Juan de Jáuregui, el español que intentó asesinar a Guillermo de Orange

El 10 de julio de 1584 la ciudad holandesa de Delft quedaba sobrecogida al saber la noticia de que Guillermo de Orange, conde de Nassau, alias el Taciturno, acababa de morir asesinado, sentimiento que pronto se extendió al resto de aquellos territorios que vivían en estado de guerra casi permanente. Algunos hitoriadores holandeses consideran que fue el primer crimen de estado realizado por arma de fuego pero es inexacto porque la víctima no tenía condición de jefe de estado -era estatúder, algo así como primer ministro- y además el regente de Escocia, Jacobo Estuardo, falleció de un tiro trece años antes.

Retrato de Guillermo de Orange / foto dominio público en Wikimedia Commons

El autor del asesinato de Delft fue Balthasar Gérard, un católico francés que consideraba traidor a Orange por haberse convertido al calvinismo y liderar la rebelión contra Felipe II, aunque seguro que también influyeron los 80.000 ducados que el rey de España ofreció por su cabeza. El caso es que Guillermo de Orange ya había sufrido dos años antes un atentado contra su vida: ocurrió en Amberes y el responsable esa vez fue el español Juan de Jáuregui.

No hay que confundir a este personaje con el poeta y pintor sevillano Juan de Jáuregui y Aguilar, que vivió en esa misma época y es el presunto autor del retrato más famoso de Cervantes. El Jáuregui que nos ocupa era vizcaíno; habiendo nacido en Bilbao en 1562, se trasladó a Amberes para trabajar a las órdenes del comerciante alavés Gaspar de Añastro. En 1582 éste pasaba por un momento de apuros económicos despueś de que un temporal le hubiera hundido dos naos en el Cantábrico y una tercera fuera arrastrada hasta la costa de Inglaterra que, por supuesto, requisó el cargamento y encarceló a la tripulación.

En una concatenación de desastres empresariales y financieros, Añastro quedó con el agua al cuello, debiendo dinero a todo el mundo. Entonces recibió una oportuna carta desde Lisboa. Era de su primo Juan Martínez de Insunza, que tenía el cargo de Proveedor General de las Galeras de España y había estado antes en Flandes con el famoso Duque de Alba. Al parecer, se había enterado de la mala racha de Añastro y le planteaba una solución a sus problemas: la recompensa que la monarquía hispana ofrecía por matar al conde de Nassau.

Retrato de Felipe II por Sofonisba Anguissola (1573) / foto dominio público en Wikimedia Commons

Aunque, efectivamente, aquel dineral podía devolverle su posición y de paso abrirle la puerta a ingresar en la prestigiosa orden de Santiago, uno de los sueños de todo español de su tiempo, Añastro se resistió inicialmente a la propuesta porque cobrar por un asesinato no dejaba de crearle reparos y la consulta que hizo ad hoc al dominico flamenco Antonio Timmerman reafirmó la dudosa moralidad de esa postura. Sin embargo, el religioso encontró una forma de salvar las barreras éticas de dos maneras: primero, asumiendo que era una idea emanada de la autoridad real y segundo, subrogando la misión en otra persona.

Su primer candidato fue el joven (diecinueve años) Antonio Venero, también bilbaíno. Pero éste también vacilaba, así que se decantó por Jáuregui, que pese a ayudarle en la contabilidad de sus negocios, parece ser que era más bien corto de entendimiento; eso sí, ante el brillo del oro –2.877 coronas sería su parte- aceptó sin pestañear. El comerciante le proporcionó una pistola, le indicó la fecha de la operación… y se fue a Brujas, ciudad que por entonces se hallaba bajo jurisdicción española.

El día elegido fue el domingo 18 de marzo de 1582, durante la celebración de los festejos por el cumpleaños de Francisco de Francia, duque de Anjou, su principal aliado en la lucha contra España, que estaba en los Países Bajos porque acababa de ser nombrado duque de Brabante. Guillermo de Orange salía del comedor en que acababa de almorzar cuando fue abordado por Jáuregui con el pretexto de hacerle una solicitud. Al recoger los papeles y darse la vuelta, el asesino sacó su pistola y le disparó a bocajarro en la cabeza.

El fallido intento de asesinato de Jáuregui / foto dominio público en Wikimedia Commons

No ha quedado claro si aquel arma estaba defectuosa o es que el vizcaíno la cargó mal y le estalló en la mano. El caso es que la bala atravesó el cuello de su víctima por debajo de la oreja derecha, atravesó el paladar y salió por el maxilar izquierdo, dejando al conde de Nassau malherido pero vivo. Uno de los caballeros que le acompañaban echó mano a su espada y atravesó a Jáuregui, rematado inmediatamente por los alabarderos de la escolta. Su cadáver fue colgado públicamente en una plaza.

Guillermo de Orange estuvo en estado crítico un par de semanas pero finalmente consiguió salir adelante gracias a los abnegados cuidados de sus médicos, de su hermana María y de su esposa Carlotta de Borbón-Montpensier; la tensión fue excesiva para esta última y falleció poco después, el 5 de mayo. En cuanto recuperó la consciencia el conde fue informado de la conspiración: no había sido cosa del duque de Anjou -que aspiraba a ser rey y además era católico- sino de españoles, como demostraban los documentos encontrados entre las ropas del asesino junto con cruces, escapularios e incluso amuletos de magia.

Balthasar Gérard asesina a Guillermo de Orange / foto dominio público en Wikimedia Commons

Los cómplices Venero y Timmerman (éste por confesar y absolver a Jáuregui antes de su acción) fueron detenidos, ejecutados en el garrote vil, decapitados y descuartizados, exponiéndose sus trozos en diversos lugares para dar ejemplo. Añastro, como vimos, había tenido la prudencia de irse pero no recibió su recompensa porque Alejandro Farnesio se la negó por dos razones: primero, no había tenido éxito; y segundo (no necesariamente por este orden), como caballero le repugnaba la acción por mucho que estuviera promocionada por el Rey.

Sin embargo, a Orange apenas le quedaban dos años de vida porque no sobrevivió a la siguiente intentona contra él, la de Gérard. En menos de un siglo, la Paz de Westfalia firmada en 1648 pondría fin a la Guerra de los Ochenta Años entre España y las Provincias Unidas de los Países Bajos, reconociendo la independencia de éstas -que ya lo era de facto tras la Tregua de los Doce Años pactada con Felipe III-. La actual casa real holandesa desciende de Guillermo de Orange.