Las 5 cascadas más altas de España

Salto del Nervión / foto Shutterstock

Los blogs de viajes suelen sacar con cierta frecuencia artículos sobre impresionantes cataratas o relaciones de las más grandes y bonitas que hay por el mundo. España no suele estar representada en esas listas pero eso no quiere decir que carezca de fenómenos de tal naturaleza y, de hecho, algunos poseen una belleza realmente fotogénica. Veamos, pues, una lista de las cinco cascadas más altas de nuestro país.

1. Salto del Nervión

Empezamos inevitablemente por la que tiene el récord de altura: 223 metros. Como se puede deducir por su nombre, el río que protagoniza el salto es el Nervión, que en euskera es Nerbioi y nace en la provincia de Álava, y discurre hacia el noreste atravesando Vizcaya hasta desembocar en el Cantábrico por la Ría de Bilbao tras 72 kilómetros de recorrido. Su cauce no es especialmente caudaloso, al menos en verano, cuando llega a secarse parcialmente en su parte inicial; pero en otras épocas, especialmente con las lluvias o tras el deshielo, baja con fuerza: suelen ser un par de meses al año.

El salto tiene lugar en el primer tramo, justo donde limitan Álava y Burgos. Las aguas de diversos arroyos como el Iturrigutxi, el Ajiturri y el Urita, que bajan desde lo alto de las sierras de Gibijo y Gillarte, se unen para precipitarse desde una cornisa cortada a pico en un relieve de origen kárstico. Un lugar espléndido, con vistas al Desfiladero de Delika, que se disfruta gracias a un mirador acondicionado justo enfrente de la cascada.

2. Chorros del Río Mundo

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El principal afluente del Segura nace entre los municipios de Vianos y Riópar (Albacete), en el Parque natural de los Calares del Río Mundo y de la Sima, brotando a la superficie desde debajo de tierra por una oquedad en la pared de roca situada a 80 metros de altura. La cascada luce especialmente en época lluviosa, que es cuando sale con fuerza en el llamado reventón. El paisaje es kárstico, por lo que el subsuelo esta horadado por una red de pozos y galerías que al abrirse al exterior originan otras cascadas menores.

3. Cascada de Soaso

Cascada de Soaso / foto Shutterstock
Cascada de Soaso / foto Shutterstock

También conocida como Cola de Caballo por la forma de abanico que adopta el agua al deslizarse sobre el farallón rocoso levemente escalonado desde una altura de medio centenar de metros, esta cascada se ubica en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en el Pirineo aragonés, un sitio donde hay otros muchos saltos igualmente espectaculares. Es el colofón perfecto de una ruta de senderismo que discurre paralela al río Arazas, razón por la que suele haber bastante gente contemplando el panorama.

4. Cascada del Pozo Humos

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De nuevo un afluente es el protagonista de un fenómeno de este tipo. En este caso se trata del Uces, que alimenta al Duero a su paso por los municipios salmantinos de Masueco y Pereña de la Ribera, donde se sitúa el Parque Natural de Arribes del Duero. El agua salva una caída de 50 metros y al golpear abajo origina una nube de vapor que constituye un extra para el espectador.

Como el Uces se bifurca en dos un poco antes del salto, algo más allá hay otra pequeña cascada a la que se conoce como el Pozo de las Vacas, debido a una leyenda según la cual una vez se despeñó por allí un carro tirado por bóvidos. Más allá de mitos, el lugar es lo suficientemente bello como para haber llamado la atención del mismísimo Unamuno, que dejó una descripción literaria: Es una de las más hermosas caídas de agua que pueden verse entre aquellos tajos adustos dejó escrito don Miguel en la revista Ecos Literarios.

5. Cascada Cola de Caballo

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Comparar la forma de una cascada con una cola de caballo y bautizarla así es algo muy común, no sólo en España sino en otros países. Aquí veíamos antes el ejemplo de Soaso pero incluso en la misma región hay otro, el del Monasterio de Piedra zaragozano. Se trata de un cenobio fundado por monjes cistercienses a finales del siglo XII en un entorno privilegiado que hoy constituye el Parque Natural Monasterio de Piedra.

Aparte del cenobio, declarado Monumento Nacional, lo más llamativo es el número de saltos de agua que se forman por las caprichosas formaciones rocosas originadas por la erosión kárstica. De ellas, la más renombrada es esa Cola de Caballo que salva 50 metros de caída.