Un mapamundi del canibalismo

Un mapamundi del canibalismo

El canibalismo sigue siendo uno de los tabúes más fuertes de las sociedades modernas, pero que la visión actual no deforme la realidad histórica: fue común y generalizado en muchas más culturas y civilizaciones de lo que creemos, que lo practicaban por diversas razones rituales y culturales, aunque otra teoría -muy discutida y cada vez más en regresión- pone otra más poderosa de fondo, la insuficiencia de fuentes de proteínas para su dieta.

En realidad la palabra exacta debería ser antropofagia, ya que caníbal es una derivación de caribe, el término con que se conocía a una etnia que habitaba las Antillas cuando llegaron los españoles y que, según contaron éstos, sembraba el terror entre otros pueblos, como los taínos. De hecho, los aztecas también devoraban los cuerpos de las víctimas que sacrificaban, repartiendo la carne entre la nobleza y los guerreros que capturaron a las víctimas.

Pero lo que era una espantosa novedad para los conquistadores, que también se la encontraron en otros puntos del continente (desde muchas tribus anasazi del norte a los fueguinos y mapuches del extremo sur pasando por quechuas, guaraníes e indios amazónicos), quizá no debería serlo tanto si hubieran podido mirar atrás y recordar en el inconsciente colectivo al Homo antecessor, que dejó numerosas pruebas de esa costumbre en Atapuerca. O, simplemente leyendo La Biblia, la amenaza de Dios a los israelitas en caso de desobediencia (comer a sus hijos).

En fin, que si miramos el mapa de arriba descubriremos que el canibalismo se extendió por casi todo el mundo: en verde, las zonas tradicionales y en rosa las actuales. Aunque no se fíen con lo de actuales porque se trata de una edición de principios del siglo XX hecha por el austríaco A. Hartleben que peca de cierto egocentrismo, entendiendo por tal la supremacía occidental; por tanto excluye a Europa de algo que, como decía antes, sí practicó en la Prehistoria, aparte de otros momentos puntuales.

Me refiero a hambrunas por causas bélicas, como en ciudades sitiadas por ejemplo (es conocido el caso de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, cuando hubo una especie de sórdido mercado negro de carne humana, el de tropas japonesas en el mismo conflicto o el de China durante su guerra civil), a situaciones extremas (como la del famoso accidente aéreo de Los Andes, en el que los supervivientes no tuvieron más remedio que recurrir a los cuerpos de sus compañeros fallecidos) o a las noticias eventuales sobre crímenes de psicópatas.

Pero el canibalismo que ilustra el mapa es otro, evidentemente. Y observamos que si los últimos territorios donde se practicó fueron Australia, Nueva Guinea y la cuenca del río en el África Central (de hecho en algunos de estos sitios se ha dado algún caso esporádico -anómalo, todo hay que decirlo- incluso en la actualidad), antaño también lo había en casi toda América (incluida Groenlandia), Siberia, Tibet, Borneo, Nueva Zelanda y varios archipiélagos del Pacífico.