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El cementerio sumergido de Sunken, en Filipinas


Es curioso que un país con tanto potencial turístico como tiene Filipinas, al menos a priori, no haya conseguido aún situarse como un destino de referencia. Máxime si tenemos en cuenta el pasado común que acredita con España. No obstante, de un tiempo a esta parte sí que empieza a sonar el nombre y a verse publicidad de su Oficina de Turismo. El caso es que quien eche un vistazo general a las posibilidades de visita se encontrará con un aluvión de ellas, unas más populares que otras. Entre las desconocidas figura un sitio tan peculiar como el Cementerio Sunken.

Ya hemos hablado alguna vez de la belleza que presentan algunos camposantos, bien por sus sepulcros monumentales, bien por su ambientación verde o bien por su ubicación en un paraje especialmente atractivo. La baza del cementerio filipino de Sunken es que, paradójicamente, no se ve porque se encuentra sumergido en esa parte local del océano Índico que es el Mar de Filipinas. Bajo el agua, pues, sobre la que únicamente se ve una terraza con una gran cruz.

Para ver en vivo tan sorprendente lugar hay que ir hasta Balingoán, en la parte norte de la isla de Mindanao, y embarcar en un ferry que lleva hasta otra isla, situada a unos diez kilómetros y mucho más pequeña, llamada Camiguin. Se desembarca en un puerto donde se puede tomar algún transporte por tierra, si no se lleva coche propio, que atravesará un bosque dejando atrás la silueta majestuosa del monte Vulcan Daan. Como indica su nombre, se trata de un volcán que está activo y que jugó un papel importante en el modelado del paisaje.

Al final del camino hay que volver al agua, sea en el transbordador ad hoc, sea alquilando los servicios y la canoa de algún habitante local. Pero esta vez es para un trayecto muy corto, de un centenar de metros, para alcanzar la citada cruz, que parece reposar plácidamente sobre el suave oleaje. En su pedestal hay una balaustrada de piedra desde la que se pueden otear las tumbas sumergidas a poca profundidad -entre cinco y veinte metros- o incluso darse un chapuzón para verlas de cerca.

¿Cuál es el origen de esa singular necrópolis subacuática? La clave está en la naturaleza de la isla de Camiguin, formada por siete volcanes, lo que revela la intensa actividad magmática del subsuelo. El más activo es el Hibok-Hibok, que todavía entró en erupción en una fecha tan cercana como 1953. Casi un siglo antes, en 1871, una pared de su cono explotó llevándose por delante al vecino pueblo de Pobon y sepultándolo en lava, de cuyas coladas se formó un nuevo volcán, el mencionado Vulcan Daan. La erupción duró hasta 1875, lo que permitió al reciente cono crecer hasta los dos mil metros de altitud. En 1948, el Vulcan Daan volvió a rugir hundiendo aquella parte del litoral y dejando el camposanto local sumergido bajo el agua.

El monumento que marca el sitio exacto de su posición y sirve para visitarlo, esa terraza con cruz, se construyó en 1982 sobre la lava solidificada. Enfrente, en la costa, no tardaron en brotar, como por un efecto secundario de la fertilidad que llevan las cenizas volcánicas, montones de puestos de artesanía; la Naturaleza como agente de promoción turística.

Más información: visitmyphilippines.com