Descubriendo Briviesca y la comarca de La Bureba

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Cúpula del monasterio de Santa Clara/Imagen: Arroyito en Wikimedia Commons

Si son tiramillas, o sea, aficionados a coger el coche y recorrer por cuenta propia puntos de la extensa geografía peninsular parando aquí y allá, ahí va una sugerencia poco común: La Bureba. Se trata de una comarca situada en el nordeste de la provincia de Burgos, puente entre la meseta castellana y la cornisa cantábrica y, por tanto, con elementos de una y otra: algo de verde en el paisaje junto al característico aspecto seco, montañas rodeando grandes llanuras y páramos…

Regada por ríos minúsculos como el Homino, el Oroncillo, el Oca y el Tirón al Ebro, algunos de ellos han excavado desfiladeros como el de Pancorbo, donde se sitúa el llamado Corredor de La Bureba, paso ancestral que comunicaba la región ya desde la Prehistoria. De hecho, no es casualidad que allí se encuentre Atapuerca y que a aquellos primitivos pobladores les siguieran luego otros como los autrigones. Éstos, probablemente de origen céltico -posteriormente rebautizados várdulos-, tuvieron su capital en Briviesca.

Fuero de Briviesca/Imagen: Raimundo Pastor en Wikimedia Commons

Briviesca está en pleno cruce de caminos, entre Madrid y la frontera francesa, a sólo cuarenta kilómetros de Burgos y rodeado de multitud de pueblos menores que pueden ser carne de turismo en las condiciones propuestas al principio del post. Lo facilita su red de carreteras comarcales, heredera de la romana; por algo allí confluían la Vía Aquitania y la que enlazaba Hispania con Roma (por cierto, hoy recuperada para los visitantes).

En realidad, Briviesca no ofrece al curioso únicamente su pasado antiguo. También es importante el medieval, especialmente desde que Alfonso VII le otorgase el primer fuero de la provincia burgalesa en el año 1123 (posteriormente confirmado por Fernando IV en 1299). En el siglo XIV, la villa pasó a ser propiedad de Blanca de Portugal (nieta de Alfonso X el Sabio), quien la reconstruyó en su ubicación actual. Lo hizo siguiente pautas urbanísticas racionales, anómalas por entonces, de ahí que Isabel la Católica erigiese el campamento de Santa Fe (Granada) siguiendo su modelo y por eso también ambos sitios están hermanados.

Colegiata de Santa María/Imagen: José Luis Sagredo en Wikimedia Commons

Por un breve tiempo, Briviesca fue capital del reino al acoger la celebración de las Cortes de Castilla en 1387, lo que, unido a todo lo descrito, convierte la ciudad (pese a que no llega a siete mil quinientos habitantes, lo es desde que así se lo concedió la reina regente María Cristina en 1894) en un destino de interesante potencial turístico. Entre los edificios religiosos hay que destacar la iglesia de San Martín (plateresca) y la excolegiata de Santa María (neoclásica), mientras que en arquitectura civil cabe citar la Plaza Mayor (con su quiosco de principios del siglo XX), la casa palacio de los Martínez-España (barroca), el palacio de los Torre (siglo XVII), el de los Soto Guzmán (XVII) y, la casa de los Salamanca.

Mención aparte para el conjunto monumental de Santa Clara, compuesto por iglesia (atención al fantástico retablo manierista-romanista, en la foto inferior), casa solariega, monasterio y hospital, todo ello levantado en el siglo XVI y hoy declarado Monumento Nacional. También para el hospital de Nuestra Señora del Rosario, que tiene un bello claustro herreriano y actualmente alberga dependencias municipales.

Parte central del retablo de Santa Clara
Parte central del retablo del monasterio de Santa Clara/Imagen: José Luis Sagredo en Wikimedia Commons

Si quieren visitar todo esto, una buena fecha podría ser en mayo porque el día 9 tiene lugar la festividad de Santa Casilda, con una romería en honor de la que es patrona de la localidad, o del 15 al 16 de agosto, típicas fiestas patronales en honor de Nuestra Señora y San Roque. También podría ser el 19 de marzo, cuando llega la Feria de San José (también llamada Feria de los Novios porque se antes se aprovechaba para pactar matrimonios).

Son algunas ideas pero la verdad es que cualquier momento es bueno. Al fin y al cabo, allí esperan no sólo las maravillas descritas sino otras muchas de las rutas por los alrededores (santuario de Santa Casilda, Poza de la Sal, Oña, Frías, Pancorbo…), además de la espléndida gastronomía (almendras garrapiñadas, cordero, cuajada, morcilla, etc), ensalzada mediante jornadas ad hoc como la Rogativa de la Tabera (paella popular y un juego de tabas), el Día del Choricillo (degustación en grupo de la los productos de la matanza, en Carnaval) y el Día de la O (una especie de prólogo a la Navidad).