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Inventan un hormigón autorreparable hecho con bacterias


Pocos edificios resisten incólumes el paso del tiempo. Tenemos ahí las pirámides egipcias y mesoamericanas o las ruinas más o menos conservadas de otras civilizaciones pero nos falta perspectiva histórica para saber cómo estarán los rascacielos, por ejemplo, dentro de dos o tres mil años. Ahora bien ¿imaginan una construcción arquitectónica o cualquier otra infraestructura que no necesitase mantenimiento porque se autoarreglase sola? Así sí que estaría garantizada su perdurabilidad.

Hace algunos años que se está trabajando en ello, en busca de un material capaz de algo tan sorprendente. Y parece que la solución está próxima con un invento que suena casi a ciencia ficción: el bio-hormigón. Un equipo científico holandés de la Universidad Tecnológica de Delft, liderado por los microbiólogos Henk Jonkers y Eric Schlangen, ha creado un tipo de hormigón capaz de rellenar las grietas gracias a un componente tan anormal como sorprendente: las bacterias.

El verdadero problema de las grietas, según explica Jonkers, está en las fugas de agua que produce y que terminan manifestándose en forma de goteras en su versión más leve o en inundaciones en la más grave. Bueno, no; aún hay otra peor y es el efecto de la humedad sobre los refuerzos de hierro, que pueden corroerse con el correspondiente peligro de derrumbamiento. Es decir, no se trata de una mera cuestión estética sino de un auténtico riesgo para la integridad del edificio y de las personas que lo habitan.

La solución podría pasar por el invento de su equipo, que ha costado tres años sacar adelante. Un material similar a la piedra, seco y duro pero que constituye un inusitado ecosistema para determinado tipo de bacterias (Genus bacillus, en concreto), muy resistente y de gran longevidad. También hay lactato de calcio, fósforo y nitrógeno. Las bacterias se empaquetan en pequeñas cápsulas y se aplican a las grietas; como se alimentan precisamente del lactato de calcio, su actividad provoca una reacción química que crea caliza solidificada e insoluble, rellenando los huecos. Se aprecia en la secuencia de imágenes.

El hormigón normal está compuesto por un aglomerante (generalmente cemento) al que se añaden elementos más pequeños de relleno (grava, gravilla, arena; si no lleva es simple mortero), agua y otros aditivos. En este caso, aditivos vivos. Este bio-hormigón no es mera teoría y ya se ha puesto a prueba en una estación de salvavidas de los Países Bajos. Al parecer, el experimento finalizó con éxito, abriendo la puerta a un futuro lleno de posibilidades.

Vía: CNN