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Iconos de Tenerife


Muchos sitios turísticos cuentan con iconos que representan su imagen ante el resto del mundo, haciéndolos rápida y fácilmente identificables. Hay casos muy evidentes en el plano internacional (Nueva York y la estatua de la Libertad, París y la torre Eiffel, Londres y el Big Ben, Atenas y la Acrópolis…), pero también en el nacional (Madrid y la Puerta de Alcalá, Barcelona y la Sagrada Familia, Valencia y la Ciudad de las Artes y las Ciencias, etc).

En ese sentido, cuando hablamos de una provincia o una isla entera se abre el abanico de posibilidades y se multiplican dichos símbolos. Hace poco visité Tenerife y, enumerando a la vuelta, me salió un puñado de imágenes con las que se podría confeccionar un mosaico promocional muy representativo de la variedad de cosas que se pueden encontrar en unas vacaciones insulares, ayudado por Web Tenerife para completar información interesante. Veámoslo.

El Teide

Podría extender su representatividad a España entera, dado que se trata de su techo (3.718 metros de altitud). Pero el Teide está estrechamente ligado a Tenerife no sólo por su ubicación sino porque para sus antiguos pobladores, los famosos guanches, tenía un carácter sagrado, casi totémico, al ser considerado la morada de su dios Guayota, una divinidad maligna cuyo carácter se ponía de manifiesto en las erupciones. Las 7 Cañadas son buena muestra: un cráter de 45 kilómetros de diámetro, resto de una de ellas.

De hecho, y esto lo sabe muy poca gente, el Teide es el tercer volcán activo más alto del planeta, pese a lo cual, como parque nacional volcánico (lo es desde 1954), sólo el Fujiyama lo supera en número de visitantes. Y es que una red de senderos y pistas permite recorrer a pie sus 18.990 hectáreas, aunque también se puede subir mediante un teleférico; eso sí, termina a 163 metros de la cima.

El drago de Icod

Cuando era niño, el drago de Icod era uno de los ejemplos habituales que nos ponían para explicar la longeva edad de los árboles. Lógico, teniendo en cuenta que a este ejemplar se le calculan unos mil años de existencia. Es decir, nació casi con el apogeo del pueblo vikingo, del Reino de León, con las andanzas del Cid y con la Primera Cruzada.

Situado en la bella localidad de Icod de los Vinos y protegido como Monumento Nacional, el drago mide 18 metros de altura y un perímetro de 20 en su tronco, al cual se puede entrar por una puerta y en cuyo interior hay un ventilador para evitar que crezcan hongos. Algo que vuelve algo más prosaica la leyenda que lo identifica con un árbol del jardín de las Hespérides.

Acantilados de los Gigantes

De nuevo fueron los guanches los que llamaron Murallas del Infierno a unos colosales farallones de basalto que se alzan 600 metros sobre el nivel del mar en el extremo occidental de la isla, siendo en realidad una prolongación del macizo montañoso del Teno. Evidentemente, su origen es volcánico y antaño tenían emanaciones de gases y coladas de lava, así que se entiende la denominación indígena.

Esa actividad geológica ha dejado un fondo submarino muy rico, lo que, combinado con la escasa profundidad, supone un paraíso para buceadores. Es más, la mejor forma de llegar y contemplar Los Gigantes es en lancha.

Las pirámides de Güímar

A 26 kilómetros de Santa Cruz encontramos 65.000 metros cuadrados que forman el llamado Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, un lugar creado por el célebre y polémico Thor Heyerdhal para proteger esas 6 raras construcciones escalonadas que él atribuyó a los guanches y que consideraba prueba de la relación de las Islas canarias con la América prehispana.

Sin embargo, lejos de esa teoría que identificaría Güímar con la residencia real de los menceyes locales, los arqueólogos opinan que las pirámides no tienen más de dos siglos y se deban a la limpieza de terrenos de los agricultores para despejar de piedras el suelo cultivable. En cualquier caso, están consideradas Bien de Interés Cultural y resulta un sitio vistoso.

El cañón Tigre

La capital insular tiene su icono más curioso en un cañón, bautizado con el nombre de Tigre, que se conserva en el Museo Militar de Canarias, sito en el antiguo fortín de Almeyda. ¿Qué tiene de interés ese cañón, más allá de su antigüedad? Una pista nos la ofrece la colección que lo rodea: aparte de otras piezas de artillería (entre ellas el enorme Hércules flamenco), una serie de banderas y estandartes británicos que recuerdan el intento de invasión de 1797.

El 25 de julio de aquel año, una flota mandada por el mismísimo Nelson intentó conquistar Santa Cruz, siendo contundentemente rechazada. El prestigioso marino inglés perdió el brazo derecho durante el frustrado desembarco y, cuenta la tradición, el autor del disparo fue precisamente el cañón Tigre. Como decían en la película Fort Apache, «cuando la leyenda rebasa la realidad, imprimimos la leyenda».

El macizo de Anaga

Pues seguimos con leyendas y guanches. El macizo de Anaga le da una vuelca de tuerca a las ideas preconcebidas, sustituyendo el gris y tórrido paisaje volcánico tinerfeño por el verdor húmedo de la vegetación. Barrancos y valles frondosos que ocupan una superficie de 14.418,7 hectáreas y cuya abrupta orografía dificultaba tradicionalmente las comunicaciones, lo que favorecía la aparición de historias sobrenaturales.

Una de ellas es la del Bailadero de las Brujas, un lugar donde se celebrarían aquelarres, cuyos participantes bajarían después a bañarse en la playa homónima. ¿La verdad? Esa zona es pródiga en grutas naturales que los guanches aprovechaban como lugares de enterramiento (se han encontrado muchas momias y pinturas rupestres), entorno propicio para originar ese tipo de historias.

Foto 1: Christian Abend en Wikimedia

Foto 2: Florian en Wikimedia

Foto 3: Diego Delso en Wikimedia

Foto 4: Roosterfan en Wikimedia

Foto 5: Mataparda en Wikimedia

Foto 6: Beneharo Hdez en Wikimedia