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Ropa de abrigo para quien la necesite: una curiosa iniciativa solidaria en Canadá


Nueva Escocia es una de las provincias más orientales de Canadá, ubicada una península larga y estrecha de la costa atlántica. Descubierta en 1497 por el navegante italiano Giovanni Caboto, fue una de esas tierras que se disputaron franceses y británicos, cambiando de manos según fuera el transcurso de sus interminables guerras hasta que se la quedaron definitivamente los primeros por el Tratado de París.

Su capital, Halifax, que constituye el principal centro económico de toda la región, es un sitio digamos difícil, climáticamente hablando. Su variación térmica anual oscila entre los 35º de máxima que puede alcanzar en verano y los -28,5º registrados algún mes del invierno, con una temperatura media en esa última estación de 1,9º. Dicho de otra manera, que durante un buen número de meses hace un frío del demonio. Algo que no es buena noticia para los sin techo y gente con problemas económicos que no puede gastar tanto como debiera en calentarse.

Así que los residentes han puesto en marcha una curiosa y original iniciativa para ayudarles. A priori podría parecer una performance callejera porque farolas, postes, árboles y otros elementos urbanos aparecen «vestidos» con ropas de abrigo, como si algún artista moderno quisiera llamar la atención sobre el problema. Pero resulta que la cosa va más allá. Si uno se fija, esas prendas van acompañadas de una etiqueta con un mensaje clarificador sobre su destino. Algo así como «¡No nos hemos perdido! Si estás aterido de frío, por favor llévame contigo para mantenerte caliente».

La idea corresponde a Tara Smith-Atkins, que suele trabajar desinteresadamente en el tema de los homeless para prevenir el riesgo de congelación que sufren en aquellos durísimos inviernos. Para ello, recorre las casas de Halifax pidiendo ropa de abrigo vieja y después pide ayuda a los niños para atarla por las calles de la forma descrita. Parkas, chaquetones, anoraks, gorros, guantes, bufandas… todo es bienvenido si puede resultarle útil a alguien para sobrevivir al frío.

El proceso de distribución de las prendas por la ciudad se convierte, de paso, en una experiencia educativa para la juventud. La propia Smith-Atkins lo explica: «Cuando llegamos de vuelta al coche después de una hora en la calle, están todos congelados, quejándose y suspirando por que la calefacción esté encendida». Toda una lección sobre la dureza de la vida pero también de solidaridad y colaboración.

Pero pronto habrá más. El plan de Smith-Atkins para el año que viene es incluir dinero: un cupón de cinco dólares en el bolsillo de cada prenda, de modo que el usuario que la coja pueda también pagarse una comida caliente.

Vía: CBC News
Fotos: Tara Smith-Atkins Facebook