La casa y los jardines de Monet en Giverny

Jardines casa museo Monet Giverny

Los pintores impresionistas, tan denostados en su época que hasta el nombre genérico del estilo era despectivo originalmente, después no sólo fueron unánimemente aplaudidos sino que hoy siguen siendo los favoritos del público mayoritario. Luego, cada cual tiene su favorito y Monet suele figurar en esa lista; por eso a los devotos de sus obras, y del arte en general, no les defraudará una visita a la localidad de Giverny.

Porque en este pequeño pueblo de poco más de medio millar de habitantes se conserva la casa museo del maestro, un lugar donde vivió durante décadas y que inmortalizó en muchos cuadros, con especial atención a los frondosos jardines que la rodeaban y que aún se pueden contemplar casi exactos a cómo fueron plasmados en lienzo: árboles, un puente japonés, flores y, sobre todo, el famoso estanque de nenúfares.

Giverny se halla en la Alta Normandía, en la confluencia del Sena con el Epta; un sitio al que se puede hacer con facilidad una escapada desde París, ya que la capital francesa se encuentra sólo a ochenta kilómetros. Monet eligió ese lugar para instalarse en 1883 y allí permaneció hasta su fallecimiento en 1926, pasando años de trabajo y estrecheces económicas pese a su éxito profesional. Su cuerpo aún está enterrado en el cementerio local.

La casa, por la que pasaron de visita muchos de sus colegas impresionistas como Renoir, Cézanne, Sisley o Pisarro, fue restaurada y abierta al público en 1980. Catalogada como Monumento Histórico y administrada por la Foundation Claude Monet, recibe cada año a medio millón de personas, ansiosas de ver el taller donde trabajaba el pintor, la cocina (que conserva el menaje de cobre de la época), los dormitorios y demás dependencias, así como los muebles y la colección de estampas japonesas.

Ahora bien, nada como el paseo por los espléndidos y exuberantes jardines, que constituyen el momento álgido para los curiosos; sobre todo cuando llega el buen tiempo y florece en una sinfonía cromática. La hiedra que recubre la fachada, los sauces llorones, las glicinas, azaleas, rosas, peonías, así como los nenúfares flotando plácidamente en el agua, forman esa extraordinaria y vívida visión y parecen casi menos reales que los retratados por Monet.