matthew buchinger

La asombrosa historia de Matthew Buchinger, el mago sin piernas ni brazos

La historia y la vida de Matthew Buchinger son ni más ni menos asombrosas, todo un ejemplo de superación desde que era un niño. Nació en Anspach (Alemania) en 1674 en el seno de una modesta familia de nueve hermanos. Sus padres intentaron mantenerlo alejado de los curiosos hasta que llegara a la edad adulta.

El pequeño Matthew padecía una rara enfermedad denominada focomelia, que provoca malformaciones en las extremidades superiores e inferiores, reducidas a muñones. A pesar de ello jamás se consideró un inválido y aprendió a caminar, a realizar todas las tareas diarias, como vestirse o afeitarse a navaja.

Su llegada a Londres en 1716 le sirvió para darse a conocer entre el público como mago, calígrafo o músico. Y una de sus fuentes de ingresos era la venta de barcos en botellas de cristal que el mismo construía.

Buchinger se convirtió en un consumado y polifacético artista. En la capital del imperio británico logró reunirse con el rey Jorge I a quien impresionó, aunque no tanto como el hubiera pretendido. Fue entonces cuando comenzó a actuar para el público en Charing Cross. Tenía muchos problemas físicos pero su mente era tan brillante que parecía imposible que pudiera realizar tal cantidad de acciones. Aún así, se casó cuatro veces y tuvo hasta 14 hijos.

Su llegada a Inglaterra fue en principio como la de un freak, esos monstruos que no eran más que atracciones de feria a las que todos querían ver. Anunciaba que poseía 13 habilidades únicas y las ofrecía por solo 1 chelín por persona.

Practicaba la magia pero también era capaz de repartir cartas, jugar a los dados, cargar y disparar un arma de fuego, tocar varios instrumentos, como la gaita que aprendió en un viaje a Escocia donde también mostró sus capacidades, o realizar ejercicios de caligrafía con una pluma que el mismo había tallado. En muchos casos todo esto lo hacía gracias a unos dispositivos creados por él para poder adaptarlos a su discapacidad.

Al rey le pidió una pensión pero se la denegó, aunque recibió una buena recompensa. Más tarde volvió a solicitarla al Comisionado Palatino pero tampoco la consiguió.

Murió en 1739, a los 65 años, y donó su cuerpo a la ciencia. Parte de sus grabados y papeles están custodiados en la Colección Harleian de la British Library.

Vía: Mental_Floss