La verdadera historia de Balián de Ibelín, el defensor de Jerusalén

Seguramente a la mayoría de los lectores no les sonará el nombre de Balián de Ibelín, un caballero medieval que tuvo cierto renombre en su época pero que hoy habría quedado un tanto olvidado, al menos para el gran público, de no ser porque su figura se recuperó en 2005 para la película El reino de los cielos, con el personaje encarnado por el actor Orlando Bloom. Sí, aquel cruzado lacónico e introspectivo existió realmente, aunque su historia difiere bastante de la que mostró Ridley Scott.

El guionista, William Monahan, que también escribió para el director Red de mentiras, así como los textos de Infiltrados para Martin Scorsese -con el que ganó el Oscar al Mejor Guión Adaptado- y Oblivion, entre otros, plantea aquí cómo un modesto herrero amargado por su tragedia familiar (la muerte de su esposa e hijo) descubre que su verdadero padre es un noble llamado Godofredo de Ibelín que quiere reconocerle y llevárselo consigo a las Cruzadas. Balián rechaza la oferta pero luego medio enloquece por el maltrato dado por la Iglesia al cuerpo de su esposa, por haberse suicidado, así que mata al sacerdote y se marcha a Tierra Santa.

Mapa de la Tercera Cruzada
Mapa de la Tercera Cruzada

Al padre le cambiaron el nombre, seguramente para que no se pareciera demasiado al del protagonista y creara confusión. Balián era hijo de Barisán de Ibelín, un noble de probable origen italiano del que no se sabe gran cosa hasta el año 1115, en el que aparece acreditado como condestable de Jaffa (ciudad de Tierra Santa que hoy forma parte de Israel). Como tal, en 1134 apoyó la rebelión de su señor Hugo de Le Puiset contra el rey de Jerusalén Fulco el Joven. La revuelta no salió bien pero Hugo fue perdonado gracias a que era primo de la reina Melisenda y a la mediación del patriarca Guillermo (el equivalente al arzobispo en aquellas latitudes). Hugo se fue tres años al exilio pero luego sufrió un intento de asesinato, presuntamente ordenado por el monarca, y los partidarios de la soberana consiguieron deponer a Fulco, permitiendo su regreso.

De esta forma, Barisán pasó a ser conde de Jaffa y en 1148 heredó el señorío de Ramla (hoy Ramala), ya que se casó con la hija del señor de esa tierra, Balduino. Con Helvis, que así se llamaba la agraciada, tuvo tres hijos y dos hijas. El pequeño de los varones, nacido en Tierra Santa y no en Francia, como dice la película, se llamó también Barisán, igual que su padre, aunque fue conocido como Balián, quizá por deformación del diminutivo Bari. Al morir el progenitor, el primogénito Hugo heredó el castillo de Ibelín (actual Yavné, también en Israel) pero como falleció debía pasar al segundo hermano, Balduino. Sin embargo, éste prefirió quedarse en su señorío de Ramla, de manera que el heredero fue Balián.

En 1174 ambos tomaron partido por Raimundo de Trípoli como regente de Jerusalén frente a Miles de Plancy, señor de Transjordania, ya que era el pariente más próximo del sucesor al trono, Balduino IV, quien por entonces era aún un niño de trece años y además enfermo de lepra, si bien dos años más tarde fue coronado. En 1183 los dos hermanos volvieron a apoyar a Raimundo contra Guido de Lusignan, casado con la hermana del soberano, Sibila, en un conflicto sucesorio que terminaría con el nombramiento como heredero del futuro Balduino V.

Retrato hipotético de Saladino
Retrato hipotético de Saladino

Pese a lo que se ve en El reino de los cielos, Balián no tuvo ninguna aventura amorosa conocida con Sibila porque ya había contraído matrimonio con María Comneno, viuda del rey Amalarico (segundo hijo de Fulco y Melisenda), que era sobrina-nieta del emperador de Bizancio. Tuvieron cuatro vástagos, Helvisa, Juan, Margarita y Felipe, convirtiéndose en señores de Nablús. Por supuesto, las luchas que desangraban la región no eran sólo entre cristianos sino también con los musulmanes. Así, tanto Balián como su hermano participaron en la batalla de Montgisard (1177) a las órdenes de Balduino IV, contra el famoso Saladino. La victoria, junto con otras posteriores, permitió la pervivencia del Reino Cristiano de Jerusalén hasta el fallecimiento del monarca.

