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Huellas de tormentas solares pueden ayudar a datar con precisión sucesos históricos


Los arqueólogos creen haber descubierto una nueva forma de fechar con precisión sucesos y construcciones desde la Prehistoria, analizando las huellas dejadas por grandes tormentas solares en bosques y campos de todo el planeta durante los últimos 5.000 años. El método podría ayudar a los investigadores a establecer fechas precisas a monumentos como las Pirámides de Guiza o Stonehenge, y a sucesos como la llegada de los vikingos a América o el colapso de la civilización Maya.

El estudio, publicado por investigadores de la Universidad de Oxford en Royal Society Journal Proceedings A, explica cómo los árboles que crecieron en el momento de producirse intensos episodios de radiación solar contienen marcadores temporales en sus anillos. El análisis de estos marcadores a escala global podría revolucionar el estudio de las antiguas civilizaciones, para cuyos sucesos se barajan actualmente horquillas de cientos de años.

Los árboles y plantas que fueron expuestos a estas tormentas solares contenían en sus anillos altos niveles del isótopo radioactivo Carbono-14 que se corresponden con las fechas de las tormentas solares, y pueden ser rastreados en la madera de construcciones, en papiros, o cestas realizadas con materiales orgánicos.

Se sabe que hubo dos grandes tormentas solares, una en el año 775 y otra en el 994 d.C. que produjeron una alta concentración de radiocarbono en los árboles de aquella época. El descubrimiento lo realizó en 2012 el científico japonés Fusa Miyake, quien identificó elevados niveles de Carbono-14 en un grupo de anillos de árboles que se sabe con exactitud que pertenecían al año 775 d.C. Posteriormente un equipo de Oxford identificó otro evento solar, de manera similar, en el 994 d.C.

Anillos / foto Shutterstock

Ahora los investigadores proponen la creación de una nueva ciencia, la Astrocronología, una técnica que permitiría conectar sucesos históricos del antiguo Egipto, la civilización maya o la Edad del Bronce con precisión dentro de las horquillas cronológicas. Hasta ahora, y a pesar de que, por ejemplo, el calendario Maya abarca unos mil años, los investigadores han sido incapaces de conectar cualquier suceso con fechas concretas del calendario Gregoriano europeo. De hecho la primera fecha exacta que se conoce para la historia de América es la llegada de Colón en 1492.

En el estudio se describe el empleo de un modelo matemático para detectar las tormentas solares en los anillos de los árboles del material disponible desde hace miles de años. Dado que los marcadores estarían disponibles en cada planta viva o árbol existente en el momento de la radiación, el material disponible se encuentra en objetos realizados con madera, papiros, o construcciones antiguas cuya madera haya sobrevivido.

El problema es que los datos de los anillos solo están disponibles en bloques de décadas, por lo que el documento propone el empleo de un modelo matemático que filtre años particulares con el fin de identificar los picos de radiocarbono.

En la actualidad los arqueólogos tienen que confiar en las evidencias materiales, relativamente escasas, para datar la historia de la civilización occidental antes del año 763 a.C., y de la civilización china antes del 841 a.C. Dependen de registros de fenómenos astronómicos raros, como el eclipse solar durante el reinado de Ashur Dan III de Asiria, para datar acontecimientos históricos. Sin estos registros hay que recurrir a la datación por radiocarbono estandar, cuya precisión varía de 200 a 300 años naturales. El hallazgo y análisis de marcadores dejados por tormentas solares en evidencias arqueológicas atribuibles a períodos concretos, podría ser utilizada para anclar definitivamente la fecha en que sucedieron los acontecimientos.