El Museo Thyssen viaja al Lejano Oeste

Museo Thyssen viaja Lejano Oeste

Mucho antes de que el cine inventara un nuevo género que añadir al arte, antes incluso de que los primeros daguerrotipos plasmaran difusamente en sepia algunos momentos de aquel episodio de la joven historia de Estados Unidos, las primeras imágenes que se tuvieron de la indeterminada frontera conocida como Lejano Oeste llegaron de la mano de artistas que conocieron in situ aquella parte poco o nada explorada del Nuevo Mundo.

Algunos se hicieron más conocidos que otros, caso de Frederick Remington o Charles Russell, pero fueron muchos más los que aportaron su saber artístico para representar el Far West con todos los elementos que lo caracterizan, desde las tribus indias, al grandioso paisaje, pasando por el clima, la fauna y los propios exploradores. Un territorio tan exótico como peligroso, tan salvaje como extremo en su variedad.

La visión que el arte aportó del Lejano Oeste fue, por supuesto, múltiple, sesgada y romántica, llena de tópicos y de prejuicios pero también entusiasta, plena de admiración e ilusión. Ilusión que supuso abrir las puertas al hombre blanco y, con él, el desplazamiento de un modo de vida ancestral que vivía en comunión con la naturaleza en favor de una sociedad moderna pero implacable.

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El drama etnológico quedaba así rebasado por un programa ideológico, político, militar y colonizador, pero el testimonio de aquellos tiempos previos, la descripción de la parte virgen del país tal como se veía, la geografía en su concepto más amplio, fue inmortalizada en lienzo y fotografía antes de pasar al celuloide, donde se deformó casi completamente deformado y se centró más que nada o en el aspecto conquistador.

El Museo Thyssen-Bornemysza trata de mostrar esa visión primigenia a través de las obras de artistas como George Catlin, Karl Bodmer, Henry Lewis, Edward S. Curtis, Albert Bierstadt, Thomas Hill o Carleton E. Watkins, entre otros. Un conjunto seleccionado para la exposición La ilusión del Lejano Oeste, en el que, además de pinturas y fotografías, también hay esculturas, mapas y otros objetos como vestidos, pieles, armas, etc.

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Son un total de ochenta y seis piezas reunidas por el comisario del evento, el artista Miguel Ángel Blanco. Parte de ellas proceden de la colección permanente del museo, la única en España que tiene muestras de ese tema (el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza era muy aficionado).

Y a muchos les resultará especialmente interesante -y a no pocos sorprendente- el prólogo dedicado a los conquistadores españoles, que fueron los primeros blancos en pisar aquellas tierras y establecer contacto con las tribus al oeste del río Mississipi. Su testimonio queda registrado en la cartografía, por ejemplo, o en el dibujo de un bisonte hecho en 1598 por el soldado Vicente de Zaldívar.

En el otro extremo cronológico está la iconografía reciente, con carteles cinematográficos, muñecos, juguetes y similares, completados con trece libros-caja del propio Miguel Ángel Blanco correspondientes a su serie escultórica Biblioteca del bosque. Yo no me la perdería; hay tiempo hasta el 7 de febrero.

Más información: Museo Thyssen-Bornemysza