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Vuelos y aeropuertos

Boeing proyecta un sorprendente avión modular


El goteo de proyectos para la aviación del futuro sigue de forma lenta pero constante. Periódicamente nos llegan ideas calificables de mil maneras, casi siempre entre lo sorprendente y lo estrambótico. A veces corresponden a aerolíneas de bajo coste que orientan sus atrevidos diseños a aumentar la capacidad de los aviones para rentabilizar más cada vuelo, aumentando las filas de asientos a costa de convertirlos en sillines de bicicleta o, como proponía una compañía china, eliminándolos directamente para realizar el trayecto de pie, en plan autobús urbano.

Pero en otras ocasiones son las grandes constructoras aeronáuticas las que aportan novedades más o menos llamativas. A veces buscando optimizar la experiencia (cabinas transparentes); a veces intentando ahorrar combustible o contaminar menos (uso de aceites). Casi siempre obedeciendo a presupuestos conceptuales algo utópicos pero que se registran oficialmente para evitar que la competencia siga por ese camino. En ese sentido, creo yo, debe ir la última y alucinante propuesta de Boeing difundida el pasado otoño: un avión modular. Se registró en la Oficina de Patentes de Estados Unidos en noviembre, después de un par de años de trabajar sobre el asunto.

¿Qué ventaja ofrecería una aeronave así? Al parecer, una considerable reducción de los tiempos de carga y embarque que repercutiría en la mencionada rentabilidad, ya que se podría incrementar el número de salidas diarias. Según Boeing, las escalas serían un 20% más rápidas, lo que se plasmaría en un ahorro del 5% en costes de gestión. A priori puede no parecer gran cosa pero traducido en dinero, con las escalas que maneja el sector aeronáutico, serían millones de euros.

Con la patente ya en el bolsillo, Boeing está autorizada a construir un prototipo. El concepto se basa en que la cabina de pasajeros y la bodega puedan separarse del resto del avión, es decir, la parte básica que incluiría cabina de pilotaje, alas, motores y ruedas. De esta forma, mientras se hace la correspondiente revisión técnica, los pasajeros pueden ir subiendo a bordo y los mozos cargando el equipaje. Terminadas esas operaciones, la cabina se acloparía de nuevo al avión para iniciar el viaje.

Evidentemente, ello implicaría la necesidad de adaptar los aeropuertos, ya que el cuerpo principal del avión se quedaría en una zona técnica y lo que se acercaría a la terminal sería sólo esa cabina autónoma; así, no haría falta una sala de espera porque los pasajeros podrían sentarse directamente en sus butacas y aguardar en ellas. Lo mismo valdría tras el aterrizaje, pues el pasaje desembarcaría en un sitio mientras otro módulo ya lleno se llevaría para el acoplamiento.

Más información: United States Patent and Trademark Office