Encuentran en Escocia balas de honda romanas perforadas para producir ruido e intimidar al enemigo

La fortaleza de Burnswark Hill

Los arqueólogos que estudian la artillería y las armas romanas del yacimiento del campo de batalla de Burnswark Hill en Dumfriesshire, Escocia, han encontrado algo que no se había visto nunca hasta ahora: balas de honda perforadas para producir un silbido agudo cuando son lanzadas. Tras examinarlas, creen que se trataba de un diseño deliberado, con el objetivo de infundir miedo en las tropas enemigas.

Burnswark Hill es un asentamiento fortificado construido en la Edad del Hierro, en torno al cual se hallaron dos campamentos romanos. Los investigadores opinan que pueden ser campamentos de asedio levantados para apoyar el asalto de la fortaleza, como solía ser habitual en la estrategia romana. En los años 60 algunos estudiosos argumentaron que podría tratarse de campamentos de entrenamiento. Esto podría explicar la gran cantidad de proyectiles encontrados en las excavaciones durante las últimas décadas: balas de plomo para hondas, tiros de ballesta, y puntas de flecha de hierro. Sin embargo los nuevos hallazgos refuerzan la teoría del asedio.

Uno de los campamentos romanos de Burnswark Hill
Uno de los campamentos romanos de Burnswark Hill

Las balas, moldeadas en plomo, eran de dos variedades, unas más grandes con forma de bellota, y otras un poco más pequeñas con forma de limón. Ahora los arqueólogos han encontrado un tercer tipo, una pequeña bala oblonga perforada con un agujero de 0,5 milímetros de diámetro, y que pesa tan solo 20 gramos.

Al principio, según explica el director de las excavaciones John Reid, creyeron que los agujeros servían para insertar veneno en las balas. Sobre todo porque hacer las perforaciones habría llevado mucho tiempo y mano de obra, y considerando que las balas eran más pequeñas y debían producir menos daño, debían tener alguna característica que hiciera valer ese trabajo.

Balas de honda perforadas halladas en Burnswark Hill
Balas de honda perforadas halladas en Burnswark Hill

Sin embargo la teoría final es que esos agujeros tenían como objetivo producir un silbido agudo cuando eran lanzadas hacia sus objetivos. Las pruebas realizadas por los investigadores demostraron que, efectivamente, el ruido podía producir un efecto metralla cuando las balas eran lanzadas en grupos de tres o cuatro.

Se trataría por tanto de intimidar al enemigo y provocar que estuviera más pendiente de esquivar los proyectiles que de pelear, ya que podía oir el ruido de éstos al acercarse y se agacharía como acto reflejo. En una batalla el ruido de cientos o miles de estas balas lanzadas simultaneamente podría ser ensordecedor.

En Burnswark se han encontrado hasta 700 balas de honda, más que en cualquier otro campo de batalla romano en Europa, diseminadas hasta un kilómetro y medio a la redonda del frente. Las perforadas, como apuntábamos antes, son únicas, ya que no se han hallado en ningún otro lugar. Si es cierto que en algunos campos de batalla griegos de los siglos II y III a.C. han aparecido balas de honda perforadas, pero eran de cerámica y no de plomo.

Balas de plomo griegas con inscripciones
Balas de plomo griegas con inscripciones

Las balas de plomo fueron ampliamente utilizadas en el mundo griego y romano, ya que el plomo al ser muy denso permitía crear balas pequeñas, con una mínima resistencia al aire, y casi invisibles en vuelo. La forma más habitual era la elipsoidal parecida a una bellota, de donde deriva el nombre que se les daba en latín, Glandes, que significa precisamente bellota.

Además muy a menudo se moldeaban símbolos o mensajes en el plomo de las balas, frecuentemente sarcásticos o jocosos. Si la bala era de arcilla en lugar de plomo se podía calentar antes de lanzarla, para prender fuego a los techos de paja del enemigo, según escribe Julio César en De bello Gallico.

La fortaleza de Burnswark habría sido la víctima de un ataque y asedio romanos durante la época del reinado de Antonino Pío, quien intentó la conquista de Escocia al norte del muro de Adriano. Pero al cabo de una década las legiones tuvieron que retroceder de nuevo tras el muro.