11 ladrones de la mitología clásica

Odiseo frente a Escila y Caribdis, cuadro de Füssli / foto dominio público en Wikimedia Commons

Todo el mundo ha oído hablar de los 40 ladrones, a los que Alí Babá roba parte de su tesoro en el cuento de Las mil y una noches titulado precisamente Alí Babá y los cuarenta ladrones. En esos relatos, al igual que en las tradiciones orales de muchos otros lugares, abundan los personajes que se apropian de lo ajeno. También en la mitología griega y romana. Lo curioso es que muchas veces estos personajes son héroes e incluso semidioses, y el hecho de que sean ladrones es celebrado como una cualidad. Más aun, sus actos entremezclan hazañas y pillajes, sin que sepamos muy bien si clasificarlos como auténticos malvados o todo lo contrario. En definitiva, no son más que un reflejo de la naturaleza humana. Vamos a ver algunos de los más destacados de la mitología clásica.

Autólico

Autólico era hijo del dios Hermes. Fue precisamente su padre quien le otorgó el poder de robar sin ser jamás sorprendido. Algo que seguramente hoy en día estaría muy cotizado en ciertos círculos. El caso es que con tal poder se dedicaba a robar a diestro y siniestro con absoluta impunidad cualquier cosa que se le pusiese a tiro. Más que nada por que podía hacerlo, ya que luego solía regalar a otros lo hurtado.

Autolycus, cuadro de Charles Robert Leslie / foto dominio público en Wikimedia Commons

Como por ejemplo el casco de cuero que Ulises luce en Troya. Autólico se lo había quitado a Amintor. Pero por otro lado debía ser un tipo majo. A Hércules le enseña el arte de la lucha, y tampoco duda en ayudar a su nieto Jasón cuando este se embarca en busca del Vellocino de Oro. Se le apoda El Príncipe de los ladrones.

Caco

Con ese nombre, que precisamente ha dado origen al término popular con se conoce a los ladrones en castellano, uno no esperaría mucho de este personaje. Además de no ser ciertamente agraciado, pues tenía tres cabezas y echaba fuego cual dragón por cada una de sus bocas, era un ladrón realmente estúpido.

Caco robando el ganado de Hércules, grabado de Jordaens / foto dominio público en Wikimedia Commons

Solo así se entiende que se le ocurriese robarle a Hércules un puñado de bueyes (precisamente los que éste le había quitado a Geriones en uno de sus famosos trabajos). El caso es que Hércules no se andaba con chiquitas y acabó con el a peñazos. Por cierto que para colmo Caco tenía una hermana que se llamaba, efectivamente, Caca.

Caribdis

Cuando Hércules pasó cerca del estrecho de Mesina conduciendo los bueyes de Geriones que ya hemos mencionado, esta Caribdis cuyo vicio principal era al parecer la comida, le robó y se zampó algunos de ellos.

Odiseo pasando entre Escila y Caribdis, cuadro de Hiremy-Hirschl / foto Wikimedia Commons

Como castigo por ello Zeus la convirtió en monstruo. Y así le la encontraría Ulises tiempo después cuando andaba ocupado en su Odisea.

Céleo, Layo, Cerbero y Egolio

Estos eran una pandilla de cretenses que idearon un plan para robar la miel de la gruta sagrada del monte Ida, donde Rea había dado a luz a Zeus. Allí seguían estando las abejas que habían proporcionado el alimento para el pequeño dios, e incluso su cuna. Así que lo que se les ocurrió fue recubrirse de láminas de bronce para evitar las picaduras de los insectos.

Celeo, ya transformado en el pájaro del mismo nombre / foto Joao Quental en Flickr

No se sabe muy bien por qué pero a Zeus esto no le gustó demasiado y, al entrar a la cueva las láminas se cayeron dejándolos indefensos. No obstante, no les fue tan mal. Al final Zeus los convierte en pájaros, cada uno de una nueva especie distinta, y se quedan a vivir en la gruta.

Hermes

Ya vimos como Hermes le otorga a su hijo el poder de robar sin ser visto. El tampoco era manco en estos menesteres, de hecho todavía siendo apenas un bebé le roba unas reses nada menos que a Apolo. Éste, con sus dotes adivinatorias, se presenta en casa de Maya, la madre de Hermes, y le reclama el botín. A lo cual Maya responde enseñándole al niño envuelto en pañales.

Hermes atándose la sandalia / foto Ricardo André Frantz en Wikimedia Commons

Al final Apolo le deja que se quede el rebaño a cambio del instrumento que Hermes acababa de inventar, la lira. Pero no acaba ahí la cosa. Hermes inventa otro instrumento, la siringa o flauta de Pan. Apolo también la quiere y accede a darle clases de adivinación. Como negociante no tenía precio Hermes. Y con tal currículo finalmente es ascendido por Zeus al puesto de heraldo personal.

Macareo

Este Macareo era un sacerdote de Dioniso en la ciudad de Mitilene. Antiguamente los templos servían también como los actuales bancos, ya que era donde se guardaba el dinero y los tesoros. Y los sacerdotes eran al mismo tiempo una especie de banqueros guardianes. Pues bien, Macareo viendo todo el oro depositado en su templo, se negó a devolvérselo a su legítimo dueño, lo que hoy llamaríamos suspensión de pagos. Al final, tras una serie de sucesos trágicos acabaría matando a su esposa, que a su vez había matado a su hijo, el cual también había matado a su hermano. Macareo se quedó sin familia pero con un montón de oro.

Tántalo

Tántalo era hijo de Zeus y reinaba con comodidad en Frigia o Lidia. El caso es que no le faltaban las riquezas ni las diversiones en abundancia. Vamos, que vivía bien. Los dioses le invitaban a sus banquetes y le hacían la pelota. Pero cometió un error. Robaba néctar y ambrosía de la mesa de los dioses y se la daba a sus amigotes humanos.

Tántalo, cuadro de Assereto / foto dominio público en Wikimedia Commons

El castigo se cuenta de diferente forma según las fuentes, pero básicamente consistió en una tortura que le impedía beber del agua en que estaba sumergido, mientras una enorme roca se mantenía a duras penas en equilibrio sobre su cabeza.

Agamedes

Agamedes era arquitecto, con fama de gran habilidad, lo cual le reportó muchos trabajos a lo largo de toda Grecia. Cuando el rey de Hiria le encargó un edificio para guardar su tesoro, a Agamedes se le ocurrió instalar un backdoor. Una piedra móvil que se podía apartar fácilmente para acceder al interior. Así que por las noches, junto con su cómplice Trofonio, se dedicaba a sacar a hurtadillas lo que podía del tesoro del rey. Una vez descubierto fue el mismo Trofonio el que le cortó la cabeza, más que nada para que no pudiera delatarle.