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El lugar donde el tiempo discurre hacia atrás


El tiempo pasa inexorablemente, nunca se detiene. Pero según una nueva teoría no lo hace en todos los sitios en la misma dirección. Un experimento llevado a cabo por científicos de la Universidad de Oxford para recrear el Big Bang y el nacimiento del Universo sugiere que al mismo tiempo que el nuestro se creó un universo paralelo, pero en el cual el tiempo discurre en sentido contrario, es decir, hacia atrás.

Este experimento soluciona uno de los problemas clave de la teoría física: que todas sus leyes fundamentales, como la relatividad y la gravedad funcionaria también si el tiempo discurriera en dirección contraria. Y es que al recrear el modelo del nacimiento del Universo, es posible hacer que tiempo fluya en ambas direcciones.

Su teoría es que la entropía, la fuerza del Universo que hace que tienda a estar más desordenado según avanza el tiempo, también funciona al contrario. Dado que el universo comenzó siendo algo ordenado y se fue desordenando, lo mismo ocurrió con el tiempo. No obstante, esto es difícil de comprobar.

Hace más de cien años Boltzmann ya sugirió que nuestro universo visible podría ser una simple fluctuación estadística y temporal de baja entropía, que afectaría a una pequeña porción de un sistema de equilibrio mucho mayor. En el nuevo experimento se encontró un estado de baja entropía análoga a la teorizada por Boltzmann, pero en este caso no fue necesaria ninguna fluctuación estadística para explicar dicho estado. En su lugar, se dedujo de simples leyes físicas que no dependen explicitamente de la dirección del tiempo.

El hecho de que pensemos que el tiempo solo se mueve en una dirección es porque sólo podemos ver la mitad del Universo y no el panorama completo, donde entraría el supuesto universo paralelo.

Hace unos días publicamos un post en el que explicamos porque el tiempo pasa más deprisa en la cima del Everest que al nivel del mar, por efecto de la gravedad. Así que teniendo en cuenta eso, no parece una teoría tan descabellada.

No obstante, falta mucho para llegar a una conclusión definitiva, aunque las nuevas evidencias ponen sobre la mesa un intrigante y apasionante nuevo punto de vista. El estudio se publicó el pasado octubre en Physical Review Letters.

Foto por ksyz