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Encuentran en una librería australiana el diario de un militar de las guerras napoleónicas


Si son tan aficionados -como el que suscribe- a revolver en las librerías de segunda mano en busca no de nada concreto sino simplemente a la espera de que aparezca algo que ilumine la vista y compense tanto el tiempo empleado como la suciedad polvorienta en las yemas de los dedos, no desesperen y piensen que siempre existe la posibilidad de toparse con una pieza extraordinaria, oculta entre montañas de papeles y libros desvencijados.

Es lo que ha ocurrido en un lugar tan exótico como Hobart, Tasmania (Australia), cuando los nuevos dueños de uno de esos encantadores establecimientos estaban curioseando por la trastienda para poner algo de orden y en un armario descubrieron un pequeño manuscrito encuadernado toscamente en piel, medio escondido, entre una pila de volúmenes. Echándole un rápido vistazo, los libreros, Richard Sprent y Mike Gray, vieron con estupefacción que se trataba del diario de un militar británico que había participado en las guerras napoleónicas.

Quizá en un país como España u otro europeo el hallazgo no fuera algo sensacional, pero, claro, en las antípodas no abundan ese tipo de cosas. El autor del texto fue el teniente coronel de los Ingenieros Reales John Squire, un soldado profesional que es bastante conocido por los especialistas en esa época y al que consideran interesante escritor, con una bien ganada fama de eficiente cronista decimonónico ya en su tiempo. Al parecer, Squire sirvió en sitios tan variopintos como Egipto en 1801 (donde asistió a la rendición francesa en Alejandría), Suecia en 1808 o Sudamérica en 1807; también en los Países Bajos e incluso España (el diario describe el sitio de Badajoz por las tropas anglo-portuguesas).

Sin embargo, falleció de fiebres un año después de escribir la obra, datada en 1811, y nadie sabe cómo ni cuándo fue ésta a parar al otro extremo del mundo. Sólo hay constancia de que el paquete bibliográfico en que se halló llevaba en la tienda al menos una veintena de años, pero ¿cuánto hacía que estaba en Tasmania? Gran Bretaña colonizó esa tierra en el mismo período en que Squire combatía contra los franceses en Europa; quizá fue llevado por algún colono o algún soldado a quienes se hubieran concedido una parcela.

¿Sabría responder a esa pregunta el autor? De Squire se conservan varias cartas en la British Library y los historiadores especializados dicen que sus ensayos y tratados técnicos sobre temas bélicos eran muy avanzados -el propio Wellington le menciona en algunos despachos-, aunque además se interesaba por la historia, la geografía y las antigüedades. Es más, escribió un ensayo sobre piezas romanas en Egipto, colaboró con Lord Elgin en el traslado de mármoles griegos a Gran Bretaña e incluso fue testigo de la entrega de la Piedra Rosetta a los británicos.

Un oficial y caballero, pues, que también era un eminente erudito, de ahí que alcanzara cierto renombre y que el diario descubierto esté considerado casi como un auténtico tesoro. Al menos en su cotización económica, que según se calcula podría ascender a varios miles de euros. No está mal para tratarse de un ejemplar salido de una librería de viejo.