Neues Prora: la ciudad de vacaciones de los nazis

Uno de los proyectos arquitectónicos menos conocidos y más gigantescos de los nazis en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial fue un resort vacacional que, curiosamente ahora vuelve a ponerse de moda, reformado y ampliado.

Se llama Neues Prora y está ubicado en Rügen, la isla más grande del país germano (926 kilómetros cuadrados), en el mar Báltico. Pertenece al estado federal de Mecklemburgo-Pomerania, desde el que se puede acceder por carretera o ferrocarril, cruzando un puente sobre el estrecho de Strelasund.

Fueron precisamente los nazis los que construyeron dicho puente para poder erigir en Rügen un lugar destinado a las vacaciones de sus ciudadanos, siguiendo los auspicios de Kraft durch Freude (Fuerza a través del ocio), la organización que se ocupaba de encauzar el tiempo libre; una especie de agencia de viajes del III Reich que debía armonizar ocio con propaganda garantizando de paso la paz social de la clase trabajadora.

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La isla fue seleccionada porque ya desde principios del siglo XX acogía el asueto de los berlineses gracias a un balneario fundado en 1816. Así que allí se empezó a levantar un complejo con capacidad para veinte mil personas: ocho edificios con pequeños apartamentos que carecían de baño propio y que, en total, se extendían a lo largo de cuatro kilómetros de costa, con varias playas como principal atractivo.

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El proyecto, que recibió un premio de arquitectura, se empezó en 1936 y se prolongó hasta 1939, año en el que estalló la Segunda Guerra Mundial dejándolo inconcluso: aún faltaban las piscinas, un teatro, un cine y una macrosala para grandes eventos. En el momento de abandonarse los trabajos los edificios se extendían hasta 4 kilómetros a lo largo de la costa. Durante la guerra fue utilizado como residencia de personal de la Luftwaffe, y cuando comenzaron los bombardeos de ciudades alemanas por los aliados, aquí se realojó a muchos ciudadanos de Hamburgo y otras ciudades afectadas. Tras el conflicto, Prora quedó en la parte comunista de Alemania y el Ejército ruso aprovechó las instalaciones para una base militar.

Luego pasó a formar parte del patrimonio histórico teutón pero como no era plan de dejarlo como una ciudad fantasma, en 2012 se empezó a trabajar en su reaprovechamiento turístico: comprado por el grupo Iris Gerd, varias de sus partes ya han sido rehabilitadas equipándose con museos, albergues para jóvenes y una discoteca.

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En lo que alojamientos se refiere, la oferta en una primera fase fue de centenar y medio de apartamentos de lujo, de los que ya se vendieron unos cincuenta. Miden entre cuarenta y ciento diez metros cuadrados y tienen hasta tres dormitorios, terraza, jardín e incluso sauna, todo ello con vistas al mar.

Las próximas fases prevén un hotel, dos aparcamientos, un gimnasio, un spa y un área comercial. Eso sí, nunca gozarán del tiempo privilegiado de sus colegas mediterráneos, ya que en invierno la temperatura media ronda los cero grados y en verano apenas rebasa los dieciséis, con abundantes lluvias todo el año.

Más información: Neues-Prora