació el 23 de mayo de 1950 en Santa Clara, California, y al alcanzar la adolescencia entró de lleno en el mundo del alcohol y las drogas, que no hicieron sino agravar sus desvaríos. Paranoia e hipocondria se entrecruzaban, la primera haciéndole ver persecuciones omnipresentes y la segunda imaginar que su cráneo se deformaba (se rapó el pelo aspirando a ver cómo el hueso le perforaba la piel); combinando ambas, una vez se presentó en el hospital denunciando que le habían robado la arteria pulmonar.

Sin embargo, ningun centro mental tomó medidas más allá del diagnóstico. Independizado de su madre, compartía un apartamento con varios amigos que terminaron marchándose, hartos de verle pasear desnudo por la casa y de su abuso in crescendo de marihuana, LSD y bebidas alcohólicas. La soledad acentuó el problema y empezaron a desaparecer las mascotas de los vecinos; fue entonces cuando tuvo que ser ingresado de urgencia por inyectarse sangre de conejo y cuando los psiquiatras le detectaron esquizofrenia paranoide, administrándole un tratamiento que le permitió salir en 1976.

Foto de juventud de Chase
Foto de juventud de Chase

Pero no había mejorado en absoluto. A mediados de 1977 seguía diciendo que alguien le robaba la sangre y recuperó su sistema animal para sustituirla. Un año más tarde volvió a ser detenido al pasearse sin ropa por Pyramid Lake, Nevada, embadurnado en la sangre de una vaca que previamente había matado. La elección de un animal tan grande constituyó un preludio de lo que se iba a desatar pocos meses después: dar el paso hacia las víctimas humanas.

Así, el 29 de diciembre, residiendo en Sacramento, disparó desde su coche contra un peatón, un ingeniero padre de familia llamado Ambrose Griffin, con un revólver que había adquirido días antes. Unas semanas después, el 23 de enero de 1978, mientras la policía aún investigaba el crimen, Chase intentó allanar el domicilio de una mujer y, frustrado por no conseguirlo, se cebó con la joven Theresa Wallin, a la que no sólo tiroteó mientras tendía la ropa en el jardín sino que la remató acuchillándola varias veces, mutilándola y esparciendo sus entrañas antes de beber la sangre mediante un vaso de yogur vacío, untarse con la sangre y defecar en su boca. Theresa, de veintidós años, estaba embarazada.

Theresa Wallin, la primera víctima
Theresa Wallin, la primera víctima

Chase se había zambullido en una espiral de violencia incontenible; estaba desbocado, como se titularía una película que William Friedkin (el director de El exorcista) haría en 1988 inspirándose en su caso, y no aguantó más de cuatro días antes de volver a matar. El 27 de enero entró en una vivienda y asesinó a Evelyn Miroth, a su amigo Danny Meredith, a su hijo de seis años Jason y a su sobrino David, que tenía veintidós meses y lloraba en una cuna. Chase repitió su demencial comportamiento anterior, violando y destripando los cadáveres, extirpando el cerebro de Jason y bebiendo la sangre. La llegada de una amiga del niño le hizo huir precipitadamente con el cuerpo del bebé, que sería encontrado un par de meses después.

Richard Cchase el Vapiro de Sacramento

Las numerosas huellas que el asesino dejó por toda la casa y la declaración de algunos testigos que le reconocieron al escapar llevó a su detención. La policía entró en su apartamento al día siguiente y el espectáculo fue espeluznante: por todas partes había restos humanos, un cerebro a medio devorar esperaba en la cocina, en la nevera se guardaban frascos con vísceras y la licuadora rezumaba sangre. Todo ello alternado con excrementos, recortes de prensa sobre célebres pychokillers, parafernalia nazi, revistas de ufología… El Vampiro de Sacramento no negó nada; al contrario, en su estrambótica confesión afirmó que había una conjura para asesinarle en la que estaban implicados sus padres, Frank Sinatra, Hugh Heffner, la Mafia y «los alemanes».

En el juicio, pese a que se trataba de un caso claro de demencia -esquizofrenia paranoide aguda-, seguramente pesaron demasiado los horrores cometidos y más con niños de por medio. El jurado consideró que el acusado había planificado sus acciones y que era capaz de distinguir el bien del mal. Y así, aunque algunos criminólogos del FBI como el prestigioso Robert Ressler (el creador del término serial killer, asesino en serie) protestaron porque consideraban que alguien así debía ser mantenido con vida y estudiado para saber cómo actuar en otros casos, Richard Trenton Chase resultó condenado a muerte. Como vimos al principio, él mismo se encargó de ejecutar la sentencia.

Robert Ressler
Robert Ressler