E Clampus Vitus, la sociedad histórica más estrambótica de Estados Unidos

Miembros de un capítulo antiguo. Atención al cachondeo que parecen tener.

Si te gusta la historia oculta -inventada, incluso-, tienes un gran sentido del humor hasta el punto de no tomarte en serio a tí mismo, eres un friki irredento y vives en Estados Unidos, no lo pienses más: solicita inmediatamente tu ingreso en ECV, siglas de The Ancient and Honorable Order of E Clampus Vitus (Antigua y Honorable Orden de E Clampus Vitus). Y si te aceptan, pues normalmente sólo se accede por invitación y tras superar -aguantar más bien- unos ritos de iniciación esperpénticos (colgarte de una polea con los ojos vendados para dejarte caer en una tina de agua, bajar una escalera en una carretilla sentado sobre una esponja mojada o cualquier otra cosa rara que se les ocurra), ya puedes dar rienda suelta al cachondeo y el estrambote; todos brindarán por tí, nuevo hermano, porque además la bebida es fundamental en esta inaudita sociedad y tienes que invitar a todos a un ronda.

Según su propia definición, la E Clampus Vitus es una fraternidad dedicada al estudio de la historia y el patrimonio de la parte oeste de Estados Unidos -con especial atención a aquel capítulo que englobamos bajo el epígrafe la Fiebre del Oro– y con sedes en varios estados como California, Nevada, Arizona, Colorado, Utah, Washington, Idaho y Oregon, entre otros sitios. Sin embargo ya he dicho que sus miembros, los clampers, se toman a broma, como demuestra su lema Credo Quia Absurdum (Lo creo porque es absurdo), tomado del argumento esgrimido por Tertuliano para aceptar el cristianismo por encima de cualquier evidencia racional.

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Por eso son miembros de honor personajes tan variopintos e insólitos como Adán (el patriarca de los clampers), Gene Autry (cantante y actor de westerns primigenios), Ulysses Grant (militar y presidente de Estados Unidos pero que figura en la lista por su afición a la bebida), Francis Drake (del que la sociedad avaló el descubrimiento arqueológico en 1936 de una placa del corsario en la que reclamaba California para Inglaterra y que en realidad era un montaje humorístico de los propios clampers), el irreverente escritor Mark Twain (autor de una novela muy apropiada, Un yanqui en la corte del rey Arturo) o Joshua A. Norton (un comerciante famoso porque en 1859 se autoproclamó Emperador de Estados Unidos y Protector de México). También figura en la lista Ronald Reagan, dicho sea sin segundas.

¿Cómo nació esta organización tan singular? Según su propia leyenda, el origen se remonta al año 1845, cuando el posadero Ephraim Bee aseguró haber recibido la comisión de difundir y dar a conocer The Ancient and Honorable Order of E Clampus Vitus. Según dijo, el encargo procedía del emperador de China nada menos. Una estatua de una abeja (bee significa abeja en inglés) recordaba ese momento en la sede de Virginia, aunque se perdió a finales del siglo XIX por una inundación. Bee fue capitán durante la Guerra de Secesión y colaboró en el funcionamiento del famoso Ferrocarril Subterráneo, la red clandestina que facilitaba la huida de esclavos del Sur al Norte.

Ephraim Bee
Ephraim Bee

Al margen de estas anécdotas, parece ser que la orden hizo aparición también por oposición y burla a las establecidas oficialmente (Masonería, Elks, Odd Fellows…), mucho más elitistas y sin posibilidad de acceso para la gente humilde pues, al fin y al cabo, los primeros miembros eran simples mineros: E Clampus Vitus admitía a cualquiera que fuera mayor de edad e incluso se intentó extender la sociedad hasta México en un gesto de reconciliación tras la guerra en la que el país hispano perdió más de la mitad de su territorio por el Tratado de Guadalupe-Hidalgo; llegó a establecerse una sede en Chapultepec pero los archivos se perdieron y no se sabe apenas nada al respecto.

El nacimiento de E Clampus Vitus tampoco era un rara avis, pues en aquellos tiempos de logias y sociedades secretas se fundaron otras de carácter paródico como Los Hijos de Malta o los Caballeros del Círculo Dorado. Algunos historiadores apuntan a que ECV surgió en los estados del sur antes de consolidarse en California y que su creador fue Joseph H. Zumwalt pero lo único seguro es que tuvo lugar a mediados de siglo. Por lo demás, incluso en la web oficial es difícil determinar qué es verdad y qué socarronería. Zumwalt puede haber sido el organizador de los aspectos formales: aportar un poco de oro en polvo para ingresar (prescindible si el candidato no tenía medios) y un escalafón jerárquico presidido por el Gran Humbug Supremo al que siguen otros cargos de nombres extravagantes como Noble Grand Humbug, Roisterous Iscutis, Grand Imperturbable Hangman, Clamps Vitrix y Royal Gyascutis.

Una imagen actual.
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Se reúnen cuando hay luna llena en el salón llamado Comparative Ovations y tienen por bandera una falda de aro decimonónica con la jocosa divisa bordada Ésta es la bandera bajo la que luchar. Su vestuario ceremonial hay que verlo para creerlo: camisa roja con trozos de chapa de lata de conserva cosidos (es lo que se llama «llevar la lata»), sombrero negro y pantalones vaqueros. Pese al tono de coña general, la hermandad se ocupa de los miembros enfermos o en apuros económicos, así como de sus viudas y huérfanos, recordando los tiempos en que atravesaban grandes montañas para auxiliar a los mineros que trabajaban en sitios lejanos y quedaban aislados al llegar el invierno.

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The Ancient and Honorable Order of E Clampus Vitus desapareció tras la Guerra de Secesión pero fue refundada en 1930 en California por el abogado e historiador Carl Irving Whea y sus amigos G. Ezra Dane y Leon O. Whitsell, que quisieron añadirle un matiz más cultural, de estudios de Historia; sin renunciar al cachondeo y a la bebida, eso sí. Al parecer lograron contactar con un miembro de la orden original y, así, pudieron recuperar ritos, mitos y demás. A partir de ahí, la hermandad volvió a expandirse, de manera que hoy suma decenas de miles de integrantes y más de medio centenar de sedes, siendo una de sus actividades habituales la colocación in situ de placas que reseñan acontecimientos históricos: unos serios, como en el Indian Star, el barco mercante de casco de hierro más antiguo que existe, y otros no tanto, caso del 50º aniversario de Godzilla (aunque los clampers seguramente dirán que es al contrario).

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