Aphra Behn, la espía que se convirtió en la primera escritora profesional inglesa de la historia

Aphra Behn con treinta años, en un lienzo de Mary Beale

Una historia de aventuras, viajes y espionaje siempre es interesante. Más todavía si su protagonista es una mujer en un contexto histórico en el que su sexo no pintaba mucho, como el siglo XVII, y ella misma cuenta sus experiencias. Éste es el planteamiento para echar una mirada a la azarosa -y por ello apasionante- vida de Aphra Behn, a la que además se considera la primera escritora profesional, cronológicamente hablando, de su país.

De hecho, dado que su biografía está llena de puntos oscuros que ella misma se encargó de crear para ocultar lo que consideraba que debía permanecer ignoto, su faceta literaria es la más conocida. Y es que no se limitó a escribir una única obra pues su producción suma una treintena de libros entre novelas, obras teatrales, poemas y relatos cortos, unos en prosa y otros en verso, unos dramáticos y otros cómicos; todos de ficción pero, curiosamente, alguno basado en situaciones reales que ella misma había vivido.

Aphra Behn escritora espia inglesa siglo XVII

La falta de información incide especialmente sobre sus primeros años. Se sabe que nació en Wye, condado de Kent, en 1640, hija de un barbero y una nodriza, aunque ella siempre decía descender de una familia aristocrática, seguramente para poder alternar con la alta sociedad. Ello no explica, sin embargo, ni su conocida prestancia ni su exquisito genio literario. Por entonces su apellido era Johnson y realizó un viaje familiar a la Guayana holandesa (hoy Surinam), donde vio de cerca la terrible realidad de la esclavitud e incluso dijo haber conocido a uno de los líderes negros que se habían rebelado contra ese sistema.

Hay muchas dudas sobre la veracidad de ello -es más, no se tiene noticia de ninguna revuelta, como tampoco su padre fue nombrado gobernador, como ella aseguraba-, pero el caso es que ése fue el germen de Oroonoko o el esclavo real, su novela más famosa; si bien no tuvo verdadero éxito hasta que fue adaptada al teatro en 1696, apenas dos años antes de la muerte de su autora, ha pasado a la historia por ser considerada la primera creación literaria antiesclavista, aún cuando Aphra probablemente no cuestionaba la existencia de la institución sino sus condiciones. Para entonces ya había escrito la mayor parte de su producción, pero no llegó a conocer a fondo las mieses del triunfo propiamente dichas porque éste vino más adelante, cuando se revisó su obra, y hasta entonces tuvo que conformarse con ser considerada una escritora popular y libertina.

Retrato de juventud de Aphra Behn
Retrato de juventud de Aphra Behn

A su regreso de América, en 1664, se casó con el rico comerciante hamburgués Johan Behn (que entre sus negocios incluía el tráfico de esclavos), del que tomó el apellido. Quedó viuda al año siguiente sin volver a contraer matrimonio más; quizá ya no lo necesitaba, puesto que merced a su fortuna había logrado escalar económica y socialmente, viviendo a cambio múltiples aventuras amorosas con hombres y mujeres. Gracias a su nueva y acomodada posición, Aphra entró en la corte y manifestó su adhesión a los Estuardo, en un momento en el que los Orange eran pretendientes a la corona inglesa.

Ello resultó decisivo para que en 1667 el rey Carlos II, ya en guerra con Holanda, la reclutara y la enviara a Amberes como espía. Su misión era averiguar si eran fiables las informaciones que proporcionaba sobre el ejército enemigo un infiltrado escocés llamado Thomas Scot, del que se sospechaba que era agente doble por ser hijo de un regicida. Aphra cambió su nombre por el de Astrea y se las arregló para trabar con él una amistad que no hace falta imaginar en qué derivó; gracias a esa ausencia de escrúpulos realizó su cometido y exoneró a Scot, quien al final moriría en Londres por la peste.

Aphra Behn escritora espia inglesa siglo XVII

Pero el trabajo de Aphra no fue valorado en su justa medida. Se rumoreó que estaba enamorada de Scot y, en cualquier caso, su estancia en tierra enemiga resultó demasiado onerosa para el erario por el tren de vida desarrollado, así que el gobierno británico no sólo ordenó su retorno sino que le pagó una miseria con la que no pudo cubrir las deudas contraídas. La espía dio con sus huesos en la cárcel; o eso contó, ya que, como en tantos otros episodios de su vida, no hay evidencias documentales. El caso es que, con prisión o sin ella, Aphra estaba arruinada y eso fue un golpe de suerte para la literatura.

En efecto, para poder salir adelante empezó a escribir para las compañías teatrales King’s Company y Duke’s Company, alumbrando en 1670 su primera obra, The forced marriage, a la que siguieron Amorous prince y The dutch lover, este último de significativo título. El público estaba deseoso de asistir a funciones con el levantamiento de la proscripción decretada antes por Cromwell, y Aphra dedicó un tiempo a la pluma en aquel género con un estilo picaresco y subido de tono. No obstante, con el tiempo también practicaría otro de cariz político, siempre apoyando a los tories.

El rey Carlos II
El rey Carlos II

Es posible que volviera a ejercer funciones de espía en un nuevo viaje, pues entre 1673 y 1676 hay otro paréntesis del que no sabemos nada, pero la cosa se queda en mera especulación. El caso es que luego reaparece con otro libro, Abdelazer, una adaptación de una tragedia anterior titulada Lust’s dominion y al que dos décadas después el compositor Henry Purcell puso música. Aphra ya formaba parte del mundo literario y se codeaba con algunos de los mejores escritores ingleses de su tiempo, aunque otros no la tomaban en serio.

Siguió publicando incansablemente, estando entre los artistas más prolíficos de su tiempo, intentando mejorar un precario estatus económico que en la práctica sólo podía afrontar gracias al apoyo de algunos aristócratas. En 1689 estallaba la Revolución Gloriosa que derrocó a Jacobo II a manos de Guillermo Enrique de Orange y los parlamentaristas whig. Quizá ello fue demasiado para aquella escritora de cuarenta y nueve años que militaba en el bando contrario, el de los absolutistas Estuardo y el catolicismo, falleciendo ese mismo año. Sus obras aún se representan en los escenarios británicos.

Jacobo II y Guillermo Enrique de Orange
Jacobo II y Guillermo Enrique de Orange