Balduino IV, conocido como el Rey Leproso (solía ocultar su rostro desfigurado tras una máscara de plata, como se ve en la película), era hijo de Amalarico y su primera esposa, Inés de Courtenay. Murió en 1185 con veinticuatro años, cumpliendo así los cálculos generales de que no duraría mucho, aunque lo hizo más de lo esperado. Le sucedió Balduino V, hijo de Sibila, que tenía ocho años de edad y no pasó de nueve. Con el trono en el aire, Balián dio su apoyo a Guido de Lusignan mientras su hermano se negaba y se retiraba a Antioquía.

Balduino IV, el Rey Leproso, en la película (interpretado por Edward Norton)
Balduino IV, el Rey Leproso, en la película (interpretado por Edward Norton)

Pero los tiempos cambiaban y la suerte de la guerra empezaba a decantarse del lado islámico gracias al genio de Saladino. Guido, nuevo rey, marchó sobre Palestina junto a Reinaldo de Châtillon (en la película ambos son presentados como caballeros templarios, aunque no lo eran, si bien su ejército estaba compuesto por miembros de esa orden y la Hospitalaria) para enfrentarse al legendario general musulmán. Pero la expedición terminó en un desastre, la conocida como batalla de los Cuernos de Hattin: Reinaldo acabó decapitado en persona por Saladino y Guido quedó prisionero.

Balián, que iba a retaguardia, consiguió escapar y protagonizar una curiosa anécdota demostrativa de la caballerosidad medieval: combatía en Tiro cuando Saladino puso sitio a Jerusalén. Balián se desplazó hasta allí y le pidió permiso para entrar en la ciudad y sacar a su familia a cambio de no colaborar en la defensa. Le fue concedido pero una vez dentro los defensores le pidieron que se pusiera al frente del ejército; Balián envió entonces un mensajero a su adversario explicándole la situación y solicitándole que le liberara de su promesa. Saladino, agradecido por la consulta, accedió. La resistencia duró unos meses, transcurridos los cuales Jerusalén tuvo que capitular. Balián consiguió de Saladino el compromiso de respetar la vida de los habitantes a cambio de un tributo per cápita; él propio Balián pagó el correspondiente a diez mil pobres que carecían de recursos para ello, mano a mano con el patriarca Heraclio. Por lo demás, perdió todas sus posesiones.

Recreación de la batalla de los Cuernos de Hattin
Recreación de la batalla de los Cuernos de Hattin

Se estableció en Trípoli, donde siguió inmerso en las conspiraciones que caracterizaron aquel turbulento período, secundando primero a Guido en su reclamación del trono de Jerusalén ante Conrado de Montferrato (que se negaba a entregárselo porque Guido sólo era rey por su matrimonio con Sibila y ésta había muerto). Después, cambiando de bando, optó por favorecer el matrimonio de Conrado con su hijastra Isabel de Jerusalén. En efecto, la boda se celebró en 1192 pese a la diferencia de edad entre ambos (veinticinco años) pero Conrado murió al poco a manos de los célebres hashshashin y ella volvió a casarse con Enrique II de Champaña, que se convirtió así en un rey sin reino, dado que Jerusalén seguía en manos musulmanas.

Enrique murió al desprenderse el balcón al que estaba asomado en su palacio de Acre. Balián, que era su consejero, continuó su política ayudando una vez más a firmar la paz con Saladino: pese a que el matrimonio de Isabel y Conrado le valió la enemistad de Ricardo Corazón de León, partidario de Guido, Balián estuvo en 1192 en las negociaciones que pusieron fin a la Tercera Cruzada al lado del monarca inglés, por lo que éste le recompensó con el señorío de Caymont, en Palestina. Falleció al año siguiente.

Balián rinde Jerusalén a Saladino
Balián rinde Jerusalén a Saladino

El Itinerarium Peregrinorum et Gesta Regis Ricardi, una obra literaria anónima del siglo XII, le describe como cruel, voluble e infiel, con “unos valores morales” que competían con los de su mujer, a la que tilda de atea, dócil y fraudulenta. Un personaje de película, desde luego.