Un reglamento de carreras de caballos de hace dos mil años, descubierto en Turquía

Probablemente una de las escenas de acción más famosas de la historia del cine sea la vibrante carrera de cuádrigas de Ben-Hur. Resulta tan espectacular que nos puede dar una idea de por qué aquel era el deporte favorito de los romanos, quienes no sólo disfrutaban contemplando las carreras sino apostando por sus aurigas preferidos y, a veces, incluso acababan peleándose en las gradas en un auténtico precedente de la peor cara del fútbol actual.

Sabemos que esas competiciones se desarrollaban según unas normas más o menos comunes en todo el imperio, pero encontrar un verdadero reglamento es un golpe de fortuna que hace las delicias de arqueólogos e historiadores. Es lo que ha ocurrido en Beyşehir, un distrito de la provincia turca de Konya, donde ha aparecido una lápida datada hace un par de milenios y que lleva inscritas las reglas de las carreras que tenían lugar en el hipódromo.

Porque la pieza estaba junto a un hipódromo, en un monumento funerario en memoria de Lukuyanos, un jinete romano que ostentaba el sobrenombre de El Guerrero y cuyo epitafio reza así: «Lukuyanus el Guerrero murió antes de casarse». Él es nuestro héroe. No deja de resultar curioso porque parece como si la hubiera encargado su club de fans, afectados por su fallecimiento en plena juventud antes de poder contraer nupcias, algo que en la Antigúedad se consideraba doble desgracia, tal como explica el profesor Hasán Bahar, del Departamento de Historia de la Universidad de Selçuk Konya.

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Dicho monumento se alza en la frontera oriental de Pisidia, una antigua región que se extiende desde la actual ciudad mediterránea de Antalya hasta el corazón de Anatolia. Una zona donde la civilización helenística primero y la romana después tomaron el relevo de la hitita, antes de que también pasaran por allí bizantinos, selyúcidas y otomanos. Todos ellos reutilizaron el hipódromo clásico para su propio tipo de actividades hípicas.

La lápida encontrada estaba al lado una figura equina labrada en la piedra que decoraba el sepulcro de Lukuyanos y que era conocido por los lugareños como la Roca del caballo. Bahar cree que el hipódromo, probablemente construido por los hititas en honor de sus divinidades de las montañas pero reaprovechado y reformado por los romanos, no sólo acogía carreras sino también cría caballar. Pero lo verdaderamente interesante es el texto de la inscripción.

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Y es que se trata de un reglamento escrito en griego que sirve para demostrar el aprecio que había antaño por el deporte hípico y, sobre todo, el juego limpio que debía imperar en su puesta en práctica. Así, una de las normas impide presentar un caballo a competición si antes se ha ganado ya una de las carreras, al igual que otra veta al animal ganador a repetir en la misma jornada para que los demás también tengan su oportunidad. Definitivamente eran otros tiempos.