Los infiernos de Beppu, la ciudad japonesa que humea constantemente

Kyushu es una de las islas que componen el archipiélago japonés, la cuarta en tamaño de las principales, con 35.640 kilómetros cuadrados, por detrás de Honhsu (230.510) y Hokkaido (83.450), sin contar Sajalí porque hoy no pertenece a Japón sino a Rusia. Sin embargo es la segunda más poblada con casi 13 millones y cuarto de habitantes. Si enumero estas cifras es para resaltar el hecho de que toda esa gente vive sobre un suelo hirviente sin que parezca preocuparle lo más mínimo.

Efectivamente, el subsuelo insular tiene una intensísima actividad geotérmica cuyo origen está en el Monte Aso, el mayor volcán activo del país y de los más grandes del mundo. Rematado por 5 picos que alcanzan una altitud de 1.592 metros y envuelven una enorme caldera de 114 kilómetros de diámetro, no sólo resulta bello a la vista sino que proporciona un aporte mineral tan rico a las tierras que lo rodean, que constituyen excelentes pastizales para el ganado bovino y equino.

La caldera del Monte Aso
La caldera del Monte Aso

No es ésa, sin embargo, el principal motor económico de una isla donde se sitúan algunas de las ciudades niponas más dinámicas, como Fukuoka, Nagasaki, Kitakyushu y Oita, entre otras, sino la industria pesada, la producción de porcelana y seda y, sobre todo, el turismo. Éste último llega a la isla atraído no sólo por la posibilidad de llegar relativamente rápido desde Tokio y otros puntos nacionales por el tren bala, sino también embarcar hacia Okinawa (Kyunshu está en el extremo sur) y visitar el punto donde explotó la segunda bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.

Ahora bien, si hay algo que sirve de acicate para los viajeros es la citada actividad geotérmica que late bajo tierra convirtiendo todo el territorio insular en un lugar hirviente que, al aflorar a la superficie en numerosos puntos, da lugar a un buen puñado de manantiales termales naturales llamados jigokus, traducible por algo así como infiernos, a causa de las aguas humeantes que los caracterizan con sus altas temperaturas. Los jigokus, como se puede deducir, no son aptos para el baño salvo que uno quiera escaldarse, pero resultan muy vistosos para el público.

Los 3000 manantiales geotermales isla japonesa Kyushu

La pequeña ciudad de Beppu, ubicada en una bahía de la costa este que tiene dos volcanes apagados como telón de fondo, es el punto más espectacular de ese fenómeno, con casi 3.000 salidas de aguas termales que vomitan 130.000 toneladas diarias de agua; una cantidad que sólo es superada por el Parque Nacional de Yellowstone (Estados Unidos) y que producen el efecto óptico de que la urbe está sumida en un gigantesco incendio.

En Beppu hay 8 jigokus, conocidos popularmente como los 8 infiernos de Beppu, cuyas temperaturas se sitúan entre 50º y 99,5º nada menos, pero eso no quiere decir que esos pozos resulten inútiles: mediante la debida canalización y enfriamiento parcial, los japoneses los utilizan para tener agua caliente en hogares y negocios, además de usarse también en otras funciones como terapia, ocio e incluso investigación.

El Chinoike Jinoku
El Chinoike Jinoku

Se trata, en suma, del mayor complejo del planeta de aguas termales. El más destacado de esos jigokus es el de Chinoike, nombre que alude al color rojo del agua que produce su alto contenido de óxido de hierro y óxido de magnesio. Un color que constrasta con el de Umi, que es azul cobalto, aunque tenga pozos secundarios anaranjados. Su nombre responde a un demonio marino, lo que es curioso porque el de otro jigoku, el Oniishibozu, viene a significar algo parecido pero con un matiz extra: cabezas de monjes del infierno, a causa de las burbujas que se forman en su superficie de lodo.

Una de las características "cabezas de monje"
Una de las características «cabezas de monje»

El tema infernal es recurrente. El jigoku Shiraike significa infierno del estanque blanco, debido a que sus aguas tienen un tono lechoso a causa de la mezcla de ácido bórico, sal, silicato de sodio y bicarbonato de calcio. Los jigokus Kamado, Yama y Tatsumaki completan ese conjunto que cuenta con elementos comunes a todos, como piscinas de agua caliente, entorno ajardinado y estanques con animales acuáticos, algunos tan poco convencionales como pirañas (en Shiraike) o cocodrilos (en Oniyama); el de Yama va un paso más allá e incorpora un pequeño zoológico.

Un cartel turístico temático
Un cartel turístico temático

Por último, reseñar que el Tatsumaki Jigoku cuenta con un géiser que erupciona cada 30 o 40 minutos y se mantiene en ese estado entre 6 y 10 minutos alcanzando el chorro una altura de 50 metros. En realidad, probablemente podría subir aún más pero las autoridades han colocado una marquesina que se lo impide, con el fin de evitar la pulverización del agua hirviente sobre los espectadores. Todo esto impresiona un poco pero no debe ser malo si tenemos en cuenta que Kyushu es el lugar donde viven algunas de las personas más longevas que existen. Con razón está considerado el sitio donde nació la civilización japonesa.